Consumo comparativo por país demuestra la baja incidencia de las carnes sustitutas en el país.
El problema de los precios crecientes de la carne vacuna es una clásica paradoja entre oferta y demanda.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La demanda mundial ha venido creciendo sostenidamente. Sin embargo, los principales productores de carne vacuna han visto reducida su oferta. Estados Unidos, que exportaba algo más de 1.000.000 de toneladas, sólo lo está haciendo por un volumen de algo más de 300.000 toneladas como consecuencia del cierre de gran cantidad de mercados debido al problema de la «vaca loca». Brasil, el principal exportador mundial con 1.800.000 toneladas, por su parte, tiene vedado el acceso a muchos mercados por la aparición de varios focos de aftosa.
Merece una especial mención el comportamiento de la Unión Europea que en la década pasada era un exportador de más de 1.000.000 de toneladas y en el año 2003 fue un importador neto de 75.000 toneladas, llegando a 375.000 toneladas en el año 2005.
El caso de la Argentina es particularmente llamativo.
Hasta 1971 éramos el primer exportador de carne vacuna del mundo, pero en ese momento fuimos sobrepasados por Australia y, luego, también por Brasil y los EE.UU. Las existencias de vacunos están estancadas desde ese entonces en algo más de 50 millones de cabezas.
Desde el lado de la demanda, otros factores que también influyen en el alza de los precios de la carne vacuna son el incremento generalizado de los commodities como resultado de la creciente debilidad internacional del dólar y los temores relacionados con la fiebre aviar que llevan a sustituir la carne de pollo por otras carnes, incrementando así la demanda de carne vacuna.
Todo este efecto precio se ha visto potenciado en la República Argentina como consecuencia de la devaluación y su incidencia sobre los salarios en relación con los productos transables internacionalmente.
Asimismo, la situación política se torna particularmente vulnerable si se tiene en cuenta que la Argentina es el país que más carne por habitante consume en todo el mundo. De allí, el desesperado esfuerzo del gobierno por mantener el precio de la carne vacuna bajo mediante retenciones a las exportacionesy luego la prohibición lisa y llana de exportar. Sin embargo, estas medidas están lejos de ser una solución adecuada al problema. Al reducir drásticamente el precio interno de la carne, se reducen también drásticamente los incentivos para producirla.
Adicionalmente, la prohibición de exportar contribuye a cerrar los mercados externos cuya apertura tanto ha costado al país, lo que disminuye sustancialmente el ingreso de divisas por exportaciones así como el desarrollo de un sector pujante con un altísimo empleo indirecto, especialmente en el interior del país.
Inseguridad jurídica
Sin mencionar el efecto político en las negociaciones internacionales sobre restricciones y subsidios a la actividad agropecuaria. Como es sabido, la incidencia de la inseguridad jurídica es enorme en el sector ganadero en razón del prolongado período de producción que requiere poner un bife a disposición del consumidor.
Desde esta perspectiva política, una solución técnica adecuada al problema debería incluir un precio interno reducido en beneficio de los consumidores locales, una política pro exportadora en beneficio de los productores y trabajadores directos e indirectos. Una parte importante del interior del país vive en función de la actividad agroganadera.
Mantener un precio relativamente bajo de la carne vacuna en el mercado doméstico sin desalentar las exportaciones requiere disminuir parcialmente la demanda local de carne vacuna incrementando la oferta de otras carnes a buen precio.
La Argentina tiene el consumo anual más alto del mundo de carne vacuna por habitante, 65 kilos, seguido por Estados Unidos con 44 kilos y Uruguay que consumía 45 kilos y ahora consume sólo 24 kilos. El consumo de cerdo, por su parte, es increíblemente bajo, consumiéndose 6 kilos por habitante por año de los cuales 4 kilos por habitante por año son chacinados.
La Argentina es seguramente el más eficiente productor mundialde carne vacuna a pasto, pero en las actuales circunstancias de competencia por la tierra entre la agricultura y la ganadería, la única forma de aumentar la producción es con el engorde y/o terminación a corral. Lejos de ser esto una desventaja, constituye una ventaja importante en el contexto actual dado que el grano está subsidiado en el mercado doméstico por efecto de las retenciones a las exportaciones de granos.
