4 de agosto 2010 - 00:00

Bicentenario mexicano se celebra con Sor Juana

Wilfredo Murillo Soto, director general de Cómicos de la Legua, y Román García, puestista de la obra «La secreta amistad de Sor Juana y Dorotea».
Wilfredo Murillo Soto, director general de Cómicos de la Legua, y Román García, puestista de la obra «La secreta amistad de Sor Juana y Dorotea».
México también está de festejos este año: celebra el Bicentenario de su independencia el 16 de septiembre y el centenario de la Revolución mexicana el 20 de noviembre. Sumándose a su programa cultural, llegó a Buenos Aires el grupo más antiguo de ese país, Cómicos de la Legua, fundado hace 51 años por Hugo Gutiérrez Vega, quien fue luego embajador de México en diferentes países. La compañía se presenta en dos únicas funciones (ayer fue la primera y hoy la última) en el Teatro del Pueblo, con «La secreta amistad de Sor Juana y Dorotea» del dramaturgo mexicano Guillermo Schmidhuber.

Dialogamos con Wilfredo Murillo Soto, director general de Cómicos de la Legua, y Román García, director de la obra, sobre la vigencia de Sor Juana Inés de la Cruz y el teatro mexicano.

Periodista: ¿Los Cómicos de la Legua es una compañía estatal?

Wilfredo Murillo Soto:
Contamos con el subsidio de la Universidad Autónoma y el municipio de Querétaro. Desde luego, somos un grupo que no se rige por metas económicas; es más, nos autodenominamos amateurs, pues todos los integrantes conservan sus otros trabajos para sustentarse. Formar parte de este grupo responde a cuestiones de pertenencia y de hobbie. Claro que esto no implica que se trabaje de manera amateur pues todos tienen el compromiso, la disciplina y seriedad.

Román García: Aunque Wilfredo refiera que es un grupo amateur, debo decir que Cómicos de la legua es el único que ha trabajo con absolutamente todos los directores más consagrados de México. La denominación amateur es porque no son dedicados de tiempo completo a la profesión, pero eso no se advierte sobre el escenario, donde son profesionales.

P.: ¿Qué corriente teatral predomina hoy en el teatro mexicano?

R.G.:
Hay un abanico muy grande, en el que predomina una corriente fuerte de jóvenes dramaturgos menores de 30 con temáticas vigentes, pero que manejan un lenguaje más descuidado, más inmediato. Los dramaturgos más clásicos sí tienen respeto por la estructura y el trabajo de profundidad e investigación, el lenguaje es más acabado, y existe un conocimiento más técnico. Afortunadamente mi escuela y raíz es la clásica, soy más cuidadoso de los textos, con dramaturgos clásicos, universales o contemporáneos, pero diferente de los nuevos dramaturgos que se empecinan en hacer todo con inmediatez.

P.: Muchos argentinos trabajan en la TV y cine mexicano, ¿a que lo atribuyen?

W.M.S.:
A la universalidad de los medios, Televisa vende sus productos en el mundo, entonces le interesa que no sólo haya personajes mexicanos sino también otros. Hace cuatro años veía aquí El chavo del 8 e insisten en lanzar novelas mexicanas.

P.: ¿Y el cine?

R.G.: Sigue fuerte, después de una decadencia de muchos años dedicados a hacer malas películas. Nuestro cine está vigente en festivales y están muy bien posicionado. En cine nos defendemos más que en teatro, donde todo funciona como los espectáculos de toros, tienes que ir todos para detectar cuál es la buena corrida.

P.: ¿De qué trata la obra que trajeron?

R.G.:
El autor traza un paralelismo entre las vicisitudes que tuvieron que enfrentar tanto Sor Juana, como mujer y escrito4ra genial, y Dorothy Schons, una escritora norteamericana de los años 20. Entre ambas vidas hay similitudes porque Schons también tuvo impedimentos para realizarse en el seno de la universidad como catedrática; siempre se le cerraron las puertas por sus ideas en el cerco masculino. Propuso que se estudiara Sor Juana Inés de la Cruz en la Universidad y desde luego se lo negaron, no le iban a dar trascendencia a una mujer, que escribía literatura y menos mexicana.

P.: ¿El autor ya había investigado a fondo a Sor Juana?

R.G.:
Es investigador y rescató textos perdidos de Sor Juana. En este texto se muestra a esta mujer como individuo, no feminista sino más bien inteligente, en un ámbito masculino. No se pondera el hábito masculino como inquisidor de las pobres y melodramáticas mujeres sino el diálogo.

P.: ¿Cómo trabaja el grupo en México?

W.M.S.: Brindamos funciones en todo el país, en iglesias, cárceles, escuelas y en nuestro teatro. Lo de la cárcel es raro porque mientras uno está actuando tal vez aparece un loco que viene con un foquito ofreciendo vendértelo. Puede pasar cualquier cosa, pero a la vez uno advierte que son lugares donde la gente que vivirá encerrada ahí por siempre necesita de ese poco de cultura y esparcimiento que le acercamos. Cuando actuamos en el campo, los campesinos nos pagan con un fruto de su región, no tienen más que darnos, nos ofrecen una tuna, un fruto muy dulce.

P.: ¿Fue complicado realizar este viaje por sólo dos funciones?

W.M.S.: Por el trabajo que hacemos se nos hizo relativamente fácil traer el grupo en sus presentaciones exclusivas en Buenos Aires. Contamos con un grupo infantil de teatro para niños, uno juvenil donde trabajan 40 jóvenes, otro para adultos con gente que lleva 50 años en el grupo a quienes llamamos decanos, y luego vengo yo, que tengo 42 años en el grupo. Normalmente quienes comienzan en el grupo siguen. Hay veces que por cuestiones de trabajo uno se retira pero luego vuelve. Mientras nosotros actuamos acá con 8 integrantes la compañía cuenta con más de 120.

P.: La compañía visitó cuatro veces la península Ibérica, Estados Unidos y todas los países de Latinoamérica excepto Chile, Paraguay, Uruguay y Argentina. ¿Cómo surgió esta visita?

W.M.Soto:
Conocimos al dramaturgo Schmidhuber en una puesta nuestra en Guadalajara y se conmovió tanto con esta versión que nos propuso viajar a la Argentina. El viene mucho al país para participar de diversos foros de dramaturgos, y así se gestó el proyecto de esta visita.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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