La discusión sobre la reducción de la jornada laboral, uno de los temas centrales de la agenda del PIT-CNT y del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), acaba de revelar una fractura profunda en el frente empresarial y un choque abierto entre el Poder Ejecutivo y las principales cámaras del sector privado.
La reducción de la jornada laboral fractura al empresariado y enfrenta al gobierno con las cámaras industriales
Desde el MTSS se mostraron sorprendidos por la negativa de cuatro de seis representantes patronales a integrar la comisión tripartita.
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El MTSS mira de cerca la experiencia de Chile, que aplicó una baja gradual del horario laboral hasta llegar a las 40 horas.
Lo que debía ser el inicio ordenado de un diálogo tripartito derivó la semana pasada en una escena inédita en el Consejo Superior Tripartito (CST): cuatro de los seis representantes patronales se negaron a integrar la comisión que analizará la reducción del tiempo de trabajo, mientras que dos (transporte y construcción) expresaron disposición a participar. "Se quebró la unidad", admitió una fuente del sector empresarial al medio Búsqueda.
El subsecretario del MTSS, Hugo Barretto, dijo a Búsqueda que le resultó "llamativo la negativa a dialogar sobre el tema, porque significó una especie de negación a tener un mínimo gesto de diálogo". Además, dijo: "Me sorprendió porque entiendo que el tema es motivo de discusión en casi todos los países y es absolutamente legítimo que las distintas organizaciones o representaciones, ya sea del trabajo o del mundo empresarial, puedan tener opiniones distintas".
"Todas las instancias que vamos a promover desde este proceso, instancias de participación, de escucha, de diálogo, continúan abiertas", señaló Barretto y luego defendió la lógica del diálogo tripartito incluso en la discrepancia: "El diálogo social y tripartito es más importante cuando no se está de acuerdo. El verdadero desafío y función de la deliberación resulta de cuando estamos en opiniones distantes y aun contradictorias".
Lo que más incomodó al MTSS, según el Barreto, fue que se quedó "sin saber cuál es la razón" de la negativa. No fue por descuido, la decisión de no fundamentar el rechazo fue deliberada y conversada entre las cámaras en los días previos al CST.
Las voces del empresariado: razones distintas, mismo resultado
Los argumentos de quienes se negaron a participar, muestran una diversidad de diagnósticos que confluyen en la misma posición práctica.
Pablo Durán, representante empresarial en el CST por la Cámara Nacional de la Alimentación (CNA), fue el más explícito en la lógica jurídico-política del rechazo y alegó que integrar una comisión "no es algo neutro o meramente protocolar" y que participar podría interpretarse como "una aceptación implícita de discutir mecanismos orientados a reducir la jornada manteniendo intacto el costo laboral", sobre lo cual el empresariado tiene "objeciones sustanciales desde el punto de vista económico, productivo y de competitividad".
Además Durán sostuvo que la coyuntura actual, marcada por "grandes dificultades para muchas empresas, no resulta compatible con la promoción de iniciativas" que impliquen aumento de costos.
Leonardo García, presidente de la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU), fue aún más terminante en sus declaraciones: "Desde hace bastante tiempo que el sector viene muy golpeado, y no está en este momento en condiciones de discutir la reducción de la jornada laboral. Estamos con serios problemas de competitividad, de productividad, de crecimiento, de cierre de empresas. En esta coyuntura internacional, que también genera un montón de incertidumbres, sentarnos a hablar sobre cómo implementar la reducción de la jornada nos parece que es malo para el país, no solo para el sector fabril".
García fue más lejos aún al plantear que incluso el inicio del debate tiene un costo: "Solo el hecho de empezar a discutir el asunto es perjudicial para las inversiones, para el panorama de los empresarios, para generar mucha incertidumbre y acrecentar los problemas", declaró a Búsqueda.
Para el titular de la CIU, participar de la comisión equivaldría a ir para "trancar", porque lo que se pretende es implementar algo en lo que no están de acuerdo. A su juicio, la discusión en el ámbito apunta a definir el "cómo" de la reducción y no el si es viable para Uruguay.
Los que sí se sientan: construcción marca la diferencia
Del otro lado de la fractura empresarial, Alejandro Ruibal, presidente de la Cámara de la Construcción, explicó: "Preferimos ir, participar, argumentar y marcar la posición". La gremial resolvió estar disponible y compartir su punto de vista con una visión amplia e integral, empezando por la productividad laboral.
Barretto, por su parte, destacó que la resistencia "no fue generalizada" y que una de las cámaras que acepta dialogar dejó en claro que "la participación en ese diálogo no implica la aceptación de una eventual propuesta concreta de reducción de la jornada".
García aportó una clave analítica para entender la fractura: "Hay una gran diferencia entre los transables y los no transables". La industria, expuesta a la competencia internacional, con márgenes ajustados y sensible al tipo de cambio, ve la reducción de la jornada como un encarecimiento del costo laboral que erosionaría su competitividad frente a proveedores del exterior. La construcción y el transporte, sectores no transables por definición, operan en mercados domésticos donde ese diferencial de costo no los expone de la misma manera a la competencia externa.
El marco político y el camino por delante
El ministro del MTSS, Juan Castillo, había anunciado en abril la intención de abordar el tema de manera tripartita, y en el último Día de los Trabajadores fue explícito: "Esta discusión es la misma que el movimiento obrero dio en el siglo XIX, hoy en una forma nueva. No la vamos a eludir". El MTSS trabaja en dos carriles paralelos: el diálogo con actores sociales y la construcción de insumos técnicos con la academia, en contacto con la OIT y recogiendo la experiencia chilena de reducción gradual hacia las 40 horas semanales.
El PIT-CNT, por su parte, formará su propia comisión sectorial con apoyo de la Universidad de la República (Udelar). Las cámaras, en tanto, aspiraban a que la discusión vinculara jornada y productividad como un "ancla" conjunta, pero ese vínculo fue "desglosado" y la productividad quedará enmarcada en una estrategia de desarrollo nacional coordinada por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP).

