4 de mayo 2023 - 13:33

La pérdida de competitividad desvela a los empresarios aunque avalan la gestión de Lacalle Pou

Exante consultó a 300 ejecutivos del país sobre las perspectivas económicas para el año: el control inflacionario fue destacado, pero al atraso cambiario creció como aspecto negativo.

Para el sector empresarial, la pérdida de competitividad es uno de los mayores obstáculos de la economía uruguaya.

Para el sector empresarial, la pérdida de competitividad es uno de los mayores obstáculos de la economía uruguaya.

Foto: Freepik

Las perspectivas económicas para el segundo semestre del año y el primero del 2024 son menos optimistas en el sector empresarial, optando por una percepción más neutral del futuro económico inmediato en Uruguay, según la última Encuesta de Expectativas Empresariales elaborada por la consultora Exante. La pérdida de competitividad es señalada como el aspecto más preocupante en el ámbito de negocios.

Uruguay atraviesa un momento en el que se intercalan las buenas y malas noticias en materia económica: por un lado, la posibilidad de un Tratado de Libre Comercio (TLC) bilateral con China parece cada vez más lejana y las expectativas de crecimiento para el país siguen recortándose en un contexto en el que la economía ingresó en una recesión técnica; por el otro, la calificadora Standard & Poor’s (S&P) elevó el grado crediticio de Uruguay a BBB+, la nota más alta otorgada por esta agencia al país, y se espera que otras grandes instituciones como Moody’s y Fitch también mejoren su calificación para el país.

En este escenario es que se publicó la última Encuesta de Expectativas Empresariales de Exante, la cual dio cuenta de que se mantiene una “percepción excepcionalmente favorable del clima de negocios”, con un 89% de los 300 ejecutivos consultados calificándolo como “bueno” o “muy bueno”.

Sin embargo, la valoración sobre la evolución reciente de la economía resultó menos positiva que en los relevamientos previos, aunque menos de un 20% de los consultados consideró que la situación económica es peor que hace un año. En este sentido, las respuestas tendieron hacia la neutralidad, con un 46% advirtiendo que la situación económica se mantuvo “igual”.

Asimismo, y en línea con la gran mayoría de los análisis económicos para el país y la región, los empresarios “bajaron significativamente las perspectivas de crecimiento del PBI para este año y también se moderaron en un horizonte de mediano plazo”. De esta forma, la mayoría (40%) señaló que el crecimiento será de entre un 1% y un 2%, seguidos por la percepción de que será del 2% al 3% (31%). La proyección para 3 o 4 años en adelante bajó del 2,7% del PBI al 2,3%.

En cuanto a las perspectivas de inflación de los ejecutivos para el cierre de 2023 y 2024, éstas se ubicaron en 7,6% y 7,1%, respectivamente, en promedio.

Evaluación de la gestión

El manejo de la inflación es uno de los puntos más destacados por los empresarios consultados por Exante en esta última edición. De hecho, en la encuesta se puede observar que las perspectivas de una inflación superior al 8% para el año próximo descendieron del 54% en octubre del 2022 al 19% en el último relevamiento. Asimismo, creció la proporción de ejecutivos que piensa que la inflación estará dentro del rango meta (6%) en 3 o 4 años, de 18% a 32%. El 69% consideró como “buena” la gestión del gobierno en este ámbito.

En términos de la evaluación general, la percepción sobre la gestión del gobierno encabezado por Luis Lacalle Pou se mantuvo estable en un rango sumamente positivo del 78% de aprobación. El balance es favorable en casi todas las áreas de gestión; si bien la inserción externa y la competitividad internacional fueron los aspectos con mayor deterioro en la evaluación.

La pérdida de la competitividad, un punto de preocupación

La pérdida de competitividad internacional fue el punto de mayor preocupación entre los señalados por los empresarios. La problemática del atraso cambiario —presente en las mesas de discusión de los sectores industriales y exportadores del país desde diciembre del año pasado— se vio reflejada en la encuesta de Exante como uno de los aspectos peor evaluados del gobierno, con un saldo negativo y un 30% de los consultados considerando el accionar de las autoridades en esta materia como “mala”, y un 41% como “regular”.

