6 de febrero 2014 - 00:00

Independencia del BCE fortalece al euro

El peso, el dólar, el euro y las demás monedas valen en tanto la emisión no supere a lo que demande la población. Para controlarla, las autoridades adoptan resguardos y restricciones a la emisión. El primer paso es la independencia del Banco Central de presiones políticas, sobre todo para financiar déficits fiscales. Porque si se emite en exceso, la inflación y la pérdida de valor son inevitables.

Los grandes bancos centrales del mundo, los que emiten las principales monedas, no están sometidos a financiar el Tesoro nacional. No obstante, tienen alguna dependencia política de los gobiernos nacionales y pueden sufrir presiones para condicionar la política y la emisión monetaria. Así, el directorio del Banco de Japón es designado por el Gobierno nacional, que podría remover a su presidente y sus directores. Los directores de la Federal Reserve, en cambio, deben ser confirmados por el Senado, lo cual les confiere fuerte independencia. De todos modos, los responsables de la emisión monetaria y sus gobernantes han aprendido la lección del cuento de "La gallina de los huevos de oro". La moneda sana, sólida, promueve la coordinación de las actividades económicas, da certidumbre y seguridad a los contratos, generando riqueza, un fuerte dividendo, para toda la sociedad y el Gobierno. Por eso respetan la independencia de su banco central y aceptan que no financie al Estado. En contraste, los funcionarios de países impacientes para aprovechar los poderes de la emisión para el financiamiento fiscal, sin reparar en los costos que imponen al resto de la comunidad, reciben los conflictos de precios inciertos. Porque la inflación acelerada es siempre la consecuencia de emisión exuberante. Al matar a la gallina de los huevos de oro vuelven a la pobreza y al subdesarrollo.

El BCE, Banco Central Europeo, es el más independiente de cualquier Gobierno. Sus autoridades son elegidas por los 18 bancos centrales de los países miembros, de modo que sería muy poco factible que coincidieran en remover al presidente y a los miembros del consejo directivo del BCE. El Banco no puede prestar a ningún Gobierno ni agencia pública nacional ni europea. La independencia del banco fue una condición establecida para asegurar la estabilidad de precios, fundada en extensas experiencia e investigación. Desde su comienzo, el 1/1/1999, la inflación promedió el 1,5% anual.

Las restricciones y las condicionante políticas del Banco Central Europeo parecería que le restasen flexibilidad para afrontar problemas de algunos países miembros. Ante la reciente caída de la inflación, al 0,7% anual, muchos analistas reclaman una política expansiva, tipo QE de la Fed. Ello no es posible, pues el BCE no puede financiar a gobiernos ni comprar deuda directamente a los emisores públicos. Además, cualquier compra de deuda en el mercado secundario implicaría transferencias fiscales entre naciones, lo que es muy resistido por la comunidad. Sin embargo, Jacob Kirkegaard, del Peterson Institute, presenta una alternativa ingeniosa. Los causantes de la baja inflación son los cinco países con programas de asistencia financiera: Grecia, Portugal, Irlanda, España, Chipre, que sufren fuertes ajustes para restaurar equilibrios y estabilidad. Y podemos agregar Italia. El resto de los países del euro mantienen una inflación cercana al promedio del 1,5% anual. Por eso Kirkegaard recuerda que el BCE es sólo el escalón más elevado del Sistema de Bancos Centrales Europeos, integrado por los bancos centrales nacionales. Los bancos centrales de los países miembros pueden hacer todo lo que el BCE no objete. De tal modo, bajo los acuerdos ELA, de Asistencia de Liquidez de Emergencia, los bancos centrales de las naciones con menor inflación podrían comprar carteras crediticias a bancos comerciales de sus jurisdicciones. En casos de crisis de pago, como ocurrió en Chipre, el BCE exigió que el banco central chipriota fuera totalmente reembolsado por las asistencias otorgadas a bancos fallidos. De modo que los bancos centrales nacionales estarían concediendo créditos que no comprometerían su solvencia. Así podrían atender las diferencias estructurales nacionales, la fragmentación crediticia tan temida. En verdad, el BCE parece el banco con la mayor independencia. Y, por eso, con la mayor capacidad de asegurar el valor de la moneda que emite.

Dejá tu comentario