10 de marzo 2016 - 15:29

Murió George Martin, el demiurgo del sonido Beatle

• LLAMADO EL QUINTO INTEGRANTE DE LA BANDA, INFLUYÓ DECISIVAMENTE EN LA CREACIÓN DE SUS TEMAS MÁS FAMOSOS

Arriba, George Martin acaricia la mano de John Lennon de su estatua en La Habana. Debajo, en los años de esplendor con los jóvenes Beatles.
Arriba, George Martin acaricia la mano de John Lennon de su estatua en La Habana. Debajo, en los años de esplendor con los jóvenes Beatles.
El demiurgo, en la filosofía griega, no es el dios. El demiurgo es el que posibilita la existencia de los dioses, el que los descubre y pule hasta la perfección; el que ordena, el que lleva a sus personajes a manifestarse en plenitud, a vivir su propia existencia. Eso fue George Martin, el caballero de la corona británica que murió ayer a los 90 años, y que les enseñó a los Beatles a cruzar solos Abbey Road, ya convertidos en dioses del siglo. Fue Martin, formado en la música clásica y director, a principios de los 50, del sello Parlophone Records, quien convirtió a los Beatles en los Beatles. Parlophone, una división menor de EMI se dedicaba a la música barroca, y muchos años después este estilo fue, por su intermedio, el que le dio al clásico "Yesterday" de Paul McCartney su sabor definitivo y su tránsito a la fama. Las versiones de esta historia son múltiples, pero no difieren demasiado entre ellas: "Yesterday" se originó en una melodía soñada por McCartney en Francia, en 1964, quien al despertar la transcribió y le dio una letra tan divertida como profana: "Huevos revueltos" ("Scrambled eggs"). Martin la versionó, y la interpretó él mismo, como si se tratara de una composición de Bach, y le sugirió grabarla con un cuarteto de cuerdas. La canción, ya con su título actual, mutó para siempre.

Ésa fue una de las tantas marcas que les imprimió Martin a los Beatles en sus años de formación, y cuya enumeración integral constituye un auténtico tratado en el misterio de la creación: el oído y la intuición perfectas, actuando sobre la piedra preciosa en bruto. El productor también modificó "Eleanor Rigby", dejándose influir en ese caso por la admiración que sentía hacia el músico dilecto de Alfred Hitchcock, Bernard Hermann, el mismo de los infinitos chillidos de cuerdas en la partitura de "Psicosis". "Strawberry Fields Forever", "I am the Walrus" (donde participó en su gestación casi como un luthier), "A Day in the Life", a la que le dio el ambiente sonoro y los ecos sin los cuales hoy es extraño escucharla.

Pero estos hitos no son sino los más famosos de una relación que comenzó mucho antes, también por pura intuición, cuando el mánager histórico Brian Epstein le habló de unos cuatro jovencitos que podían tener futuro. Ni siquiera los conocía, pero hacia allí se encaminó. La primera sesión, en Abbey Road, fue la que registró "Love me do", con Martin en la consola. Después de las primeras pruebas no había quedado del todo convencido, pero revirtió la pregunta: "Si hay algo que no les gusta", dijo entonces, "díganmelo". Y entonces sobrevino la réplica de George Harrison que les salvó la vida: "Para empezar, no me gusta tu corbata". Eran ingeniosos, pensó Martin, y valía la pensa insistir.

También él operó un cambio singular: le bajó el pulgar al baterista Pete Best, y lo sustituyó por Ringo Starr, quien había sido invitado para una sesión de percusión menor. Aunque tampoco Ringo lo satisfizo, un error provocó que la primera versión comercializada de la canción fuera la que grabó Starr. Un año después llegó "Please Please me", pero no como la balada lenta que querían Paul McCartney y John Lennon, sino reformada por Martin: "Señores, acaban de grabar su primer número 1", les dijo en el estudio. Y, con ese ritmo, se convirtió en un hit en los Estados Unidos.

El clímax se produjo con "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band" (1967), que aterrizó en el swinging London como un huracán. "Fue el disco de la época y probablemente cambió la forma de grabar, pero no lo hicimos de forma consciente", escribió Martin, muchos años después, en su autobiografía.

Esa banda de corazones solitarios requirió más de 700 horas de grabación y un dineral para la época, 75.000 dólares. En el sonido "beatle", Martin logró lo mismo que, por aquellos mismos años, hacía en la ópera Herbert von Karajan: llegar con las posibilidades de la tecnología hasta donde nadie lo había hecho antes. Sometió a la técnica voces e instrumentos, y añadió efectos de todo tipo hasta obtener el sonido buscado, embriagador. Martin continuó con otros LPs históricos, como "Yellow submarine" (1969), donde incluyó música instrumental compuesta por él, y naturalmente "Abbey Road".

"El mundo ha perdido a un gran hombre que dejó una huella indeleble en mi alma y la historia de la música británica. Que Dios te bendiga, George", lo despidió ayer McCartney, entre otras decenas de celebridades, como Elton John, a las que también tocó con su vara.

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