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24 de agosto 2023 - 00:00

En alegato, Uberti se despega de Antonini y del dinero de la valija

Su defensa aseguró que en el juicio se probó que los casi u$s800 mil le pertenecían al venezolano que sigue prófugo y que subió a ese avión en calidad de integrante de la comitiva de Chávez. Justificó que se anticipó al escándalo en advertencia hecha en Olivos y que ningún testigo lo vio asistir a reuniones.

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contenido. La valija con u$s790.550 decomisada era “propiedad” del “empresario” Antonini Wilson, alegó la defensa de Claudio Uberti.

El alegato de la defensa del extitular del OCCOVI Claudio Uberti en el tramo final del juicio oral por el ingreso de la valija con casi u$s800 mil que llevaba el venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson giró sobre dos ejes centrales: que la maniobra que fue abortada por los controles aduaneros y de la PSA, el 4 de agosto de 2007, al arribo de un vuelo privado contratado por Enarsa no constituyó un delito, sino una infracción al régimen de equipaje por no haberlo declarado; y que aún si fuese considerado contrabando, Uberti no tuvo ninguna relación ni participación con el dinero contenido. Pero el énfasis central fue intentar desacreditar la acusación del fiscal Marcelo Agüero Vera respecto a lo que declaró un testigo, quien aseguró que el dinero transportado le pertenecía al funcionario que terminó eyectado por el escándalo. A lo largo de 4 horas, el abogado Guillermo Armani buscó rebatir que su cliente fuese un “valijero”, aseguró que esa caracterización que se instaló luego del caso “le costó todo” y le pidió al Tribunal Oral en lo Penal Económico N° 1 su absolución.

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El alegato que parte de un pedido de condena a 4 años y 10 meses que formuló la fiscalía comenzó por retratar que Uberti, si bien era un funcionario formalmente designado para el control de las autopistas, también había conseguido –merced a la confianza que le tenían Néstor Kirchner y Julio De Vido- ser “formalmente” nombrado como coordinador en el marco de las florecientes relaciones bilaterales entre Argentina y Venezuela. Así apuntó a que en lo que al vuelo refiere, conoció a Antonini Wilson en ese viaje y autorizó su abordaje al avión porque se trataba de un “empresario” (así declarado por una serie de testigos que lo conocieron) que formaba parte de la comitiva oficial de Hugo Chávez, que iba a llegar al país esa misma semana.

Varias veces señaló que la acusación había hecho una lectura selectiva de los testimonios y las pruebas y se enfocó en subrayar que –según quienes intervinieron en el operativo- el venezolano admitió, en varias oportunidades y en diálogo directo con testigos, que la valija le pertenecía y que traía el dinero para hacer inversiones. “La causa se contaminó por la política”, indicó el defensor, que apuntó a que todo el escándalo tenía por objetivo incidir en la campaña electoral de ese año. Considerando que Uberti fue el primero en visualizar ese impacto en la opinión pública por el hallazgo de dinero en un vuelo oficial fue que justificó su interés en saber cómo había terminado el episodio (por el cruce de llamados que exhibió la fiscalía) y su visita inmediata a primera hora del sábado a la Quinta de Olivos para alertar del mismo a Kirchner.

Sólo salvando al tribunal que tiene que definir ahora, el abogado disparó contra el “fracaso” de la investigación que recién está en esta instancia 16 años después y en las idas y vueltas que tuvo la situación procesal de su cliente a lo largo del tiempo. Habló de la “fantasía” de la embajada paralela que declaró el exembajador Eduardo Sadous que fue enviado a juicio por falso testimonio y de las declaraciones de empresarios que hicieron negocios en Venezuela que no denunciaron ninguna irregularidad en su trato con Uberti, o mismo la investigación por el fideicomiso, que también rodeó el debate.

También buscó revertir las afirmaciones en torno a reuniones previas al viaje por las que declararon choferes y sobre las que se señaló asientos en agendas oficiales del OCCOVI. La defensa apuntó a que ningún testigo vio a Antonini en esas oficinas y que el encuentro agendado del 30 de mayo de 2007 “no existió”, pero que si hubiese existido, Uberti no la habría negado ya que Antonini era un empresario, ligado a PDVSA. Y que un eventual “conocimiento previo” y su “autorización para ir en el avión” no implicaba -desde el punto de vista legal- que hubiese participación o autoría en el eventual contrabando. También que de haber sido suyo el dinero no se hubiera retirado del Aeroparque o hubiese movido influencias para aplacar las consecuencias del operativo. “No era uno más, era un funcionario importante de ese gobierno”, graficó el abogado.

A su vez, apuntó sus cañones hacia Alejandro Lagrenade, el testigo que sorprendió en su declaración -tal como informó Ámbito- al afirmar que fue el venezolano el que le contó que Uberti le pidió que “pase” la valija. Armani fustigó con que el testigo omitió decir que lo unían millonarios negocios en común con Antonini y que modificó su versión tres veces a lo largo del tiempo, siendo que en ninguna anterior había individualizado a Uberti como el verdadero dueño del equipaje. Es más, puso en duda que el dinero no tuviese como destino final Uruguay, adonde huyó Antonini apenas arreciaba el escándalo. Su fuga para nunca más retornar ni dar explicaciones si el dinero no le hubiese pertenecido fue otro de los argumentos que desplegó para desentender a Uberti de la maniobra. Cierto es que hasta el día de hoy y por fuera del proceso llevado a cabo en Estados Unidos influido por el FBI tampoco se determinó a ciencia cierta si ese dinero iba a fondear la entonces campaña presidencial. En el juicio actual tampoco se profundizó esa cuestión, más cuando hubo serias dificultades para que Venezuela colabore con la declaración de ciudadanos de ese país que habían estado en el vuelo aquella madrugada.

El defensor aseguró que nadie pudo declarar irregularidad alguna ni en la función de Uberti, ni en lo que hace al vuelo o al procedimiento y pidió que tampoco se vincule este caso al de “Cuadernos”, donde el exfuncionario declaró como arrepentido, anticipando que allí también podría haber algún giro pero, por sobre todo, que no tenía nada que ver con el caso de la valija.

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