7 de diciembre 2023 - 13:01

"El manejo fiscal va a ser de los desafíos más grandes del próximo gobierno", advirtió Agustín Iturralde

El director del CED dialogó con Ámbito sobre los desafíos y oportunidades en las reformas que deberá hacer Uruguay para ser un país desarrollado, y señaló que "el rol de los políticos no es ir siempre detrás de lo que quiere la gente".

Agustín Iturralde, director ejecutivo del CED, dialogó sobre las reformas que deberá hacer Uruguay para ser un país desarrollado.

Agustín Iturralde, director ejecutivo del CED, dialogó sobre las reformas que deberá hacer Uruguay para ser un país desarrollado.

El Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) presentó su Agenda 2025-2030 denominada “Un salto al desarrollo”, un documento que describen como el resultado de siete años de trabajo del centro y cuyo objetivo es “ordenar cuáles deberían ser, según nosotros, las prioridades en la agenda del Uruguay en el próximo quinquenio”, a las puertas de un nuevo año electoral en el país. Ámbito dialogó con Agustín Iturralde, director ejecutivo del CED, sobre las principales propuestas esbozadas en esta agenda.

“De alguna forma estamos ante una disyuntiva, donde perfectamente podemos tomar un camino de acelerar reformas, de seguir perfeccionando nuestras instituciones, de seguir reformando cosas pendiente y avanzar con más claridad hacia otro estándar de desarrollo; o perfectamente puede pasar lo opuesto, que es lo que pasó en Chile, de estancamiento económico”, explicó Iturralde sobre los motivos que llevaron a la confección de este “documento muy breve” que expone la agenda que, desde el CED, entienden como necesaria para lograr que Uruguay sea “el primer país desarrollado de América Latina”.

“En principio, los cinco años que vienen no van a ser particularmente buenos, van a ser moderados, lo que hace más necesario tener claridad de ideas y coraje político para avanzar en esa dirección”, añadió el director del centro.

La agenda cuenta con dos grandes capítulos: uno dedicado al desarrollo económico y otro, al desarrollo social. Si bien insiste en que ambos son complementarios y apuntan a un objetivo: mejorar la competitividad del país a partir de un aumento de productividad que mejore salarios y abarate los costos de Uruguay históricamente caro. Para ello se plantean propuestas como apertura de mercado, reforma del Estado, una fuerte inversión en la primera infancia y en la educación orientada al mercado laboral, junto con una flexibilización —en cuanto a regulaciones— de este último.

“No se trata de hacer algo particularmente revolucionario, sino de darle un nuevo impulso a una agenda en la que el país viene avanzando”, sostiene el documento.

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El director ejecutivo del CED, Agustín Iturralde, durante la presentación de la Agenda 2025-2030 para Uruguay.

El director ejecutivo del CED, Agustín Iturralde, durante la presentación de la Agenda 2025-2030 para Uruguay.

— A pesar de su brevedad, la agenda expone varias propuestas. ¿Cuáles son las más importantes o que deberían abordarse primero?

Lo que nosotros ponemos ahí es lo que vemos que en esta etapa del Uruguay debemos y podemos hacer. El orden dependerá de los políticos, nuestro aporte es tratar de poner ideas claras en esa discusión en la que quienes después tengan que implementar esto verán que sí y que no se puede hacer, qué es viable. Algunas cosas capaz que nos quedan un poco más lejos y vendrán después.

Hay algunas cosas que son más obvias: el tema de la apertura económica y el retraso que tenemos en esa materia; el Mercosur; seguir trabajando en la estabilidad macro y en la baja de la inflación. Después hay una agenda que no es tan obvia pero que viene entrando a la agenda pública con fuerza, que es la agenda pro competencia. Porque Uruguay es un país caro para vivir y es un país caro para producir, y nuestra hipótesis es que esto pasa porque en muchos mercados tenemos bajos niveles de competencia.

— Uruguay se caracteriza por su institucionalidad, pero los sectores políticos piensan diferente sobre algunas cosas. En ese sentido, y ante la posibilidad de que el Frente Amplio vuelva a ser gobierno en 2025, ¿ven factible que las reformas que proponen, más en línea con la actual administración, se lleven a cabo de la manera en que las plantean?

Es difícil de saber. Si yo me guío por lo que hemos visto de las bases programáticas, me resulta difícil imaginarlo. Es difícil saber qué mirada va a terminar predominando en el Frente Amplio, pero por lo que uno viene viendo de la discusión más orgánica, no veo cosas cercanas a esto, si bien hay cosas en que estamos todos de acuerdo, como en la parte social.

Todos los partidos tienen la obligación de tratar de imponer claridad a la discusión, de transportar ideas claras y de marcar cuál es la agenda. Lo bueno que ha pasado en Uruguay es que casi todos los gobiernos han hecho algo relevante que el que vino después no lo cambió. Y cuando los gobiernos han hecho algunas cosas importantes, bueno, al próximo le toca hacer algo, ¿no?

