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Entre los méritos, como un real aporte para el futuro argentino, señalamos uno principal: dijo y demostró que era cierto que no hay que ser tan lacayo -y menos desde la presidencia de la Nación- para negociar con el extranjero.
Los ataques a la «década del '90» son realmente una estupidez proveniente de la izquierda enfermiza. Pero sí es cierto que entregando tanto como entregó Carlos Menem se felpudeó en exceso frente al extranjero; que a cambio de ser invitado y recibido hasta fastuosamente no resguardó ni condicionó en casi nada a los extranjeros. La década del '90 fue buena, sin duda, en cuanto modernizó al país, terminó con las empresas públicas deficitarias devastadas por los sindicalistas enriquecidos, llenó el país de autopistas, terminó la Biblioteca Nacional luego de 45 años de obras, trajo a empresas tecnología industrial de supervanguardia.
Pero fue excesivamente débil el gobierno Menem para negociar cuando entregaba verdaderas joyas para capitales de inversión extranjeros como teléfonos, empresa estatal de petróleo de un país que lo tiene, distribución de gas y energía en Nación rica también en esto a nivel de tener dos centrales nucleares. No hubo que ser tan dadivoso y sí más exigente en los '90 si se cedía tanto, aunque fue y sigue siendo un buen negocio para el país privatizar.
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