Hasta cerca de las 14, muchos analistas se regocijaban con el 0,49% que subía el Dow (había iniciado la sesión con una ligera baja), evidenciando lo que sostenían era una minimización del mercado a los desilusionantes balances de Intel, IBM, Apple, etc., encaminado la semana a marcar una ristra de cuatro consecutivas en suba. No fue mucho, pero el 0,63% que perdía el Dow cuando sonaba la campana de cierre, al estacionarse en 11.504,62 puntos, no sólo borró más de una de las sonrisas que veíamos temprano, sino que las transformaron en rictus de preocupación. Muchas fichas, tal vez demasiadas (decimos esto porque si bien hay alguna evidencia de que estamos en un mercado sobrevendido, también la hay de que estamos en uno sobrecomprado), están puestas a lo que anunciarán los líderes del G-20 este fin de semana. Podría ser para no quemar este argumento de suba (es lo que ha sido desde el lunes esa reunión) que los analistas se escudaron en los últimos datos del Beige Book (algunos desprevenidos invocaron a Apple, olvidando que el balance se difundió el martes y ayer el Dow estuvo del lado ganador unas cuatro horas) para justificar la baja del mercado (el NASDAQ perdió un 2% y el S&P 500 retrocedió un 1,26%), aunque es más que notorio que hace tiempo el informe ha dejado de aportar sorpresas.
Para ser sinceros, cambios de humor como el de ayer -en uno u otro sentido- es algo que venimos viendo a diario casi desde fines de 2007 y con algún incremento en los últimos tres meses. La idea de vincularlos a los vaivenes de las noticias es tentadora, pero la evidencia indica que guardan más relación con las aspiraciones de los involucrados y su deseo de leer, en lo que ni siquiera llegan a ser señales, la confirmación de sus propias opiniones, que con hechos concretos.
Dicho de manera más llana, estamos en un mercado en el que los rumores (o los rumores de rumores) parecen valer más que las noticias. Esto nos lleva a preguntarnos qué pasará cuando finalmente las noticias se hagan presentes para cobrar lo que se deba cobrar (¿se acuerda de aquel viejo adagio comprar con el rumor, vender con la noticia?; ¿funcionará esta vez?).
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