16 de enero 2026 - 07:59

Uruguay se reposiciona para atraer inversiones en una región cada vez más competitiva

El país transmite confianza a través de la estabilidad jurídica, pero debe sortear algunas desventajas ante el nuevo paradigma que vive Latinoamérica.

Uruguay se reposiciona para atraer inversiones y busca consolidarse en una región que se vuelve cada vez más competitiva.

Uruguay se reposiciona para atraer inversiones y busca consolidarse en una región que se vuelve cada vez más competitiva.

Foto: Freepik

La puja de Uruguay por la llegada de Inversión Extranjera Directa (IED) es uno de los ejes del gobierno para los próximos años, que deberá enfrentarse a un contexto bastante más competitivo en América Latina.

La previsibilidad y transmisión de confianza figuran como un activo nacional en la búsqueda de captar inversores nacionales y extranjeros, aunque la economía también tiene “una letra chica”, asociada a los costos internos y a la competitividad.

Con una situación global convulsionada, será relevante también el interés que logren captar los países sudamericanos, como los casos de Paraguay alcanzando el Grado Inversor a fines de 2025, la posible consolidación en Argentina de la estabilización macroeconómica y el ciclo de tasas bajas en Chile que lo vuelve más atractivo.

Una región más competitiva

“Se acabó la época en que Uruguay captaba inversiones por descarte”, sintetizó en declaraciones a Ámbito el contador público y analista financiero de Nobilis, Ezequiel Gutiérrez, quien destacó que “hoy la región nos desafía con una competencia mucho más agresiva”.

Al indagar los cambios en los países vecinos, consideró que Paraguay “tuvo el cambio estructural más relevante, porque valida su seguridad institucional ante el mundo y ya no solo ofrece costos bajos y una carga tributaria mínima, sino que ahora es un destino seguro para la economía real, compitiendo directamente por la instalación de industrias”.

En cuanto a Argentina, observó que “si logra consolidar su estabilización macroeconómica, ofrece un potencial de rentabilidad por recuperación acelerada y un volumen de mercado que Uruguay no puede igualar”, mientras que afirmó que Chile “continúa presionando con su profundidad financiera, disputando el capital corporativo”.

En suma, indicó que a Uruguay “ya no le alcanza con vender seguridad jurídica para no perder terreno frente a competidores más baratos, rentables o financieramente profundos” y contrapuso que el país “está obligado a mejorar su productividad y a reducir su costo país”.

Una mirada similar, aunque con matices, aportó el asesor financiero de Balanz, Alan Babic, quien en diálogo con este medio reconoció que “uno podría decir que Paraguay podría ser de alguna manera ‘el nuevo Uruguay’, pero aclaró: “Tiene que recorrer un camino”.

En materia de certezas, indicó que al país “lo respalda la historia” y vaticinó que no habrá cambios abruptos: “Creo que es al revés, el inversor cada vez va a tener más alternativas y va a poder diversificar su portafolio. Más que irse de Uruguay o de Argentina, va a tener una nueva opción de inversión y eso es positivo para la región”.

Fortalezas y desventajas de Uruguay

Babic puso el foco en las fortalezas del país para captar IED y destacó que “históricamente ha transmitido confianza a los inversores”, poniendo el foco en eventos como la crisis de 2002: “Pagó su deuda incluso en malos momentos y eso da confianza”.

“Uruguay sigue siendo Grado Inversor, logró una inflación dentro del rango meta y está haciendo bien los deberes. La inflación baja en pesos y el peso fortalecido contra el dólar son cosas que el inversor puede ver”, resaltó.

A su turno, Gutiérrez puso como principal activo “la previsibilidad en un contexto global incierto”, basado en “un entorno de inversión basado en certeza jurídica y estabilidad regulatoria”. Sobre estas “reglas de juego claras que trascienden los ciclos políticos y electorales”, agregó que hay un respaldo del Grado Inversor que posiciona al país como “un refugio de calidad (fly-to-quality), facilitando el acceso a financiamiento en condiciones competitivas”.

A eso le sumó instrumentos ya existentes como la Ley de Inversiones y el régimen de Zonas Francas, que definió como “mecanismos potentes para atraer capital, priorizando la seguridad patrimonial y la previsibilidad fiscal”.

En contrapartida, en el rubro de las debilidades identificó a la estructura de costos como “la letra chica” de la economía. “Uruguay es un país caro en dólares, una realidad que erosiona constantemente la rentabilidad del sector exportador y el turismo. El llamado ‘atraso cambiario’ y los altos costos energéticos y laborales son barreras de entrada difíciles de ignorar”, analizó.

