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El extraño menú de dos divos modernos
Roberto Alagna, Angela Gheorghiu debutaron finalmente en el Colón con un único recital extraordinario. Junto a ellas el director de orquesta valenciano Ramón Tebar.
El primer punto llamativo fue la elección del repertorio, íntegramente dedicado a autores del tardo-romanticismo italiano: Cilea, Mascagni, Catalani y Puccini. De las poco más de dos horas que duró la función, además, alrededor de 50% estuvo dedicado a fragmentos sinfónicos de los citados autores, que hubieran podido ser instancias «de relleno» de no haber estado en el podio el excelente valenciano Ramón Tebar, de 33 años. Con una energía desbordante (con movimientos tensos y respiraciones sonoras que resultaban distractivos), Tebar logró de la Orquesta Estable resultados fabulosos.
El menú fue extraño también por el hecho de que la voz de Gheorghiu se luce especialmente en papeles menos «pesados», y por momentos su sonido se perdió en la marea orquestal; afortunadamente su inteligencia musical extraordinaria, expresividad y hábil manejo de los propios recursos atenuaron esta circunstancia. Más cómodo en los papeles de Maurizio y Cavaradossi se notó a Alagna, quien se llevó una de las mayores ovaciones de la noche con su desgarradora versión de «E lucevan le stelle».
Un aspecto incomprensible en artistas de su nivel fue el uso de partitura en los fragmentos de «Adriana Lecouvreur» que ocuparon la primera parte del recital; al tratarse además de escenas que incluían un «acting» interesante, se daba la situación de que los cantantes no supieran a veces si mirarse entre ellos o continuar leyendo. Mucho más efectiva fue la semi-escenificación en los dúos de «Tosca», que sí cantaron de memoria.
El final, desconcertante: llegado el momento de los bises que todos esperaban, Alagna pidió la palabra y se excusó argumentando que habían preparado tangos, fragmentos de zarzuela, opereta rumana y muchos otros (frase evidentemente irónica), pero que les habían advertido que al público no le gustaba la música ligera. Ante el clamor general, el director del Colón, Pedro Pablo García Caffi, exhortó desde su palco a que los realizaran; Alagna anunció entonces que iba a cantar para todos algo «a capella».
La pieza elegida resultó ser «Historia de un amor» (de su álbum latino «Pasión»), a la que se sumó la soprano desluciendo la versión que iba brindando el tenor. (Consultado por periodistas a la salida del Teatro, García Caffi explicó que los divos habían propuesto tres bises, uno de los cuales era «Cachito», popularizada por Nat «King» Cole, y que él les había respondido con buen tino que no se trataba de algo adecuado para el Colón). Y así, con un cierre indigno del nivel de la actuación que había brindado, se despidió la pareja dejando en el ambiente una estela de sensaciones dispares, entre la plenitud estética y la frustración.
Recital de Angela Gheorghiu (soprano) y Roberto Alagna (tenor).Orquesta Estable del Teatro Colón (dir: R. Tebar). Obras de F. Cilea, G. Puccini, A. Catalani y P. Mascagni. (Teatro Colón, Abono Bicentenario. 11 de abril).


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