La Armada de Uruguay sigue sin buques y el gobierno busca soluciones donde pueda encontrarlas, la última oferta sobre la mesa viene del Reino Unido: tres patrulleros de altura clase River Batch 1, los HMS Tyne, Severn y Mersey, por un total de 60 millones de dólares.
Reino Unido ofrece tres patrullas oceánicas, pero la Armada advierte que no cumplen sus requisitos mínimos
Las unidades carecen de hangar para helicópteros, una capacidad que los mandos navales consideran "excluyente" para la vigilancia.
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Los buques HMS Tyne, Severn y Mersey operan actualmente para la Royal Navy y estarían disponibles para Uruguay a partir de 2028.
El gobierno está analizando la propuesta, pero la propia fuerza naval pone una señal de alerta clara: estas embarcaciones no cuentan con hangar ni plataforma para operar helicópteros embarcados, una capacidad que la Armada considera un requisito mínimo para sus buques de patrulla oceánica.
Para entender por qué Uruguay está evaluando una oferta que no cumple sus propios requisitos, hay que conocer el estado actual de la fuerza naval. La flota uruguaya se encuentra en condición crítica por la falta de buques, con apenas dos antiguos barreminas convertidos en patrulleros operando al final de su vida útil, lo que ha dejado a la Armada básicamente sin capacidades operativas de altura.
El camino hasta llegar a esta situación es largo y está marcado por frustraciones acumuladas. Tras más de una década de intentos fallidos de renovar la flota, el gobierno anterior firmó en 2023 un contrato con el astillero español Cardama por dos patrulleros oceánicos por 82 millones de euros, con capacidad para helicópteros y armamento moderno. Ese contrato colapsó y fue cancelado por la actual administración, sin que existan soluciones claras a corto plazo. El gobierno manifestó tener al menos dos alternativas y la oferta británica es una de ellas.
Qué son los River Batch 1
Los tres buques ofrecidos por el Reino Unido (Tyne, Severn y Mersey) son la espina dorsal de la Royal Navy en tareas de patrulla costera y lucha contra la pesca ilegal desde hace más de dos décadas. Construidos por Vosper Thornycroft y entregados originalmente bajo un formato de arrendamiento, fueron finalmente adquiridos definitivamente por el Reino Unido en 2012. Los británicos tienen previsto darlos de baja en 2028, lo que abre la ventana para su transferencia.
Sus especificaciones son las de un patrullero costero robusto: 1.770 toneladas de desplazamiento, 79,5 metros de eslora, velocidad máxima de 20 nudos y una autonomía de 7.800 millas náuticas a 12 nudos, suficiente para operar en el Atlántico Sur. La tripulación es de 30 efectivos con capacidad de alojamiento para 48. El armamento: un cañón Oerlikon de 20mm y sistemas de navegación y patrulla estándar, aunque recientemente se han incorporado sistemas electroópticos ligeros para mejorar las capacidades de vigilancia.
Sin helicóptero, sin misión completa
La limitación crítica de estos buques es que no cuentan con capacidad para operar helicópteros embarcados, más allá de una plataforma básica para reabastecimiento vertical (vert-rep). Este detalle no es un capricho técnico: en todas las licitaciones anteriores de Uruguay, la disponibilidad de hangar y plataforma de vuelo fue una condición considerada excluyente.
La razón es operativa. En el vasto espacio marítimo que debe vigilar Uruguay, incluyendo la Zona Económica Exclusiva y las aguas de interés en el Atlántico Sur, un helicóptero embarcado multiplica exponencialmente el radio de detección del buque. Como destacó en su momento el propio Comandante de la Armada, almirante Jorge Wilson, al referirse a los patrulleros Cardama: el helicóptero "amplía su radio de detección mediante el empleo del radar de búsqueda de superficie más allá del radar que tiene el buque". Sin esa capacidad, los River Batch 1 solo podrían cumplir algunas de las tareas encomendadas a la fuerza naval.
Un dilema sin buena solución a la vista
La oferta británica pone al gobierno uruguayo ante una disyuntiva incómoda. Por un lado, la Armada necesita buques con urgencia: sus barreminas convertidos en patrulleros están operando al límite de su vida útil y cualquier incidente puede dejar a la fuerza sin capacidades mínimas. El reciente accidente con la lancha rápida ROU 10 Huracán durante una maniobra de ingreso a dique, que la dejó fuera de servicio por tiempo indeterminado, ilustra la fragilidad del sistema.
La propuesta no ha transitado aún por etapas formales de evaluación técnica dentro de la estructura de la Armada, lo que subraya el carácter excepcional, y todavía preliminar, de la negociación.
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