Berlín: David ganó a Goliat con Osos a Latinoamérica

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Berlin (Enviada especial) - La noche gélida del sábado disuadió al público de agolparse en la plaza Marlene Dietrich para seguir en una pantalla gigante los detalles hollywoodenses de la entrega del Oso de Oro; adentro, una gran calidez y la sensación de que David había vencido a Goliat. El jurado de esta 59° edición del festival anunció los premios durante una ceremonia que congregó a las grandes figuras del cine alemán, y también a las nuevas, directores y actores que ya tienen peso propio.
El Oso a la mejor película le correspondió a «La teta asustada», una producción hispano-peruana dirigida por Claudia Llosa --sobrina tercera de Mario Vargas Llosa, según recordó en la rueda de prensa-. Rodada en un barrio proletario de Lima, con cariño antropológico y sólidas amarras en la ficción, este drama costumbrista cuenta el viaje interior de Fausta, una india del Ande, desde el miedo y la ignorancia paralizantes al mundo moderno y urbano.
El título alude a una creencia indígena sobre una enfermedad trasmitida de madres a hijos a través del amamantamiento. La película amalgama -con notable madurez, teniendo en cuenta que es el segundo largometraje de su joven directora- las vivencias y tradiciones del mundo pre-hispánico con la realidad peruana del siglo veintiuno.
A diferencia del cine latinoamericano de denuncia política, la realizadora elige (como el brasilero Walter Salles o nuestra Lucrecia Martel) explorar un mundo en toda su complejidad, sin hacer estridente el costado sociopolítico. El viaje de la protagonista tiene un final esperanzado, y la odisea de un ser pequeño, que se va animando a decir sí a la vida, alcanza dimensión universal.
El realismo mágico implícito en el título está representado por una papa que simboliza, dentro del cuerpo de la protagonista, el tapón que Fausta se ha puesto para mantener la modernidad a raya. Es su propia familia, quechua e hispano-hablante, la que la empuja a vivir en ambas culturas.
Gigante
«Gigante», la cálida comedia costumbrista argentino-uruguaya de Adrián Biniez -que comentamos en nota anterior- compartió el Oso de plata del jurado con la alemana «Alle Anderen» («Todos los demás»), radiografía minuciosa de una pareja en crisis -el que no estén casados y no tengan hijos define la dinámica específica de la relación. Ambas películas reflejan, en última instancia, el contexto nacional y cultural en que se insertan: el mundo hispano es una comunidad donde no se está solo; el germano es de una aislación cuasi paralizante.
«Gigante» también recibió el importante premio Alfred Bauer, en memoria del fundador del festival, otorgado a una obra inovadora. Lo compartió con «Tatarak» (traducción literal del polaco «juncos»), un drama de Andrzej Wajda, que combina la historia de una mujer al borde de la muerte (Krystyna Janda, dirigida por Wajda en «El hombre de mármol») con el relato de la propia actriz sobre la muerte reciente de su marido.
Una obra intimista, sobria temática y estéticamente, «Tatarak» es innovadora de manera distinta a «Gigante», comedia romántica de pincelazos mínimos. El director/guionista construye la protagonista femenina sin darle nunca la palabra, sólo a través de cámaras de seguridad y de lo que opinan los demás. «Gigante» recibió un tercer premio, a la mejor opera prima. Es el único otorgado por el jurado oficial que conlleva una suma de dinero, 50.000 euros.
El Oso de plata a la dirección lo recibió Asghar Farhadi por «About Elly», notable manejo de un crescendo de crisis varias en un grupo de amigos de clase profesional. La película habla, en última instancia, sobre el estatus de la mujer en el Irán de hoy.
La alemana Birgit Minichmayr recibió el Oso de plata a la mejor actriz, por «Alle Anderen», y el norafricano Sotigui Kouyate por «London River», una visión de los atentados terroristas en Londres en 2005, a través de un padre que busca a su hijo, sin saber, inicialmente, si qué papel jugó en los mismos. La dignidad serena del protagonista confiere a la historia su doliente humanidad.
El film norteamericano «The Messenger» («El mensajero») fue distinguido con el Oso de plata al mejor guión. Irónicamente, Oren Moverman, que escribió y dirigió el film sobre un soldado que retorna de Afganistán, es israelí y su co-guionista Alessandro Camon, italiano.
Durante diez días se vieron casi 400 películas, en su gran mayoría estrenos. Entre el festival y su mercado de cine, la Berlinale acreditó a 20.000 invitados. Según las cifras oficiales se vendieron 270.000 entradas. Una vez más, el certamen cumplió su cometido. Y a los premiados del Cono Sur el mundo cinematográfico internacional les ha abierto las puertas de par en par.

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