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En el mercado argentino todos pierden

En un contexto donde la expectativa de devaluación ha subido bastante más que la tasa de interés, es entendible que la alternativa a) no sea la más buscada. La ampliación de la brecha entre el tipo de cambio oficial ($ 4,21) y el tipo de cambio implícito en los activos financieros ($ 4,52) -comúnmente referido como «contado con liquidación» (CCL)- limita bastante el atractivo de la alternativa b). Dadas las restricciones para operar en moneda extranjera en los mercados autorizados en el país, para comprar un bono en dólares el inversor debe convalidar el tipo de cambio implícito (CCL), lo que en muchos casos vuelve inviable la operación. El caso del Boden 2012 -un bono que por sus características podría perfectamente servir como refugio en las circunstancias actuales- es tal vez el más evidente: el rendimiento en dólares (comprado en el exterior) es del 6,23%, mientras que suscripto al precio en pesos en el mercado local, en rendimiento final se vuelve -2,31%.
Adicionalmente, el inversor podría considerar la compra de activos en pesos. Pero estos en su gran mayoría son ajustables por CER y están afectados por las controversias a las que está expuesto el INDEC.
En este escenario, la alternativa c), a priori la más rústica desde el punto de vista financiero y la menos deseable desde el punto de vista macroeconómico, se ha vuelto la más atractiva para el público.
En la configuración actual del mercado, todos pierden: el inversor, porque tiene activos más ilíquidos y, por ende, de menor valor; el mercado de capitales local, que sigue reduciéndose; el Estado Nacional, que reduce su base de inversores y aumenta su costo de fondeo; y la economía en su conjunto, que se vuelve una exportadora capital justo en el momento que más lo necesita.


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