3 de enero 2024 - 14:06

¿Por qué subió el déficit fiscal?

Los ingresos del sector público no monetario tuvieron una caída real del 2% en el año móvil cerrado a noviembre.

La situación fiscal uruguaya no tendría grandes cambios durante el 2024.

La situación fiscal uruguaya no tendría grandes cambios durante el 2024.

Foto: MEF

El déficit fiscal global en el año móvil a noviembre se ubicó en el 4,0% del PIB, tres décimas por debajo del dato del mes anterior pero claramente por encima del registrado al cierre del año pasado. Tomando el resultado fiscal del sector público no monetario, el déficit pasó de 2,2% a 3,6% en el último año (todos estos datos sin excluir los fondos de los cincuentones que llegan desde la AFAPs).

Como se puede apreciar en el cuadro adjunto, el aumento en el déficit se debe a un incremento en los egresos que resultó claramente mayor que el aumento en los ingresos. Esta evolución de los ingresos y egresos tiene que ver con el desempeño de la propia economía y también -particularmente- con la política salarial implementada en el último año.

En el caso de los ingresos, comencemos por analizar las dos principales “cajas” del estado: DGI y BPS. La recaudación de la DGI en el año móvil a noviembre se ubicó sólo 4% por encima de la del año móvil anterior en términos nominales, lo cual -con una inflación en el periodo que llegó a casi 6%-, Implica una caída real de casi 2%. El freno en la actividad económica y la diferencia cambiaria con Argentina (que implicó que muchos uruguayos gastaran en el país vecino) son parte de la explicación.

En el caso del BPS, por el contrario, dado el aumento de los salarios reales y el aumento en el empleo los ingresos subieron un saludable 9% nominal (casi 3% real). En el caso de los ingresos por comercio exterior la caída es importante y se debe al descenso de los volúmenes comercializados en varios productos y también a la baja real del dólar, la moneda en la que se transa casi todo el comercio exterior. También hubo una caída importante en el resultado primario de las empresas del Estado.

De todo esto resultó un aumento nominal de 4% en los ingresos del sector público no monetario, lo que implica una caída real de casi 2%.

Los egresos -por su parte- aumentaron en total un 9% nominal, es decir un aumento de casi 3% en términos reales. Esto se debe al mayor gasto en pasividades, que subió un 10% nominal, así como a un aumento en los gastos en remuneraciones, debido básicamente a los acuerdos salariales en el sector estatal, que elevaron la cuenta de sueldos un 11% nominal.

También se registró un aumento real de las transferencias (a las AFAPs, seguro de salud, etc.). Entre ellas, se destaca un aumento de 18% en las Asignaciones Familiares y otras prestaciones activas. Parte de estas transferencias son a organismos donde la mayor parte del gasto son salarios. Cabe recordar que de los gastos generales de la Administración Central más los organismos del Art. 220 de la Constitución, más de 65% corresponde a salarios.

El aumento general de los egresos se da a pesar de que las inversiones no variaron medidas en pesos corrientes, lo que implica una caída real en torno al 6%. Los intereses correspondientes a la deuda del sector público no monetario subieron un 9% nominal, es decir 3% real.

De todo esto surge -como indica el renglón final del cuadro adjunto-, que el déficit pasó de más de 64.000 millones de pesos en 2022 a más de 110.000 millones en el año móvil a noviembre 2023, Un aumento de más de 70% en términos corrientes o en torno a 62% en términos reales. Según las cifras oficiales el déficit del sector público no financiero pasó de 2,2% a 3,6% del PBI.

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El déficit fiscal del sector público no monetario aumentó en Uruguay.

El déficit fiscal del sector público no monetario aumentó en Uruguay.

Perspectivas

Se espera que la economía tenga una recuperación en 2024, luego de un 2023 casi sin crecimiento. Esto debería derivar en una mejora en las cuentas del Estado, aunque es difícil proyectar en qué dimensión.

Si el impacto de la brecha de precios con Argentina disminuye, y el empleo y el salario real se mantienen, puede esperarse una mejora real de la recaudación por mayor consumo.

Por otra parte, hay que considerar también el impacto que tuvo la sequía: si bien la incidencia directa del agro y las agroindustrias en la recaudación puede no ser grande en la cifra global, sí es importante en el efecto indirecto dado su encadenamiento con los servicios vinculados y -por lo tanto- con el consumo. Con una producción agrícola recuperada, sumada a otros efectos positivos de la normalización hídrica, puede esperarse cierta mejora en las cuentas públicas.

Sin embargo, el aumento real de los salarios, que deriva automáticamente en un aumento real de las pasividades, implicará este año un aumento real del gasto en los dos principales renglones de erogaciones del Estado. Esto hará difícil que el resultado fiscal tenga una mejora importante en términos efectivos. Si el PBI levanta, el déficit en relación al mismo debería retroceder, pero esto aún es difícil asegurarlo, al menos en un cambio sustancial que lleve el déficit más cerca del 3% del PBI. Menos de eso sería un logro notable.

Finalmente, cabe mencionar que -si bien se han procesado varios cambios en la administración, a distinto nivel, la estructura general del Estado ha cambiado poco y los componentes de salarios y pasividades siguen siendo lo principal. Y si esos gastos -típicamente no transables- se expanden, se agudiza el problema de competitividad-precio que ya afecta a la economía uruguaya. El Estado espera que la economía le mejore las cuentas; la economía que el Estado le facilite el crecimiento.

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