18 de julio 2018 - 00:00

Los nuevos desafíos para la RSE

Los nuevos desafíos para la RSE
En estos fríos días de invierno, con tantas tensiones políticas, económicas, sociales y culturales a nuestro alrededor, volver a preguntarnos por la RSE nos invita a deconstruir supuestas certezas y visualizar posibles líneas interpretativas.

Sin dudas, la solidaridad es un núcleo central de la RSE, pero también lo son el mundo del dinero, la producción, la tecnología, el trabajo y el consumo. Todos ellos tienen mucho que ver con el armado del rompecabezas que nos ocupa. En verdad pareciera ser que los argentinos no podemos escapar a una suerte de predestinación, que nos lleva a experimentar con prácticas y normativas de difícil consenso y que utilizamos para tratar de sobrevivir. Estos tiempos de marcadas dificultades plantean nuevos desafíos para la RSE.

Algunos interrogantes son del orden de la naturaleza misma de esa práctica: ¿Es la RSE una herramienta que contribuye a suavizar alguno de los problemas estructurales que a diario enfrentamos? ¿En un medio con vaivenes económicos, como el nuestro, se pueden seguir destinando recursos privados a fines sociales? ¿La eticidad empresarial se debilita en tiempos de mayor incertidumbre? ¿Hasta dónde puede ser regulado un ecosistema voluntario?

Otras preguntas articulan esta práctica empresarial con la forma que adopta hoy la economía y la política: ¿Incide en la RSE el hecho de que muchas empresas que la adoptan en nuestro país sean transnacionales? ¿El actual capitalismo globalizado necesita precisamente de crisis locales para garantizar su propia continuidad planetaria y la RSE es un factor más ya incorporado al proceso total? ¿La tensión entre neo populismo y neo liberalismo resulta una contradicción insalvable para la consolidación de la RSE?

También surgen cuestiones que llevan a este campo a abrirse hacia nuevas configuraciones: ¿La generación de nuevos derechos beneficiará o terminará ahogando la vocación social de las empresas? ¿El compromiso ético empresarial debe pasar finalmente de lo retórico a la acción colaborativa? ¿Hasta dónde se puede prescindir del Estado y sus políticas públicas? ¿Podrá la RSE enfrentar la nueva tormenta que se cierne sobre la relación capital-trabajo debido a la irrefrenable marea de robotización e inteligencia artificial? ¿Una mayor participación de la mujer en roles de dirección empresarial colaborará a instaurar una nueva perspectiva de la RSE? ¿Llegará finalmente el algoritmo salvador que rediseñe la genética de la RSE?

Cómo síntesis podemos decir: ¿Qué cuota de responsabilidad atañe a las empresas sobre esta mega crisis que atravesamos? y ¿cómo puede la RSE ser considerada un activo que colabore a paliar esa crisis de algún modo? Como siempre sucede, las posibles respuestas prefiguran complejos escenarios. Cada quien, en forma individual o colectiva, tendría mucho que aportar y ese es el verdadero desafío.

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