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“Empezar hoy en el tango es más difícil que antes”
Juárez: «Hay pocos lugares en los que se pueda escuchar tango, y salvo los grandes festivales, van quedando pocos lugares donde tocar».
Periodista: ¿Por eso la invitación a su hija Lucila para acompañarlo en este espectáculo que estará presentando?
Rubén Juárez: Yo hice «Tango a tango», que así se llama el espectáculo, con muchos artistas: con María Graña, con José Angel Trelles, con el gran Roberto Goyeneche. Cómo no lo iba a hacer entonces con mi hija. Pero ojo, que no es de padre baboso. Creo firmemente que Lucila es una gran artista y que a medida que la vayan conociendo, van a ir descubriendo todos sus valores.
También presente en el encuentro, Lucila Juárez cree que «hay cierta carencia de autores y compositores» y que hay «una historia en el tango que todavía no está contada». Con ella, el cantor y bandoneonista hará un recital hoy, mañana y el sábado en el Centro Cultural Torquato Tasso. Mario Herrerías en piano, Matías Rubino en bandoneón, Rubén Duca en batería y Daniel Nakamurakare en bajo, acompañarán a Lucila. Con los mismos bajista y baterista, Néstor Crespo en guitarra y Enrique Nicolás en piano, se sumarán a su propio bandoneón en el respaldo instrumental de Juárez.
P.: ¿Su música también es el tango?
Lucila Juárez: Por supuesto que el tango es una música importante en mi vida, porque me encanta y por obvias cuestiones familiares. Pero no me definiría para nada como «una tanguera», si pensamos en el clisé de la chica arrabalera. Estoy arrancando con mi carrera, definiendo mi repertorio, buscando un camino personal que no desaproveche el prestigio de mi padre pero sin atarme a él ni pretender jugar el mismo juego. No hace mucho, estuve trabajando varios meses en cruceros y cantando en Tailandia. Hice todo tipo de canciones y para públicos internacionales. Y ahora estoy terminando el que será mi primer disco, en el que hay tangos pero también otras canciones de distintos países de América.
P: ¿Su padre es además consejero artístico?
L.J.: Sí, por supuesto. Yo le pregunto. Escucho y aprendo. Pero también tenemos diferencias y voy tratando de buscar mi propio lenguaje.
P: ¿Pesa ser la hija de Rubén Juárez?
L.J.: Honestamente, me pesaba más cuando era chiquita, porque todo el mundo me preguntaba por él. Ahora siento mucho orgullo y puedo aceptar sus consejos -es un padre muy presente y pendiente de mis cosas, debo decirlo- sin sentirme presionada y con la posibilidad de probar cosas por mi cuenta. A lo mejor, el hecho de ser mujer me libera un poco de ese complejo de ser «la hija de».
Lucila ha formado parte de algunos espectáculos anteriores de su padre y participado en algún musical que no destaca especialmente en su carrera. Estos conciertos del Tasso, en cambio, la colocarán en una posición más pareja con él.
R.J.: Lucila va a hacer la primera parte con su grupo; y tan independiente es que ni siquiera quiere contarme con detalle el repertorio. Yo entraré en la segunda con mi grupo y haré lo mío. Y, por supuesto, nos vamos a juntar en el final para hacer algo juntos.
P: ¿Seguirán luego trabajando así?
R.J.: Cada uno tiene lo suyo. Lucila está terminando su disco. Yo tengo una gira por varios países de Europa en noviembre. Y a lo mejor después me ponga a hacer un álbum nuevo en el que haya alguna pieza cantada y acompañada solamente por mi bandoneón, como me piden muchas veces.
P: ¿De verdad siente que no es un padre baboso?
R.J.: Obviamente, amo a mi hija y quiero lo mejor para ella. Pero creo que es una gran artista y por eso la apoyo. En realidad, siempre hay alguien que le pone la mano en la espalda a uno. Me acuerdo que en 1969 yo tenía que cantar en Canal 7, en un programa de Pinky y Héctor Ricardo García. Mi manager, Horacio Quintana, que era además manager de Hugo Del Carril y de Atahualpa Yupanqui, no estaba en el país. Yo era un pibe, estaba solo y nervioso por esa presentación en un programa tan importante. Y ahí estaba Alba Solís, una mujer y una artista a la que amo con todo mi corazón. Ella me regaló una petaca de whisky y me dijo «esta es la medida justa para actuar en televisión»: nunca canté mejor. Por eso, cuando Lucila cumplió 18 años le hice el mismo regalo.
L.J.: Como verá, es un padre atípico. Pero yo no me tomé el whisky. Todavía tengo la petaca llena.
Entrevista de Ricardo Salton


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