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16 de mayo 2006 - 00:00

"El gobierno se queda con la renta y con la tierra"

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El gobierno se queda con la renta del campo, indica el dirigente rural. Argumenta que esta actitud de las políticas públicas genera concentración de la riqueza.
El otro día, cuando se generó la polémica por si fue acertado o no pedirle la renuncia a la diputada María del Carmen Alarcón como presidenta de la Comisión de Agricultura y Ganadería de la Cámara de Diputados, un dirigente opinó que le pareció bien, ya que la diputada no respondía al sector por haber rechazado el Proyecto de Ley de la extranjerización de las tierras.

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Lo que no escuché decir a este dirigente es que el problema nace porque el gobierno se está quedando con la «renta» del campo, lo que indudablemente nos está llevando a que las tierras queden en manos de unos pocos con una mayor concentración de la riqueza, o son vendidas a extranjeros que vienen a invertir en el país, en muchos casos, ante la imposibilidad de retenerlas por el pequeño y mediano productor. Con seguridad, si el productor tuviera rentabilidad, no habría ventas y las tierras cumplirían con el propósito de quienes las poseen, que es el desarrollo social, cultural y económico del individuo y del medio ambiente que lo rodea.

Pero cuando la rentabilidad se convierte en una ecuación financiera, comparándose con los rendimientos de las tasas internacionales, la posibilidad de subsistencia se enmarca en una producción de escala, desplazándose del sistema al pequeño y mediano productor.

Quedarse, como está sucediendo con el gobierno nacional, con la «renta» de la tierra es prácticamente igual que quedarse con la tierra.

  • Condición de vida

  • Esto se explica porque para el productor la renta es su condición de vida; el no tenerla significa para él no poseer cierto confort en el campo o resignar el estudio de sus hijos o, lo que es peor, dejarle a sus hijos, en definitiva, los verdaderos dueños del campo, tierras destruidas, ya que ante la imposibilidad de incorporar los nutrientes que sacan sus cultivos o pasturas, por no permitirlo los márgenes económicos, opta por hacer minería, considerando como ganancia a parte de sus suelos.

    Mi abuelo siempre me decía: «En cada tarro de leche se te va una parte del campo». Ahora podemos afirmar que con cada tarro de leche, con cada camión de granos o con cada jaula de novillos se nos va una parte del suelo, nos quedamos con menos nutrientes, ante la imposibilidad de incorporarlos por que el Estado se nos queda con la «renta».

    Para ser más gráficos, entre los nutrientes que se necesitan para lograr la cosecha que obtenemos en la Argentina y los que incorporamos, hay una diferenciaque si la evaluamos en dinero es de cuatro mil quinientos millones de pesos; si la dividimospor las 30 millones de hectáreas que se cultivan en el país, el valor que perdemos de nutrientes es de 150 pesos por hectárea.

    Si de una soja de 25 quintales por hectáreas en campo propio, vendiéndola a 52 pesos por quintal obtenemos 1.300 pesos por hectárea, de los cuales 450 pesos por hectárea son de gastos de implantación y desarrollo del cultivo, 120 pesos por hectárea de gastos de cosecha, 100 pesos por hectárea de transporte al puerto, 40 pesos por tonelada en 300 kilómetros, 60 pesos por hectárea de acondicionamiento y comercialización y 100 pesos por hectárea de costos fijos ( empleados, mantenimiento, asesoramiento contable y técnico, etc.) nos queda un total de 470 pesos por hectárea, que al restarle 16 pesos por hectárea del impuesto al cheque, 1,2% del movimiento de dinero, y 164 pesos por hectárea del Impuesto a las Ganancias, 35% de los 470 pesos por hectárea, el resultado final sería de 290 pesos por hectárea.

    Si a esta ganancia hipotética de esta hectárea de soja le restamos los 150 pesos por hectárea que se pierden de nutrientes, el ingreso real sería de 140 pesos por hectárea.

    Lo peor es que si a los 16 pesos por hectárea del impuesto al cheque y a los 164 pesos por hectárea del Impuesto a las Ganancias le sumamos los 350 pesos por hectárea de las retenciones, el gobierno nacional se queda con 530 pesos por hectárea; es decir, 41% de los ingresos brutos o 378% más que el ingreso del productor. ¿Quién se queda con la renta de la tierra?

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