—¿Puede afectar también el hecho de que algunos países de la región hayan fortalecido su posición para atraer inversiones?
—Uno ve los números y hay cuatro países en Latinoamérica que destacan. Obviamente Uruguay está ahí y en Sudamérica el siguiente es Chile, donde, con un signo más liberal o de izquierda, se ha demostrado que no se va contra las instituciones ni se destruye la inversión extranjera. Después tenemos a Panamá y Costa Rica en Centroamérica y te diría que la última gran aparición fue Paraguay, que tiene algo raro que es muy bajos impuestos, está muy bajo el radar y funciona muy bien, pero no hay que olvidar que es un país manejado por 10 familias. Y yo no sé si es un país para largo plazo, que es nuestra mirada por defecto.
—¿Se puede sumar Argentina como competidor de la mano del nuevo gobierno?
—Argentina tiene un problema estructural, que es la falta de previsibilidad. No alcanza con un gobierno puntual. El inversor necesita garantías de que las reglas van a ser las mismas en 10 o 20 años y el corto plazo es irrelevante. Entonces, cuando eso sea consistente y repetido en dos décadas, lo voy a incluir en mis herramientas de trabajo, con lo cual es irrelevante en lo que pasa en el corto plazo.
—¿Puede impactar lo que Javier Milei define como “riesgo kuka”, que alude a un posible regreso del kirchnerismo?
—Es un error, el gobierno debe dejar de hablar de "riesgo kuka", porque puede servir para el votante, pero para el inversor es una señal de inestabilidad. Nadie va a invertir miles de millones de dólares en un país que dice que puede cambiar de rumbo drásticamente. El gran problema de Argentina es que desde los 90 no tuvo inversión en infraestructura porque nunca nadie tomó el país en serio en el mediano o largo plazo.
Los cambios tributarios y un freno a los capitales argentinos
—¿Se frenó el flujo de capitales argentinos hacia Uruguay después de los recientes cambios tributarios?
— Definitivamente hubo consultas y ya las venía habiendo el año pasado, cuando se veía que se iba a aprobar los cambios en el Presupuesto. La reforma tributaria en Uruguay ocasiona dos cosas inmediatamente: primero, el uruguayo que tenemos en el exterior tiene un incentivo para estructurarse, que hasta el año pasado no lo tenía. Y sí tenemos consultas y armamos y modificamos estructuras. Es un expertise que tenemos porque somos mucho más fuertes que nuestros competidores.
Por otro lado, se frenaron las mudanzas de argentinos y de otros lugares a Uruguay. Los argentinos se habían medio frenado los últimos dos años por temas políticos, pero ahora hablás con gente de otros países y te dicen ‘tengo que invertir 2 millones de dólares en Uruguay cuando Bahamas me pide 700.000 y Dubái, más allá de que hoy no es el mejor lugar por la guerra, me pide 550.000, que es una cuarta parte. En Uruguay esos dos efectos se estaban viendo y se vieron claramente de vuelta en este primer trimestre. Hay un quiebre.
—¿Se puede decir entonces que Uruguay perdió atractivo con estas modificaciones?
— Hay tres temas que son importantes. A nivel de sistema financiero, definitivamente Uruguay no puede competir ni con Estados Unidos, ni con Suiza, ni con Dubái. Hay inversiones en real estate y en otros negocios, pero ningún patrimonio grande va a estar en el sistema financiero uruguayo.
Lo que sí hay son estructuras jurídicas que me permiten a mí proteger un patrimonio, que también se han ido deteriorando, como pasó con las Sociedades Anónimas Financieras de Inversión (SAFI). Tenemos también zonas francas. O sea, hay algunos negocios de distribución e intermediación que se pueden hacer bien, pero es difícil competir contra centros offshore más tradicionales, sobre todo cuando el gobierno no está apoyando ese tipo de industria.
También hay mucho expertise. Entonces, hay un montón de familias de alto patrimonio argentinas, brasileñas y de otros países que tienen su family office y sus asesores financieros en Uruguay con una cuenta que quizás está en Estados Unidos o Suiza. El país ofrece esa comodidad para el pequeño ahorrista, que puede venir con 6.000, 7.000 o 10.000 dólares sin tener que abrir una cuenta con alguna protección y sacar la nacionalidad a partir de la residencia uruguaya.
La discusión sobre los impuestos
—Te he escuchado decir que la carga fiscal en Uruguay es alta. ¿Hay espacio para una baja tributaria?
—En Uruguay se puede bajar impuestos, sobre todo porque se acaban de subir. Hay espacio y no hay que bajarlos tan drásticamente como por ejemplo en Argentina, sino que es ajustar algunas cosas. Además, hay impuestos vía servicios públicos como la tarifa de UTE, porque la electricidad es carísima. Hay mucho para hacer en materia de tarifas y de impuestos, pero es difícil cuando los propios políticos que están ideológicamente a favor de la baja de impuestos sienten que no hay tanto interés y no es un tema de agenda.
El uruguayo es estatista. Me acuerdo de haber hablado con Lacalle Pou hace 5 o 6 meses y le pregunté “vos bajaste el IRPF, ¿por qué no seguiste?” Y él me dijo: “mi sensación es que si me sobra un puntito de PIB y le pregunto al pueblo si bajo impuestos o que el Estado les dé algún servicio más, creo que mucha gente, incluyendo de mi partido, hubiera elegido lo segundo". Entonces, hay que seguir con la avanzada cultural, explicando que cuanta más plata tiene el individuo en el bolsillo, tiene más libertad, sea para gastarla, ahorrarla o donarla al Estado o a una fundación.