En tal sentido, añadió un “limitante de escala”, al considerar que “el mercado interno es pequeño y eso obliga a cualquier proyecto de inversión ambicioso a nacer con vocación exportadora, ya que el consumo local no alcanza para justificar grandes volúmenes”. En menor medida, puso el foco en “monitorear la rigidez del mercado laboral, que a menudo resta la agilidad necesaria para competir con economías más flexibles”.

La coyuntura global y el acuerdo Mercosur-UE

Con relación a la tensionada coyuntura global, el referente de Nobilis indicó que entre los principales riesgos aparecen “el elevado nivel de endeudamiento de las economías desarrolladas, en particular Estados Unidos y Japón; las tensiones geopolíticas entre EE.UU. y China, con episodios de guerra arancelaria y competencia por el liderazgo tecnológico; y una eventual sorpresa inflacionaria que obligue a reconsiderar el rumbo de la política monetaria”.

“Este contexto tiende a aumentar la volatilidad de los mercados financieros y refuerza la necesidad de adoptar estrategias más selectivas y defensivas, con una adecuada diversificación y una gestión activa del riesgo”, agregó.

En tanto, Babic resaltó que la firma del acuerdo Mercosur-UE puede suponer un dinamizador. “En América Latina, los países son mayoritariamente exportadores y todo lo que sea TLC va a generar más negocios, más puestos de trabajo y más empresas para que se instalen en la región. Eso es positivo, porque cuánto más negocio y más oportunidades haya, favorece a todos”, resumió.

¿Los cambios tributarios pueden afectar las inversiones?

Al ser consultado por los cambios tributarios asociados al Presupuesto, Gutiérrez consideró que “no modifican los fundamentos que explican el atractivo como destino de inversión”, contrastando con que “más que el nivel puntual de impuestos, el inversor evalúa el marco fiscal previsible y estable, un elemento central para la toma de decisiones de mediano y largo plazo”.

Si bien aseguró que Uruguay “conserva una ventaja relativa en la región”, llamó a seguir de cerca “el impacto marginal que pueda tener cualquier ajuste impositivo, especialmente cuando la competitividad es un factor sensible”.

Babic admitió que “ha habido consultas de clientes por los cambios”, pero aclaró que recién transitando la tercera semana de enero “no se pueden sacar conclusiones relevantes”. No obstante, valoró que “tanto el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) como el Banco Central del Uruguay (BCU) están alineados para seguir impulsando las inversiones en pesos y lo demuestran con las acciones”.

Los sectores que se perfilan como los más pujantes

Al identificar los sectores que se anticipan como más pujantes, el referente de Balanz apuntó que “el mercado inmobiliario de un tiempo a esta parte se ha vuelto muy fuerte” y resaltó las posibilidades de desarrollo del mercado de capitales local: “Cada vez más estoy viendo que antes uno pensaba en invertir en dólares y hoy está la posibilidad de hacerlo en pesos”.

“Al ser el peso una moneda de confianza, ofrece esa posibilidad y cada vez existen más alternativas para las empresas. El BCU también está impulsando inversiones en pesos y desde Balanz ya ayudamos a financiar a varias empresas y vamos a seguir buscando expandir el mercado”, resaltó.

En paralelo, Gutiérrez combinó “oportunidades con un enfoque más selectivo y defensivo” y vaticinó que “la economía estará impulsada por la inversión en infraestructura vinculada a la inteligencia artificial, aunque con expectativas desigualmente distribuidas entre los distintos actores del mercado”.

Para un inversor de riesgo moderado, llamó a “priorizar la renta fija, en particular bonos soberanos y corporativos con grado de inversión, favorecidos por un escenario de inflación más contenida y posibles recortes de tasas”, mientras que “la deuda de mayor riesgo crediticio, de alto rendimiento y emergente, puede complementar el portafolio, siempre con una selección cuidadosa”.

En cambio, en renta variable, recomendó “una exposición controlada, con mayor foco en acciones ‘value’ en Estados Unidos y mercados desarrollados”, pero teniendo cautela en los segmentos tecnológicos vinculados a la inteligencia artificial, mientras planteó que “los activos alternativos, como crédito privado, infraestructura y real estate, pueden aportar diversificación y reducir la volatilidad de las carteras”.

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