17 de mayo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Los de adentro no se engañan. Hay inquietud seria por las secuelas que ha ido dejando el violento decaer del mercado y la ausencia de todo piso firme, aunque se hayan traspasado marcas que nadie se podía imaginar. Especialmente, en el ultrarriesgoso segmento de las « opciones», en siguiente medida el de «cauciones», se formalizan dificultades por los requerimientos de garantías y que pueden ir estallando sobre la operativa habitual. Liquidaciones forzadas, llevándose por delante cualquier actitud razonada de la oferta para no causar brechas más amplias, sucumben cuando surgen las partidas sin límite y que deben hacerse líquidas para cubrir imposiciones.

Probablemente, se haya visto más acentuada en la rueda del miércoles, donde el índice cayó como desmayado hasta la zona de casi perforar los «900» puntos. Y, después de asimilar a lo forzado, recomponerse nafta más sobrias 940 puntos, con baja de 1,61%. Lo que nadie duda es que se produjo la temida, y casi siempre neutralizada corrección mayor, que venía perfilándose de enero hacia adelante. La tendencia se puso del lado contrario, aunque aparecen rasgos de rebotes y de mejorías. Primero, cuando se pueda reordenar el movimiento y hacer calzar a los fallidos, a los grandes perdedores del alto riesgo que no pudieron soportar lo necesario. Después se verá en qué estado puede quedar la plaza y tratar de reconstruir, con operaciones apadrinadas por la tranquilidad.



A mes y pico de tener que festejar el «sesquicentenario» de nuestra Bolsa de Comercio, es una fatal coincidencia que caiga sobre el mercado una plena tendencia de flojedad. Salvo para recordar los primeros tiempos de la historia, cuando todo debió construirse con modestísimos instrumentos y en un escenario político de lo más tenso -1854- a dos años de la batalla de Caseros: con la Bolsa debiendo alquilar modesta casa para dar inicio a sus operaciones, mientras en la sociedad se establecían fuertes diferencias políticas y aprestos bélicos. Pero así están las cosas, y dentro de un marco reducido se pueden realizar reacomodamientos a cifras más tranquilizadoras, con una detención de la oferta y alguna mediana incursión de la demanda. Sucede que muchos operadores tienden a creer que el mercado está «muy mal» cuando baja y está «muy bien» cuando sube. Y se apresuran reacciones que no están en tiempo, engendrando recaídas que duelen más que las bajas iniciales. Muchas veces se da que un índice alcista está mal y una rueda con bajas es valiosa: según se acomoden los elementos y el desarrollo. La ansiedad, el intenso temor, la desesperación de algunos, suelen fabricar microclimas artificiales y que terminan por volatilizarse ante un primer ataque vendedor. Así no sirve. Sólo dejando decantar, para que el mercado recobre lo horizontal con firmeza, permite el aumento vertical posterior.


Dejá tu comentario

Te puede interesar