6 de abril 2011 - 00:00

La Alianza entró en un pantano de difícil salida

Opositores libios revisan los restos de un vehículo de las fuerzas gadafistas bombardeado poco antes por los aviones de la OTAN. La Alianza encuentra a veces difícil discernir quiénes son sus amigos y quiénes sus rivales en el campo.
Opositores libios revisan los restos de un vehículo de las fuerzas gadafistas bombardeado poco antes por los aviones de la OTAN. La Alianza encuentra a veces difícil discernir quiénes son sus amigos y quiénes sus rivales en el campo.
Bruselas - Menos de una semana después de que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) asumió el pleno comando de las operaciones militares internacionales en Libia, la Alianza Atlántica ya ha comenzado a experimentar en carne propia aquello que tanto temía: las víctimas colaterales, producto de «accidentes desafortunados».

A pesar de que, según confirmó ayer el general de brigada Mark van Uhm en el cuartel general de la alianza en Bruselas, los aviones aliados han logrado desactivar el 30% de la capacidad militar del hombre fuerte libio, Muamar Gadafi, sobre el terreno crecen cada día las dudas acerca de la precisión de las bombas aliadas.

Los temores se focalizan sobre todo en la capacidad de los pilotos de la alianza, entre ellos los españoles de los aparatos F-18, para poder distinguir entre «fuego enemigo» y «fuego amigo», los epítetos que en lenguaje militar se suelen utilizar habitualmente para designar objetivos tácticos.

«Hemos analizado lo ocurrido. Ha sido un accidente desafortunado. Las fuerzas de la oposición han reconocido ellas mismas que fue su culpa por disparar ráfagas de júbilo», comentó Uhm en relación con incidente del pasado fin de semana en la localidad libia de Briga.

El general echó parte de la «culpa» del «incidente» a la falta de experiencia militar de las personas que combaten en las filas de los rebeldes, una especie de «milicia popular» cuyos vehículos «acorazados» no pasan de ser muchas veces una simple camioneta de uso civil, con una ametralladora instalada en la caja trasera.

Este incidente desafortunado deja en evidencia que la guerra casera, con armas muchas veces obsoletas, que los rebeldes llevan a cabo contra Gadafi quizá no sirva para lograr su objetivo sin una intervención aliada, incluidas tropas de tierra o sin que los aliados suministren material bélico «competitivo» al frente anti-Gadafi.

Y es que aunque la Resolución 1.973 de Naciones Unidas no lo contempla, son cada vez más, incluido el presidente estadounidense, Barack Obama, quienes apuestan por dejar la puerta abierta a una entrega selectiva de armas (de calidad) a los rebeldes, al margen del actual bloqueo naval de la OTAN ante las costas libias, para evitar la entrada de «armas enemigas» para Gadafi.

El problema es de gran envergadura. El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, parece haberse dado cuenta de que la responsabilidad total de la operación Protector Unificado, en Libia, lejos de un honor militar se parece cada día más a un escenario próximo a los avisperos iraquí y afgano, de arenas movedizas y de difícil salida.

La mayor pesadilla que podían esperar los aliados es justamente la que se dibuja en el horizonte, según avanzan los días: Gadafi está utilizando «escudos humanos», colocando a sus acólitos, a modo de kamikazes dispuestos a inmolarse, en torno a tanques y aviones, todo para evitar los ataques internacionales.

«Si vemos que hay mal tiempo o los pilotos ven que hay gente a modo de escudos humanos, regresan a sus bases sin lanzar ni una sola bomba», se esfuerza en explicar Van Uhm, quien ayer dio por «cerrado» el incidente de Briga.

Al tiempo que reconocía que la OTAN ha abierto una investigación formal sobre del incidente, el militar reconocía que «es muy complicado comprobar los daños operativos», dado que la alianza militar no tiene gente «sobre el terreno».

Ésa es, precisamente, una de las incógnitas. Si se lograrán doblegar las resistencias de Rusia y China para, eventualmente, aprobar una nueva resolución de la ONU que faculte una intervención terrestre, o incluso si una interpretación más laxa de la 1.973 podría brindar esa posibilidad actualmente.

El hecho es que incidentes como éste someten a la OTAN a una dura prueba en la cual sus efectivos deben demostrar una solvencia y una precisión acrisoladas en la ejecución de sus misiones de protección a los civiles, el mandato original con el cual fue concebida la Resolución 1.973.

Si se vuelven a registrar «incidentes desafortunados» es posible que dos de los aliados políticos más decisivos en la guerra de Libia, la Liga Árabe y la Unión Africana, comiencen a retirar su respaldo. El aislamiento de Occidente en su ofensiva militar en el país norteafricano sería muy peligroso.

Agencia DPA

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