En el apogeo del britpop, aparecieron los excéntricos Kula Shaker desbancando al mismísimo Oasis al ubicar en el primer puesto su álbum debut "K" de 1996, uno de los mejores discos de aquella década por su capacidad de llevar el orientalismo y la psicodelia de George Harrison y Steve Hillage a niveles extremos -empezando por el detalle de empecinarse en cantar letras en sánscrito-, pero a la vez mezcladas con una potencia que más que pop, era muy rockera. Las canciones, por otro lado no eran nada pretenciosas, ya que el grupo liderado por el guitarrista y cantante Crispian Mills siempre exhibió un personal sentido del humor, tan lunático como casi todo lo relacionado con una agrupación llamada así en homenaje a un emperador que dominó la India en el siglo IX. Lamentablemente, casi inmediatamente después de ese gran álbum, los Kula Shaker, pese a seguir teniendo éxito comercial, fueron perdiendo inspiración, y a los pocos años ya se separaron. Volvieron intermitentemente, y ahora se podría decir que definitivamente, dado que "K 2.0", especie de secuela del disco original de hace dos décadas, es un trabajo a la altura de aquel hito, con un sonido y concepción mucho más maduros y elaborados, que impacta desde el vamos con un superhit plano de sitars maravillosos: "Infinite Sun", uno de los mejores temas surgidos del rock inglés del siglo XXI, y si bien no todo el álbum tiene esa misma altura, no hay un solo tema que no sea bueno o muy bueno, y además es un gran tour de force instrumental. Un gran disco, de esos que uno puede repetirlo obsesivamente solo debido a que es música con una riqueza de matices inusitada.
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