13 de octubre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

El mundo sigue a la deriva, las ideas brillantes no aparecen y se acaba de premiar con el Nobel a dos economistas, que desarrollaron trabajos en los 70 y los 80, queriendo la comunidad internacional extraer explicaciones para el estallido de la crisis que nos acompaña.

El simple mortal podría decirse: «¿Si no entienden todavía qué fue lo que sucedió, de qué modo hallarán las soluciones?». Nos da para la comparación con un médico que, sin llegar a saber qué enfermedad aqueja al paciente, le organiza un «cóctel» de medicinas de las llamadas «de amplio espectro». Una suerte de perdigonada, para ver si se acierta en el blanco. De tal forma nos luce la situación, de los gobiernos y las economías al día de hoy, donde lo único que surge es el pedido de inundar de dinero los canales financieros, salvar a los del sector bancario, sin nada para proponer en cuanto a recobrar energía que estimule a mejorar a las sociedades. Y bien, con el mundo a la deriva, se ve una serie de botecitos bursátiles que también navegan sin timón, dejándose llevar por el viento del momento. El natural, que casi no mueve una vela, o el artificial. Tomar un mensaje ambiguo, de alto funcionario, darlo vuelta, adornarlo con lentejuelas billantes y lanzarlo a las pantallas y medios, como un «notición» positivo.

La necesidad cada vez más desesperante de operadores que ven cómo sus clientes se despegan de las posiciones hace que a pesar de no creer en los «pececitos de colores» que se dibujan, se los tenga por verdaderos. Con tal de salvar una rueda, acaso si da para una semana. Y, por ahora, sin imaginar que dure para un mes entero.

Solamente cabe la clásica recomendación de comprar en los peores tiempos, para hallarse con una gran diferencia cuando el ciclo se dé vuelta. Para eso es preciso poseer mucha más paciencia que dinero, acaso pasar a medir el tiempo en años y no en meses. Y tratar a lo bursátil como otro tipo de activos -caso de lo inmobiliario- donde se analizan bien las compras, se ingresa a dar el paso y -después- simplemente se aguarda a que el bien evolucione a través del tiempo. ¿Cuántos siguen dispuestos a llevar adelante la tarea de comprar y esperar? Se nota en los montos negociados, que cada vez son menos. Buscan en otros nichos, donde tendrán que esperar también o colocar dinero a pérdida de antemano, pero eludiendo a lo accionario. El real inversor está casi extinguido, la gran reserva bursátil luce como diezmada. Y todo es simple juego.

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