El total depositado por el sector privado en el sistema bancario alcanzó los 1.953,4 millones de dólares en junio, según el informe oficial del Banco Central del Uruguay (BCU) y de ese total, 1.450,8 millones dólares (74,27%) están colocados bajo la modalidad "a la vista", es decir, sin ningún tipo de colocación ni rentabilidad.
Por otro lado, el 74,5% de los depósitos totales está en moneda extranjera, mientras que solo el 25,5% está en pesos. En cambio, entre los depósitos a plazo fijo, que suman apenas 502,6 millones de dólares, equivalentes al 25,7% del total en cuentas bancarias, la distribución es mucho más equilibrada: el 53,1% está denominado en dólares y el 46,9% en pesos.
Ese dato de fondo se transformó en el eje de una conferencia reciente del presidente del BCU, Guillermo Tolosa, que puso el foco en esta doble anomalía: la inmovilización de los ahorros y su fuerte dolarización.
La cultura del ahorro inmóvil
En diálogo con Ámbito, el presidente de la Bolsa de Valores de Montevideo (BVM), Ángel Urraburu, coincidió con el diagnóstico de Tolosa y recordó que en la conferencia del titular del organismo se mostró una imagen de "un hombre vestido con un abrigo, con un equipo como de incendio y con un paraguas en el medio de la playa, rodeado de gente en bikini, en bermudas y llena de sol", como metáfora de lo desajustada que está la conducta financiera uruguaya respecto al contexto real del país. "Ese grado de ridiculez, ese grado de falta de adaptación a lo que estaba pasando, era lo que él argumentaba mediante esa foto", explicó.
"Yo defino al pueblo uruguayo como el más conservador del mundo. Tengo gente con mucha capacitación, profesionales, universitarios y tengo otra gente que no tiene ninguna capacitación, pero todos van por el mismo lado", señaló Urraburu, apoyado en 50 años de trabajo con una cartera de clientes casi enteramente en el país y luego agregó: "Pienso que no es un tema de capacitación; tampoco hay que creer que alguien sin estudios razona muy distinto a la hora de invertir sus ahorros".
Urraburu dijo que el origen del fenómeno hay que buscarlo en la memoria colectiva: "Hubo dos crisis financieras y cambiarias muy fuertes en Uruguay, en 1982 y 2002, donde hubo gente que quedó muy mal parada. Eso tuvo un efecto en las expectativas, en el conservadurismo, en el temor muy fuerte en la sociedad en su conjunto".
La liquidez que no llega a la economía
Según Urraburu, mientras las cuentas a la vista no pagan nada y los plazos fijos en dólares apenas superan el 1%, los bancos colocan esos mismos fondos a una tasa de interés del 4,5% en Estados Unidos y ganan más retorno. "Los bancos colocan esos dólares en el exterior, aprovechando que en este momento las tasas están en un punto relativamente alto afuera, y con eso sacan una rentabilidad importante con un riesgo muy cercano a cero", explicó, dando a entender que las entidades bancarias captan depósitos pagando muy poco a los ahorristas y luego invierten ese dinero en activos seguros del exterior que ofrecen una tasa mayor, obteniendo así una ganancia por esa diferencia.
Ese esquema, sumado a un mercado de capitales que calificó de prácticamente inexistente para el sector privado configura, en su lectura, un círculo vicioso que explica por qué el crecimiento promedio del PIB fue de apenas 1% en los últimos diez años. "Acá no hay prácticamente emisiones de empresas privadas en el mercado de capitales; lo único que se comercializa en forma fluida son los bonos que emite el Estado", insistió.
El desafío de recuperar la confianza en el peso
El economista con 37 años de trayectoria técnica en el BCU y exintendente de Regulación Financiera, José Licandro, ubicó el origen del problema en una etapa más larga de la política monetaria. "Perdimos 15 o 20 años con los platitos chinos, con una inflación muy alta por 'defender' el valor del dólar", sostuvo Licandro y explicó que ese esquema recién cambió "en 2020, cuando por primera vez se empezó a aplicar política de metas de inflación con estándares internacionales, manejando la tasa de interés y dejando flotar el dólar".