Reformas no necesariamente populares

— Ustedes hablan de reformas "no necesariamente populares", y muchas de esas ideas son las que se discuten e implementan a nivel regional y mundial, que no tienen resultados inmediatos. ¿Qué pasa si la gente ve, en el corto plazo, un deterioro de sus condiciones socioeconómicas?

Uruguay ha sido capaz de procesar cosas difíciles. El ejemplo perfecto hoy en día es el tema de la reforma previsional, que es mucho más incómodo para la oposición que para el gobierno, contrariamente a lo que se vaticinó no supone un costo político.

En su momento, si uno se dejaba llevar por las encuestas y preguntaban “¿usted quiere trabajar hasta los 65 o hasta los 60?”, que era la parte claramente más polémica de la reforma, la mayoría quería trabajar hasta los 60. El rol de los políticos no es siempre ir atrás exactamente de lo que quiere la gente. Hay que ir conduciendo sin apartarse de las preferencias sociales, pero con la capacidad de tomar decisiones. La reforma tributaria del primer gobierno del Frente tampoco fue muy popular al principio, por ejemplo.

Los políticos que Uruguay necesita deben tener una visión de que a veces hay que atravesar algún invierno. Algunas cosas, más que impopulares, son de una difícil economía política. Algunas cosas que nosotros proponemos tienen ganadores y perdedores. Son muchísimos más los ganadores, pero es verdad que hay un grupo de perdedores, muchas veces también organizados, que tienen buena capacidad de movilización.

Son reformas que, en general, hacen ruido al principio, pero después en el mediano plazo ganan y tienen legitimidad.

— En la agenda señalan la apertura comercial como una de las medidas para bajar precios, ¿cuál es el costo que esto puede tener sobre los empleos?

Puede haber algún sector muy puntual afectado, pero Uruguay ya pagó el costo de la apertura a principios de los ‘90 con el Mercosur y con la llegada de todos los productos de China. Tiene poco para perder hoy, ya pagó los costos pero no tuvo todos los beneficios. Son muy pocos los perdedores con una medida como esta, y claramente las ganancias son para todos los consumidores, para todos los uruguayos, porque vivir en un país más pagable es netamente positivo.

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La diferencia cambiaria con Argentina es uno de los grandes problemas para Uruguay y profundiza los inconvenientes de una economía local cara.

La diferencia cambiaria con Argentina es uno de los grandes problemas para Uruguay y profundiza los inconvenientes de una economía local cara.

Los condicionamientos para las reformas

— El déficit es señalado como uno de los problemas actuales del gobierno, y ya se advierte que la próxima administración asumirá con una situación fiscal deteriorada. ¿Cómo ven este tema en términos de condicionamiento para avanzar en determinadas reformas y en la redistribución del presupuesto?

El próximo gobierno va a volver a ingresar con una situación fiscal compleja, veremos cómo evoluciona el año que viene, que puede haber también alguna sorpresa positiva. Además, si bien los fiscal no va a ser holgado para nada, sí va a ser sustancialmente mejor el riesgo país y las condiciones de toma de crédito.

De todos modos, hay espacio para tener un Estado más eficiente en varios sentidos, pero en uno en particular, que es que tenemos muchas actividades que son hechas por varios organismos independientes, con tareas asimilables. Lo que proponemos es la posibilidad de fusionar organismos del Estado para darle más potencia a las acciones, además de la búsqueda de otras fuentes de recursos que no podrán implicar la suba de impuestos.

— Las partidas presupuestarias y el gasto están asociados también a la gobernabilidad y a la votación de ciertas leyes, ¿esto puede condicionar también el margen del próximo gobierno para la implementación de las reformas?

De cara al próximo gobierno, creo que sí, y es lo que pasó en este gobierno. El ejemplo más claro es la reforma de la seguridad social, que era para ahorrar 1.500 millones de dólares y terminó generando 100.000, ¿por qué? Porque en el camino fueron quedando prendas.

Eso es una dificultad de gobernabilidad que va a existir, es evidente, por eso me parece clave que la claridad de ideas esté en el primer año. Hay algún escenario en que se puede pensar en una mayoría parlamentaria, pero creo que es el menos probable, por lo que hay que reconstruir y esas construcciones siempre son endebles. El primer año es el momento en el que tenés que tratar de procesar esas cosas más difíciles, ponerlas en la mesa y avanzar.

El manejo fiscal va a ser de los desafíos más grandes que va a tener el próximo gobierno, que no va a arrancar con las cosas fáciles; que va a tener cinco años que en principio no van a ser maravillosos desde el punto de vista de las condiciones internacionales; y que siempre hay un manejo de poder y de temas populares a través de los recursos. En esto es donde hay que profundizar más allá de lo que proponemos en el documento.

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