Ahora bien, el factor de conversión de grano en kilo de carne del ganado vacuno es mucho más alto que el de las aves o inclusive el ganado porcino. En la actualidad, se necesitan aproximadamente 6 kilos de granos para producir 1 kilo de carne vacuna, mientras que para producir 1 kilo de carne de cerdo o pollo se necesitan algo más de 3 y 2 kilos de grano respectivamente.
El cerdo y la avicultura tienen una ventaja adicional dado que son de multipariciones anuales, contra la monoparición del ganado vacuno, y tienen un período de producción relativamente menor. Mientras que un cerdo demora solamente 180 días desde su nacimiento hasta que esta listo para su consumo, siendo este plazo aún menor el caso del pollo, el ganado vacuno requiere como mínimo 2 años hasta su terminación.
De esta forma, ya están naturalmente dadas las condiciones de mercado para una sustitución importante de carne vacuna por carne porcina o de pollo. Una reducción artificial del precio de la carne vacuna, que no es sostenible en el mediano y largo plazo, no hace otra cosa que posponer el desarrollo de los sectores productores de cerdo y aves, obstaculizando la tan necesaria sustitución.
Además de la reducción de la demanda local mediante sustitución por otras carnes, también es posible aplicar otras medidas destinadas a mantener el precio interno de la carne a niveles accesibles sin tener que recurrir a medidas restrictivas de las exportaciones.
Bajo el sistema de comercialización de media res actual los distintos cortes son distribuidos por igual en las diferentes carnicerías del país. Como todas ellas reciben la media res, ello lleva a que cortes de exportación relativamente caros sean asignados por igual tanto a las carnicerías ubicadas en zonas de alto poder adquisitivo como a las ubicadas en zonas de recursos bajos. El resultado es que los cortes que no se comercializan internacionalmente, como la nalga y el asado, se venden más caros en las zonas de bajos recursos dado que allí existe un exceso de demanda de esos cortes.
Asignación por cortes
Al mismo tiempo, las carnicerías ubicadas en zonas de alto poder adquisitivo no alcanzan a satisfacer la demanda de cortes de mayor calidad como el lomo que es un corte de exportación.
La asignación óptima de los cortes requiere que la comercialización se haga por cortes y no por media res para que cada carnicería pueda adquirir aquellos cortes que son más demandados. El resultado esperable será un incremento en el precio de los cortes de exportación y una reducción en el precio de los cortes destinadosal mercado local.
De esta manera, aun cuando el promedio del precio de la carne se mantenga la brecha entre cortes de exportación y cortes domésticos se incrementará. Pero, en todo caso, el precio relevante será el de los cortes domésticos y no el de los cortes exportables cuyos consumidores pueden y prefieren pagar un mayor precio.
Hay dos temas que no podemos dejar de mencionar si se pretende mantener una política que promueva la exportación al mismo tiempo que defiende a los consumidores del mercado interno:
Política sanitaria. El SENASA deberá actuar con el máximo rigor en los controles sanitarios a toda la industria sea ésta consumera o exportadora. No es posible que los controles sanitarios sean superiores para la exportación que para el consumo interno, pues esto genera grandes dudas sobre la seriedad de la Argentina en las misiones internacionales que controlan las habilitaciones de las plantas frigoríficas para la exportación a sus países. El temor es que carne con menores controles sanitarios pueda filtrarse con destino a exportación.
Política impositiva. El IVA generalizado en la década del 90 ha demostrado no cumplir con el objetivo de neutralidad propuesto. La cantidad de retenciones, pagos a cuenta, demoras en la devolución y falta de compensación adecuada que ha impuesto la AFIP para tratar de controlar la evasión ha generado como resultado no deseado una distorsión fenomenal en la cadena productiva, tanto en las carnes como en todos los productos primarios que se exportan.
Dejá tu comentario