Los aranceles de Donald Trump entraron en vigor este jueves, con un recargo del 10% para las exportaciones de Uruguay que supone la tarifa base aplicada a nivel mundial y abre una pregunta de cara al futuro: ¿puede ser una ventaja directa estar en el lote de países con el gravamen más bajo o son más los riesgos de que la escalada proteccionista afecte el crecimiento y la inversión?
Los aranceles de Donald Trump le abren a Uruguay un camino con más riesgos que oportunidades
La tarifa de 10% puede resultar beneficiosa en términos comparativos, pero la escalada proteccionista anticipa un sendero sinuoso para las exportaciones.
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Los aranceles de Donald Trump abren un camino sinuoso para las exportaciones de Uruguay.
En ese análisis se suma la importancia que tendrá en adelante la diversificación de mercados, persiguiendo la firma de acuerdos no sólo a nivel Mercosur, sino también de forma bilateral, sumado a las cuestiones internas que atentan contra el objetivo de una mayor competitividad.
Otro aspecto a tener en cuenta es la fuerte carga para un socio comercial relevante como Brasil, que en medio del juicio que se le sigue a Jair Bolsonaro por su presunta participación en un intento de Golpe de Estado, tendrá un arancel del 50%, el más elevado junto al de India, tras la nueva tanda anunciada este miércoles por la compra de petróleo a Rusia.
Proteccionismo e inversión a mediano plazo, riesgos para los exportadores
La presidenta de la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU), Carmen Porteiro, admitió en diálogo con Ámbito que la tarifa base “nos deja en una posición más cómoda en relación a otros países en términos relativos, al menos en el corto plazo”, aunque lo minimizó al llamar a “estar atentos a cómo se mueven los distintos países en el actual contexto”.
En esa línea, indicó que “para un país con un mercado interno pequeño, las tendencias proteccionistas implican menores posibilidades de crecimiento a través de la exportación, con reducciones en las tasas de crecimiento” y llamó a mirar los efectos de mediano plazo, como un menor ingreso de capitales.
“Para Uruguay es clave la inversión, tanto local como extranjera, para el aumento de su capacidad de producción y posterior derrame en incremento de exportaciones. Estas decisiones también se ven impactadas por las condiciones geopolíticas, además del clima local para hacer negocios”, analizó.
Deterioro de la economía global y sus impactos indirectos en Uruguay
El gerente de Exante y especialista en temas de coyuntura internacional, Mathías Consolandich, coincidió en el análisis al anticipar “un nivel de proteccionismo en Estados Unidos significativamente mayor al que primó en las últimas décadas” y explicó que esto “encarece insumos, interfiere en cadenas globales de valor y reduce la eficiencia, perjudicando el comercio mundial y la dinámica de crecimiento global”.
Por eso, al analizar los ecos a nivel nacional, vaticinó que no espera “impactos directos significativos sobre la actividad económica”, pero sí anticipó “mayores riesgos ante el deterioro del contexto global”.
Entre los impactos indirectos sobre la economía, Consolandich mencionó “un aflojamiento de la demanda externa o un deterioro en el precio de las materias primas”, junto con el riesgo de que un socio comercial relevante como Brasil “tenga un peor desempeño” ante los aranceles del 50%, aunque recordó que el país que conduce Lula da Silva “es una economía relativamente cerrada y su sector externo contribuye comparativamente menos al crecimiento que en otros países”.
Una oportunidad para la carne bovina
El referente de Exante señaló que “en contextos de distorsiones pueden abrirse algunas oportunidades sectoriales”, más allá de las eventuales reducciones de las “desventajas arancelarias en ciertos mercados”.
En ese sentido, puso el foco en la carne bovina. “Los aranceles a Brasil pueden abrir una oportunidad para el sector cárnico, porque es un proveedor relevante para Estados Unidos, representando el 13% de sus importaciones de carne, con unas 194.000 toneladas) y queda prácticamente fuera de mercado”, observó, anticipando que “eso puede implicar una oportunidad de mayor colocación para la industria frigorífica en un mercado que paga precios muy elevados”.
Más cauta se mostró Porteiro, quien compartió que el arancel total del 76,5% para la carne brasileña obligará a ese país a “redireccionar, renegociar y buscar alternativas”, pero aclaró que “el nivel de volatilidad es tan alto que sería arriesgado adelantar una conclusión, por lo que el resultado final es incierto”.
El efecto Brasil
Para la presidenta de la UEU, lo que suceda con Brasil tras la imposición de los aranceles es vital, debido a que es el segundo destino de las exportaciones, superado únicamente por China. “Un escenario con menor crecimiento de Brasil, podría resentir sus importaciones de productos uruguayos”, advirtió.
A eso le sumó que “el anuncio de los aranceles ya generó una depreciación del real, que hace más competitivas las exportaciones de Brasil y encarece las de Uruguay en términos relativos, incluyendo el impacto sobre el turismo”, por lo que apuntó que “habrá que seguir de cerca la evolución del real de aquí en más”.
La búsqueda de acuerdos comerciales y una mayor competitividad
Finalmente, Porteiro consideró que el nuevo panorama global “reafirma la necesidad de continuar trabajando en el acceso a nuevos mercados” y pidió hacerlo “en un sentido amplio, ya sea a través de la firma de acuerdos comerciales o levantando barreras sanitarias, técnicas o logísticas”, incluyendo profundización de convenios vigentes “como ya se ha anunciado con Perú por ejemplo, ampliando la cobertura de productos o incorporando nuevos temas”.
La referente de los exportadores consideró que “cuanto mayor sea la diversificación de nuestros mercados, mejor parados nos encontraremos” y lamentó que “todavía estamos rezagados frente a importantes competidores como Australia o Nueva Zelanda”, poniendo el foco en mercados como India y el sudeste asiático.
Al mismo tiempo, consideró que es necesario “reforzar el foco sobre los costos de producción, la conectividad, los costos logísticos, puntos que impactan a la salud de las empresas y a las decisiones de inversión”, como drivers para una mayor competitividad.
En tanto, Consolandich consideró que la situación global “puede motivar al resto del mundo a ser más proclive a avanzar con acuerdos comerciales que Uruguay tiene pendientes, como el caso del Acuerdo Mercosur-UE o negociaciones con países asiáticos”, algo que consideró que “mitigaría el impacto de los aranceles”.
De todos modos, observó “un problema intrínseco”, al señalar que “en tanto Brasil no quiera que celebremos acuerdos comerciales con otras zonas, es difícil que los otros países quieran negociar con un país tan chico como Uruguay”.




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