—Hablaste de que existe una demonización de la riqueza. ¿Cómo evaluás el debate sobre el impuesto al 1% más rico?
—Para mí es un debate que no está zanjado, porque nosotros miramos el largo plazo. Ahora parece zanjado, pero va a volver como el 2% o un 5% al 0,5 más rico, porque evidentemente hay una parte grande de la población que ve a los ricos como los culpables de todos los males y ve a la economía como un conjunto de suma cero, donde yo no tengo porque vos tenés. Creo que es uno de los peores impuestos que hay en el mundo por cómo funciona y es un mito, igual que el impuesto a las ganancias de las compañías.
Son pasamanos, porque las empresas no pagan impuestos, te lo ponen en el precio y lo pagás vos. Este impuesto se fue eliminando en la mayor parte del mundo porque no genera incentivos para ahorrar ni para invertir, por ende no genera competitividad, ni aumento de salarios. Pasó en Francia, que lo sacó. En Noruega se está aplicando y se fue gente y no aumentó la recaudación. Además, es el impuesto más fácil de evitar, porque armás una estructura fiduciaria o te vas.
—¿Pasa lo mismo en el otro extremo con el IVA al régimen de franquicias, también conocido como “impuesto Temu”?
—Es la misma lógica porque es un impuesto corporativo. Temu no va a pagar el impuesto. Un Estado puede decidir quién ingresa el impuesto al erario público, pero no puede decir quién va a hacer el esfuerzo fiscal para pagarlo. Entonces, Temu no lo va a pagar y con ese impuesto sigue siendo más barato que los productores locales, con lo cual la gente va a seguir comprando y lo único que estamos logrando es que plata de los consumidores, que son los más humildes en general, termine en el Estado.
El acercamiento a la OCDE y el contexto global
—Siempre te has pronunciado en contra de la OCDE, ¿cómo ves este acercamiento de Uruguay?.
—Es una pésima noticia. La OCDE es un club de países de altos impuestos que quieren imponer su visión en todo el resto con expectativas hegemónicas. Nada bueno va a pasar en la OCDE, pero los países subdesarrollados o en vía de desarrollo, son muy fanáticos de esos sellos de goma. Los países miembros no son exitosos porque están allí, es un cartel que protege sus economías. Cuantos más países se suman, menos competencia fiscal va a haber y va a haber impuestos más altos.
—¿Cómo impactará la guerra en Medio Oriente en los flujos de inversiones a las economías emergentes como Uruguay?
—Cuando sube el riesgo, la gente busca los lugares más seguros, con lo cual una guerra nunca es buena para países y empresas emergentes, ni para gente de bajo capital. Después puede pasar que Uruguay exporte de pronto más alimentos porque la gente lo necesita o gente que estaba viviendo en Dubái y se lo replantea. En el corto plazo, la guerra no es buena para nadie. Además, esta guerra se puede extender y, si eso pasa, los mercados están preocupados. Al principio decían "esto en dos o tres semanas se termina" y ahora se plantean diferentes escenarios, con soluciones intermedias y otras más largas que pueden llevar a una recesión mundial.
15 años de asesoramiento
—¿Untitled, tu firma de asesoramiento patrimonial, cumplió 15 años. ¿Qué cambió en todo este tiempo?
—Si vos mirás el corto plazo, las cosas todas cambian, pero cuando mirás el largo plazo hay cosas que se mantienen. Latinoamérica es una región súper inestable con baja seguridad jurídica y eso hace que la gente necesite planificar. Hace 15 años había ciertos países que estaban con gobiernos más complejos y otros más tranquilos, hoy por ahí se dio vuelta la tortilla, pero justamente eso es lo que marca la inestabilidad. A nivel global, muchísimos cambios. Mucha más burocracia tributaria, muchísima menos privacidad y mucho discurso resentido contra los que más tienen, sobre todo a partir de la pandemia. La verdad que el mundo está mucho más complicado desde lo tributario.
Estamos sólidos, en el momento con mayores ingresos, mayor cantidad de empleados y de clientes. Venimos creciendo y pensando en cómo seguir, dónde abrir oficinas nuevas y qué otra práctica incluir, siempre inculcando lo que es estructuración patrimonial. Pasamos en el medio crisis políticas, pasamos la pandemia, ahora guerras, cambios regulatorios en un montón de jurisdicciones, diferentes vueltas de partidos políticos. Creo que hemos diversificado mucho nuestra práctica en distintos países desde el inicio en Uruguay, con clientes mayoritariamente argentinos. Hoy en día tenemos un montón de clientes en Bolivia, en Perú, en Honduras, en Guatemala, en Costa Rica, en República Dominicana.
—¿Cuáles son los desafíos a futuro?
—Seguir creciendo, en nivel de escala y de estructura. Seguir haciendo lo que venimos haciendo y estamos evaluando cuatro nuevos lugares para abrir oficinas. También estamos luchando con un montón de prejuicios y queremos mejorar el ecosistema, por eso nos propusimos el desafío con patrimonios del deporte y del entretenimiento. A la vez, aparece la inteligencia artificial, que creo que va a terminar democratizando la planificación y es un desafío ver cómo lo incorporamos a nuestras estructuras para ver en qué ámbito es una amenaza y en qué ámbito es una ayuda. Soy optimista respecto de nuestro negocio porque, desafortunadamente, soy pesimista respecto hacia dónde va el mundo.
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