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Diálogos en Wall Street
Mal inicio de estación para los balances. Quien esperaba un rápido remolque deberá seguir remando. En la visión de Gordon Gekko, el experto baqueano de los mercados de capitales que se identifica con el personaje de la película Wall Street, habrá que hurgar en más información para definir la suerte de las acciones. Mientras tanto, dos buenas noticias: la Fed, contundente, se distinguió del BCE y se comprobó que el petróleo no es un límite físico para que la expansión prosiga su curso.
Gordon Gekko: No. Le faltó la pólvora que siempre se le exige.
P.: ¿Habrá que tachar la generala?
G.G.: Con dos balances importantes sobre la mesa, nada más, tampoco puede hablarse de fracaso. Sería, a todas luces, prematuro. Para definir una visión mejor fundada habrá que hurgar en más información.
P.: Pero la idea del efecto Alcoa hay que cancelarla. Su balance no proveyó la rampa de lanzamiento que el mercado esperaba.
G.G.: No traía munición. No tuvo con qué.
P.: A pesar de que la compañía batió los números de ganancias que descontaban los analistas.
G.G.: Lo que no alcanzó a cubrir fueron las estimaciones de crecimiento de ingresos.
P.: La menor expansión de las ventas pesa más que el control afilado de los costos.
G.G.: Téngalo por seguro. A esta altura, es razonable que así sea. Después de todo, hay un límite en cuánto se puede ganar por la vía de recortar gastos.
P.: ¿Qué decir del balance de JP Morgan Chase? Pertenece a otro sector completamente distinto; sin embargo, padeció de una dolencia parecida. Las utilidades fueron mejores que lo esperado, pero tampoco gustó el origen de esa sorpresa.
G.G.: Hubo una reducción en las provisiones de capital constituidas para absorber quebrantos del negocio de las tarjetas de crédito.
P.: Un concepto que se puede manejar discrecionalmente.
G.G.: Hasta cierto punto, así es. Si usted cree en la explicación que aportó el banco, la noticia subyacente es muy alentadora. Mejoró mucho la calidad crediticia de la cartera.
P.: Se ve que se desconfía. El precio de la acción retrocedió.
G.G.: Hay otros ingredientes en danza que no fueron positivos. Diría que la merma en el volumen de préstamos es una señal expresiva de pesadez. Los préstamos de consumo cayeron el 10%.
P.: Es difícil pensar en un banco que crezca si persiste en achicar su cartera.
G.G.: Tiene, al menos, todo el derecho a ponerlo en duda.
P.: Si los balances continúan derramando sin confirmar las expectativas previas, lo natural es que la Bolsa castigue las cotizaciones.
G.G.: Son las reglas del juego.
P.: Puede ser un ajuste drástico.
G.G.: El papel de Alcoa se ubica el 9% por debajo de lo que valía antes de difundirse sus números.
P.: Sin haber informado ninguna calamidad grave.
G.G.: Tal cual.
P.: Tanta fe depositada de antemano en la temporada de balances, ¿no se convertirá en un búmeran?
G.G.: Habrá que dejarlos correr. No veo impaciencia por sacar conclusiones rápidas.
P.: ¿Cómo separar los efectos temporarios que pudo haber generado la tragedia de Japón? Que pueden ser graves aunque uno imagina que no serán repetitivos.
G.G.: O que se revertirán más adelante.
P.: ¿No será Japón el motivo oculto de esta zancadilla en los resultados?
G.G.: No. Cuando su incidencia es significativa, material, la compañía lo aclara. En Alcoa, por caso, obran dificultades en la provisión de soda cáustica. Pero, no es excusa. No es Japón el culpable de la decepción que trajo.
P.: Cuando empezó la semana había dos variables en pugna. Los balances parecían el vector positivo pero, ahora sabemos que no traen el detonante que esperábamos. El petróleo era el otro factor de peso. Antagónico. ¿Qué su cotización pisara el freno es lo que estabilizó a la Bolsa?
G.G.: Fue bueno que se moderara la fiebre del petróleo de la semana pasada. Lo que no fue tan constructivo es la razón que llevó al sosiego.
P.: Descubrir que la demanda de petróleo se resintió por los altos precios.
G.G.: Tal cual. Fíjese que como saldo, la Bolsa ha dado un paso atrás, se replegó.
P.: Tímidamente se empieza a cuestionar si la recuperación no se ha visto afectada ya por esta vorágine de los precios de la energía y los alimentos.
G.G.: Con acento en tímidamente. Por fortuna, los números del gasto del consumidor en los EE.UU. no fueron tan pobres como se temía. La erosión es suave, pero no mucho mayor que lo que ya se tenía en mente.
P.: El Beige Book, un informe de la Fed que pasa revista a la actividad económica en las distintas regiones de los EE.UU., tampoco pinta un cuadro sombrío.
G.G.: No. Marca una mejoría nítida en el mercado de trabajo. Ratifica una industria manufacturera firme. Denota indicios, inclusive, de dificultad para encontrar mano de obra calificada en distritos como Boston.
P.: Y también, por primera vez, pone el acento en la suba de las materias primas y las presiones de costos sobre los precios.
G.G.: Eso está balanceado por la moderación que se observa en salarios.
P.: ¿No ve motivos para repensar el escenario? ¿Para que la Fed eche manos en sus políticas?
G.G.: Ya dijo Janet Yellen, la número dos de la Fed, que no hay razones para apurar un cambio de planes.
P.: Pareció una réplica a todas las especulaciones que se montaron después que el Banco Central Europeo (BCE) moviera el tablero con la suba de tasas.
G.G.: Contundente. Como para que no quedasen dudas sobre dónde está parada la Fed.
P.: ¿Y habrá razones para que los mercados reconsideren la fortaleza de la recuperación?
G.G.: El dato positivo es que hay petróleo disponible. En consecuencia, Arabia Saudita va a recortar su producción en 500 mil barriles diarios. La oferta de crudo no es todavía una limitante. Los altos precios se deben, no a que chocamos contra una pared, sino contra un manto de niebla. Incertidumbre pura. Siendo así, la expansión puede continuar.


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