20 de octubre 2005 - 00:00

Arde París: entre historia e histeria

El conflicto con Aguas de Suez ha comenzado a transitar por risueños andariveles políticos, que derivaron en una protesta de la senadora Cristina Fernández al gobierno galo reafirmando la soberanía argentina. Por supuesto que a la Cancillería francesa nunca se le ocurrió poner en duda la soberanía argentina.

Simplemente, Francis Lott habló en un seminario con empresarios franceses interesados en invertir en la Argentina, mencionó el incremento de las inversiones privadas francesas aquí y, como no podía ser de otra manera, enmarcó el conflicto de Aguas de Suez en donde debe estar: a ningún gobierno populista le cae bien anunciar un incremento de tarifas antes de las elecciones. Las cuestiones para el análisis son la respuesta francesa y las consecuencias del retiro de Aguas de Suez.

La respuesta de la Cancillería francesa es obvia por sus muchos años de experiencia diplomática, en las ex colonias en Africa, cuando Idi Amin y otros líderes reclamaban «soberanía» al gobierno galo, éste siempre afirmaba «respetar plenamente» la soberanía de las ex colonias, no sea cuestión de que algún ciudadano francés estuviera en un safari, fuera apresado por la policía local, cocinado en una olla delante de los brujos de una tribu, y el Elíseo debiera cargar con las culpas.

Desde esa óptica, el reclamo argentino quedó en un plano de semejanza al «rugido del ratón», cuando Peter Sellers se paseaba por New York con una «bomba atómica». Lo único que Lott dijo a sus ciudadanos de una manera elegante es que no hagan negocios donde intervenga el gobierno argentino.

• Consecuencias

Otra cosa son las consecuencias. El juicio que pueda ser planteado por Aguas de Suez ante el CIADI es irrelevante desde el punto de vista económico, si se lo compara con las posibles consecuencias de una intervención estatal en la compañía. Aguas de Suez es la quinta empresa francesa que hace las valijas y se retira, luego de que los franceses fueran los primeros inversores extranjeros en la década de los '90: la experiencia anterior -el Crédit Agricole, que había adquirido el Banco Bisel, el Banco de Entre Ríos y el Banco del Suquía- puede servir de ejemplo.

Crédit Agricole es un banco con amplia experiencia en financiar al sector agroindustrial y una importante participación en negocios de alto valor agregado en un país que exporta u$s 385 mil millones, más de 10 veces las exportaciones argentinas. Compró tres bancos en la Argentina y conformó una notable red de sucursales en el eje Entre Ríos-Buenos Aires-Santa Fe-Córdoba. Cuando Remes Lenicov dispuso la « pesificación» aduciendo que la Argentina debía ser un «país normal» y el BCRA se incautó de sus dólares a $ 1,40, los miles de depositantes corrieron a los tribunales a reclamar sus depósitos, los jueces ordenaron la restitución y amenazaron a los directivos a que «trajeran la plata» de Francia para que no los encarcelaran por desobediencia. Los directivos solicitaron al BCRA redescuentos, pero el BCRA les contestó (para limitar la expansión monetaria, por la «soberanía argentina») que les prestaría una suma similar a la cantidad de plata que «trajeran de afuera», como si los miles de dueños del Crédit Agricole en Francia estuvieran bajo tal soberanía. Los directivos tomaron una suite en el Hyatt (porque está a metros de la embajada), practicaron el inventario de los bancos y huyeron un viernes en el primer vuelo a París que pudieron abordar. Como el inventario de los caños, las canillas y los repuestos de Aguas Argentinas es algo más complicado que el inventario sistematizado de tres bancos, Aguas de Suez deberá esperar unos meses.

La «solución» argentina fue crear tres «nuevos bancos» con los mismos nombres de los anteriores, administrados por tres sociedades anónimas subsidiarias del Banco Nación y cediendo el activo al mismo Nación como fiduciario, en un artificio jurídico no del todo alineado con la ley de entidades financieras y la ley de fideicomisos. Los dos bancos menores (BERSA y Suquía) fueron vendidos tres años después, con enormes pérdidas operativas. El Bisel sigue en manos del Nación, «asistido» por el BCRA por casi u$s 50 millones para evitar su liquidación, ante las pérdidas ocasionadas por su pésima administración después de 2003, primera vez en la historia que el BCRA asiste a los mismos accionistas que fundieron un banco sin obligar a la venta de sus acciones.

El problema sucederá cuando los nuevos funcionarios a cargo de Aguas Argentinas quiebren la compañía. Un banco menos puede implicar un problema laboral, pero la falta de agua puede ser algo más grave. Es evidente que a los argentinos no nos gusta la historia que con duro brazo muestra el camino de la realidad. Preferimos la histeria, un comportamiento irracional que nos permite ocultar la verdad mientras nos empobrecemos.

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