Para consolidar la desdolarización de depósitos, Licandro planteó dos tareas pendientes: "ir a una meta de inflación más baja, de 2% a 3%", y "despejar definitivamente las presiones políticas y de grupos de presión sobre el BCU para atender 'otros objetivos' que no son lo que realmente puede controlar", algo que requiere "autonomía institucional".
Sobre la actual dolarización de los ahorros, ofreció una lectura menos condenatoria que la del sentido común. "Como las propiedades se cotizan y transan en dólares, la gente ahorra en esa moneda porque es la referencia natural para la finalidad de su ahorro. ¿Son tontos? No tanto", planteó Licandro y sumó una salida concreta: "Estos mercados requieren que alguien coordine empezar a fijar precios también en moneda doméstica, pesos o UI. Si eso sucede, la gente va a ver los precios en la moneda en la que tiene sus ingresos y en la que los bancos le prestan, porque el crédito hipotecario es en UI, no en dólares, por temas regulatorios".
Los incentivos del sistema financiero
Licandro insistió en que el fenómeno no se explica solo por el miedo de los ahorristas y dijo: "No es solo un problema de la demanda. También es de la oferta. Los bancos no han sido agresivos para salir a captar pesos con las tasas de interés". Además, agregó un dato que contradice la imagen de un uruguayo completamente reacio a la moneda local y aseguró que "los uruguayos son los que compran la mayoría de la deuda pública emitida en pesos", sobre todo a través de las AFAP y remarcó: "Ahora están apareciendo fondos de inversión para ahorristas minoristas que compran títulos públicos y Letras de Regulación Monetaria (LRM)".
Sobre por qué los bancos ofrecen tasas tan bajas para plazos fijos en pesos y en dólares, fue directo: "Como casi no tienen competencia de otros instrumentos, pagan poco". Sobre las medidas que ya tomó el propio BCU como reducir los encajes a los depósitos en pesos y aumentar su remuneración para incentivar a los bancos a captarlos y prestarlos, hizo una salvedad importante: "Quizás más de uno solo aproveche eso para mejorar su rentabilidad sin mover un dedo. Las mejoras en los encajes y sus remuneraciones deberían estar sujetas a la captación de depósitos nuevos que se presten".
Consultado sobre el fallido intento del gobierno de que empresas públicas emitieran deuda en el mercado de capitales para dinamizar esa liquidez ociosa, Licandro explicó las trabas técnicas: "Para emitir en el mercado de valores tienen que cumplir la normativa de gobierno corporativo y transparencia de información. Creo que solo UTE ha logrado hacerlo". Para emitir acciones, agregó, primero tendrían que convertirse en sociedades anónimas, un paso que en la práctica no se dio.
El ahorro sin inversión limita el desarrollo
El economista del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), Nicolás Vidal, ubicó el fenómeno dentro de un problema estructural más amplio: "En la medida en que hay menos jóvenes y cada vez más pasivos, la torta del BPS se achica e implica jubilaciones más bajas. Eso es lo que justifica en parte el ahorro privado. Pero no basta simplemente con ahorrar, es necesario invertir ese dinero, y eso es justamente lo que no pasa".
Para Vidal, la causa principal es la falta de educación financiera. "Pensar el ahorro y la inversión como un gasto es clave: cuando cobro mi sueldo y ya directamente invierto una parte, es distinto a si dejo eso para el final y termino invirtiendo el remanente que me queda", explicó, y citó un dato concreto de la OCDE: "Hay un índice de políticas para pymes que mide el nivel de conocimiento financiero, del uno al cinco, y Uruguay tiene un promedio de 2,5, la mitad del índice". Por eso, vidal planteó la necesidad de "implementar una política ambiciosa para incluir la educación financiera seriamente en el sistema educativo, cosa que hoy no está".
Vidal también aportó una cifra sobre el tamaño del mercado de capitales local: "Hay un índice del Fondo Monetario Internacional (FMI) que mide la profundidad del sistema financiero, y en la comparación con países de tamaño similar a Uruguay, el mercado de capitales uruguayo resulta siete veces menos profundo que el promedio de esos países". Aun así, remarcó que la oferta de instrumentos viene ampliándose vía fintech y corredores de bolsa locales, "con comisiones recontra razonables", y que el desafío pasa por que la gente conozca esas alternativas más allá de "los ladrillos o el ganado".