El sector ovino llega al año 2026 con el stock más bajo de su historia moderna, pero con una combinación de señales de precios que no se veía desde hace años, ya que la lana acumula una suba de más del 50% interanual en lo que va de la zafra actual, la carne ovina suma un 40% de incremento en sus valores de exportación, y los técnicos del sector comienzan a hablar (con cautela) de una posible estabilización después de tres décadas de caída casi ininterrumpida.
El análisis fue desarrollado por la economista de Exante, Delfina Matos, en una entrevista para el programa En Perspectiva de Radio AM 1170. Uruguay llegó a tener unos 25 millones de ovinos en los años 90 y, desde entonces, fue descendiendo de forma casi ininterrumpida. Por ejemplo, el conteo a junio de 2025 registró 4,8 millones de cabezas, según las declaraciones juradas a la Dirección de Contralor de Semovientes (Dicose), es decir, menos de una quinta parte del stock máximo histórico y el piso más bajo que ha tocado el sector.
La producción de lana se redujo más del 60% en lo que va del siglo, o sea, de unas 60.000 toneladas anuales de lana sucia a unas 20.000 toneladas el año pasado. Las exportaciones de tops, el producto de mayor valor agregado de la cadena lanera, pasaron de unas 40.000 toneladas en promedio en los años 90 a menos de 10.000 toneladas en los últimos años, y su participación en las exportaciones totales del país cayó de más del 5% a menos del 1%. Como contrapartida de la desindustrialización de la cadena, en los últimos años se exportó más lana sucia sin procesar que en períodos anteriores.
¿Qué causó el colapso?
El factor estructural más determinante fue global: las fibras sintéticas fueron ganando espacio y sustituyendo a la lana en múltiples usos textiles, lo que deprimió la demanda mundial y hundió los precios internacionales durante años. "Para muchos productores, el negocio dejó de ser atractivo y rentable", explicó Matos. La caída del stock ovino es un fenómeno compartido por todos los países productores, aunque Uruguay lo sintió con particular intensidad dado el peso histórico que la cadena lanera tuvo en su economía agropecuaria.
A ese trasfondo global se sumaron factores locales: problemas de competitividad, dificultades de manejo productivo y los ataques de predadores, una preocupación recurrente que el sector nunca terminó de resolver de manera sistemática.
El giro de precios: lana y carne en niveles que no se veían desde 2019
El Indicador de Mercados del Este, la referencia australiana más seguida por el mercado lanero global, mostró una recuperación sostenida desde los valores deprimidos de años anteriores: subió 4% en la última zafra cerrada en octubre y acumula más del 50% de incremento interanual en lo que va de la zafra actual, alcanzando los niveles más altos desde 2019. En lanas gruesas, más relevantes para la producción uruguaya, los números son aún más contundentes: la lana de 28 micras en Australia subió 20% en la última zafra y acumula un 80% interanual en el ciclo en curso, aunque partiendo de valores históricamente muy reducidos.
Esa mejora internacional se está trasladando al mercado local. Los precios de la lana sucia en Uruguay se ubican en torno al 50% por encima de los valores de un año atrás, y los precios de exportación de tops y lana lavada registran subas del orden del 35%.
El capítulo cárnico suma otro elemento positivo al cuadro, porque en 2025 los precios de exportación de la carne ovina subieron cerca del 50% tras varios años a la baja, y en lo que va de 2026 acumulan una suba adicional de cerca del 40% interanual, alcanzando valores históricamente elevados. Esta doble mejora, lana y carne simultáneamente, no tiene precedentes recientes en el sector.
El negocio ovino de hoy no es el de los años 90
Un dato de contexto que Matos subraya es que la estructura del negocio ovino cambió profundamente. Si hace tres décadas la lana era el motor dominante de la rentabilidad del rubro, hoy la carne ovina tiene un peso creciente en muchos sistemas productivos. Ese cambio en la ecuación económica hace que la mejora de precios cárnicos sea especialmente relevante para la viabilidad del sector en el corto plazo, más allá de la evolución de la lana.
"Creemos que todavía es pronto para hablar de un cambio de tendencia en el sector ovino uruguayo", advirtió la economista. Lo que sí aparece como posible es un freno en la caída de las existencias ovinas, algo que en sí mismo constituiría una señal positiva después de tanto tiempo de retroceso prácticamente continuo.
El negocio lanar global cambió de forma permanente, el sector sigue enfrentando problemas de escala y competitividad, y el stock va a permanecer en niveles históricamente bajos por un tiempo prolongado, muy lejos de los registros de otras épocas. "Hoy más que hablar de una expansión fuerte del rubro, podemos hablar de una estabilización. Pero después de muchos años muy complejos, el hecho de que aparezcan mejores precios y expectativas más favorables es una noticia relevante para la cadena ovina uruguaya", concluyó Matos.
Para el mercado financiero y el sector agropecuario en su conjunto, la lectura es la de un rubro que tocó su piso histórico y que, por primera vez en años, tiene argumentos de precio para detener la sangría. Si la mejora de precios se sostiene y se traduce en decisiones de retención y reposición de vientres en los próximos ejercicios, el sector podría escribir en 2026 o 2027 el primer capítulo positivo de su historia contemporanea.