16 de marzo 2012 - 00:00

Empieza hoy en La Plata una Tetralogía futurista y ominosa

Luis Gaeta en uno de los ensayos de «El oro del Rin»: «en esta visión futurista, no es el oro lo que vale sino el agua».
Luis Gaeta en uno de los ensayos de «El oro del Rin»: «en esta visión futurista, no es el oro lo que vale sino el agua».
Superado el año pasado el desafío de producir en el Teatro Argentino de La Plata una ópera completa de Richard Wagner en alemán («Tristán e Isolda»), Marcelo Lombardero y Alejo Pérez, directores artístico y musical, respectivamente, de la institución platense, acometen uno mayor: el de brindar en dos años las cuatro jornadas que componen «El anillo del Nibelungo», la célebre y monumental Tetralogía. La finalización del ciclo en el 2013 coincidirá además con el bicentenario wagneriano.

La aventura comienza esta noche -en coincidencia con la apertura de la temporada 2012 del Argentino-, cuando suba a escena una inusual puesta en escena de «El oro del Rin», que se repetirá el sábado 17, jueves 22 y viernes 23 a las 20.30 y los domingos 18 y 25 a las 18.30. Un elenco íntegramente latinoamericano (otra de las características de la propuesta) dará vida a los dioses, diosas, nibelungos, gigantes y doncellas de la mitología germánica reelaborada por el compositor: Hernán Iturralde, Homero Pérez Miranda, Adriana Mastrángelo, Alejandra Malvino, María Bugallo, Claudia Ricitelli, Ernesto Bauer, Federico Sanguinetti, Martín Muehle, Enrique Folger, Francesco Petrozzi, Carlos Bengolea, María Isabel Vera, Claudia Casasco, Christian Peregrino, Emiliano Bulacios, Ariel Cazes, José Antonio García, Héctor Guedes, Luis Gaeta, Sergio Spina,Gonzalo Araya, Victoria Gaeta, María del Rocío Giordano, Gabriela Cipriani Zec, Cecilia Pastawski, Florencia Machado y Rocío Arbizu. La escenografía estará a cargo de Diego Siliano, el vestuario de Luciana Gutman y la iluminación de José Luis Fiorruccio. Dialogamos con Luis Gaeta, el barítono argentino que debutará en un papel wagneriano como el enano Alberich, quien desencadena el drama.

Periodista: ¿Cómo se siente afrontando su primer Wagner en escena?

Luis Gaeta: En 1979, cuando recién empezaba, saqué el segundo premio en un concurso nacional para cantantes wagnerianos con un jurado que presidía Birgit Nilsson, y después la vida me fue llevando más hacia el repertorio italiano; en alemán sólo canté un papel en «Mahagonny» de Kurt Weill. En el concurso había cantado el Hans Sachs de «Los maestros cantores de Nüremberg», que es un personaje muy distinto y también es muy distinto el tipo de canto que Wagner le asigna. En Alberich es muy complejo lo vocal, por los saltos, los ritmos de anacrusa o con «levares» extraños, y el texto tiene muchas aliteraciones, que son lo que más me complicaron la vida, entender qué estaba diciendo en cada momento, porque hasta a los mismos alemanes les cuesta traducirlo.

P.: Es una producción muy atípica, por lo que se ha visto en los ensayos...

L.G.: Lo que hizo Lombardero fue un anacronismo con respecto al relato, aunque éstas son figuras fantásticas que podrían estar en cualquier época. Aquí no es el oro el que vale, en esta visión futurista el oro es un símbolo del poder, pero no es en sí lo valorable, sino el agua. Es una versión del 3000, cuando los seres humanos nos demos cuenta de la importancia de los recursos naturales para vivir. Las Hijas del Rin no están en el agua, sino que custodian una fuente de energía que es la que Alberich roba. Cambia la forma pero no el fondo, el tema sigue siendo el amor. Alberich representa la envidia, la lujuria, la codicia, los valores más negativos.

P.: ¿Y a nivel musical?

L.G.: Alejo Pérez es un mago de la batuta, es muy claro y es un placer trabajar con él. Además de dominar la partitura y el idioma, porque vivió bastante tiempo en Alemania, es claro dando las entradas, marcando, pero además es un intérprete, sabe lo que quiere y cómo transmitirlo. Es una ópera tremendamente compleja también por el hecho de que la atención de los cantantes no puede decaer un minuto, dado que se hace sin interrupción entre un cuadro y otro, no hay posibilidad de relajación, pero para el público es positivo porque no le da chance de dispersión.

Entrevista de Margarita Pollini

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