En este sentido, también creció la mejora de la competitividad vía tipo de cambio como uno de los asuntos que el gobierno debería priorizar. En 2015, el porcentaje de empresarios que consideraba el dólar como un asunto prioritario era del 15%, en octubre del 2022 fue del 20% y, en esa edición, la cifra escaló al 39%.

Mientras tanto, las expectativas sobre la evolución del tipo de cambio revelaron un ajuste a la baja sobre la cotización esperada para la moneda estadounidense para el cierre de este año. El promedio para el sector empresarial se ubicó en 42 pesos —con aproximadamente un cuarto de los respondientes situándolo por debajo de los 41 pesos. En la edición anterior, el sector preveía un dólar a 43,8 pesos, para fines del 2023.

Esta proyección de un dólar menos fortalecido coincide con la Encuesta de Expectativas Económicas del Banco Central del Uruguay (BCU), en la cual el mercado corrigió a la baja la cotización local del dólar para este año. La mediana fue de 41,30 pesos, frente a una mediana de 41,50 pesos que proyectaba en marzo. A su vez, el promedio esperado cayó aún más, desde los 41,50 pesos hasta los 41,28 pesos.

Otro punto interesante de la encuesta de Exante fue la consideración por parte de los empresarios de que el crecimiento del salario real es uno de los principales condicionantes del incremento de empleo, cuyos indicadores volvieron a mostrar un retroceso en marzo, con una cifra de desempleo que alcanzó el 8,6%, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Según el estudio de la consultora, las perspectivas de un aumento en la contratación es menor que las expectativas de rentabilidad, producción e inversión que, salvo en el primer caso —en el cual la espera de un aumento bajó al 35%, aunque se mantiene en un saldo positivo—, se muestran optimistas en cuanto a crecimiento.

Una contradicción inherente

En las percepciones del sector empresario es difícil no advertir una contradicción: la valoración positiva del control inflacionario del gobierno va de la mano con la creciente preocupación por la pérdida de competitividad. La aparente incoherencia subyace en que la medida detrás de ambas situaciones es la misma: la política monetaria del BCU.

En este sentido, la autoridad monetaria del país utilizó la suba de la Tasa de Política Monetaria (TPM) como principal herramienta para controlar la inflación, a costa de la valorización del peso por sobre el dólar y, por lo tanto, también de la competitividad de la economía uruguaya en el mundo. Con la última disposición de bajar las tasas, el efecto esperado es el contrario: una búsqueda del equilibrio cambiario en detrimento del control inflacionario en los próximos meses.

Al respecto, Tamara Schendy, socia de Exante, consideró en diálogo con Ámbito.com que “la política económica hoy cuenta con escaso margen para perseguir simultáneamente todos sus objetivos (bajar la inflación a la meta, cuidado de la competitividad, recuperación del salario real, reducción adicional del déficit fiscal) y que probablemente va a terminar sacrificando al menos parcialmente alguno de ellos”.

En ese sentido, lograr que la inflación alcance el rango meta de forma sostenible “va a ser costoso y no se logrará solamente a fuerza de la política monetaria”, sino que “las pautas que fije el Poder Ejecutivo como lineamiento para los Consejos de Salarios van a ser un elemento clave para la conformación del panorama de inflación de este año y el que viene, así como para la conformación de expectativas”.

Teniendo en cuenta esto, desde Exante consideran que la contradicción entre competitividad e inflación podría verse resuelta parcialmente con el salario real como factor bisagra: “A nuestro juicio, el gobierno debería contemplar una moderación del incremento nominal de los salarios aprovechando la caída reciente de la inflación. Eso debería aliviar el trabajo de la política monetaria y dejar espacio para algunos descensos adicionales de la TPM. La política monetaria seguramente seguirá teniendo un signo contractivo en los próximos 18 meses (tasas reales positivas y superiores a la natural), pero entendemos que probablemente veamos un aflojamiento respecto a lo visto en los últimos meses y por ende esperaríamos que ceda también la presión sobre el tipo de cambio”.

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