23 de julio 2009 - 00:00

Potter VI: terror y revolución hormonal bien dosificados

«Harry Potter y el misterio del príncipe» cambia sustancialmente los climas y conflictos de los films anteriores; es una mezcla de terror y romanticismo adolescente expertamente condimentada con una dirección de arte formidable.
«Harry Potter y el misterio del príncipe» cambia sustancialmente los climas y conflictos de los films anteriores; es una mezcla de terror y romanticismo adolescente expertamente condimentada con una dirección de arte formidable.
«Harry Potter y el príncipe mestizo» (Harry Potter and the Half Blood Prince, EE.UU./G.Bretaña, 2009, habl. en inglés). Dir.: D. Yates. Int.: D. Radcliffe, R. Grint, E. Watson, H. Bonham Carter, R. Coltrane, W. Davis, M. Gambon, A. Rickman, M. Smith, J. Walters, D. Thewlis, J. Broadbent .

El el sexto año de estudios en la escuela de magia de Hogwarths, y siguiendo el crecimiento de los personajes, esta esperada nueva película de la saga de Harry Potter ha cambiado notablemente en clima y conflictos argumentales. Este cambio se notaba ya en el film anterior, que en realidad era un híbrido entre el estilo más de aventuras terroríficas pero infantiles de los primeros libros de la serie y el tono gótico elegido por la autora J.K. Rowlings en sus novelas, y luego llevado al cine con bastante fidelidad por el director David Yates y el guionista Steve Kloves. Se podría decir que en ese nuevo estilo, esta película es mucho más coherente estética y narrativamente que la anterior. Por otra parte, promete un gran desenlace en la última historia (una saga en sí misma ya que estará dividida en dos films, actualmente en producción).

La película comienza con un prólogo bastante enigmático, en el que el director de la escuela de magia lleva a Harry a visitar a un antiguo profesor de Hogwarths, que por algún motivo hace tiempo no quiere saber nada con enseñar en la institución. Es que él conoce un secreto esencial para enfrentar al malvado e innombrable enemigo de Potter, y la tarea de nuestro héroe es arrancárselo como sea.

El interesantísimo nuevo personaje, el profesor Horace Slughorn (Jim Broadbent), es el encargado de enseñar a elaborar pociones mágicas, y por lo tanto son estos elixires y hechizos líquidos los que alimentan la tortuosa y bien elaborada trama donde casi no hay personaje importante que no termine bajo los efectos de alguna droga o veneno ingerido justo a tiempo para tocar cada resorte argumental en el momento oportuno.

Como los estudiantes ya grandecitos están con las hormonas alborotadas, obviamente los hechizos para el amor acechan con consecuencias imprevisibles, uniendo inteligentente el tema principal de la saga con los nuevos conflictos románticos que alimentan especialmente la trama durante la primera mitad de las dos horas y media que dura la película. Hasta hay una nueva secuencia deportiva de esa especie de polo que juegan los chicos sobre sus escobas, pero esta vez los resultados no sólo podrían estar influidos por las habituales brujerías, sino también por algun doping mágico (algo que el guión resuelve muy bien para no ser una mala influencia en los jóvenes espectadores).

Sin embargo Potter, que no está del todo ajeno a las ansiedades y tensiones románticas generales, ni mucho menos a los efectos de una poción especialmente preciada que recibe como premio a su talento en clase, tiene otra influencia más peligrosa. Justamente en el armario del aula donde se estudian las pociones, encuentra un manual sobre el tema. El libro, alguna vez propiedad de un desconocido «príncipe mestizo», empieza a obsesionarlo, y tal vez a cambiar su comportamiento de un modo preocupante.

La mezcla de culebrón adolescente y film de terror está expertamente condimentada por una dirección de arte formidable. La historia ahora ofrece algunas vueltas de tuerca abruptas que, si bien los millones de lectores del libro ya conocen, están astutamente formuladas desde el guión para que el ritmo nunca decaiga. Esto, una vez superado el lento comienzo que alarga las cosas un poco innecesariamente, provocando ansiedad por lo que vendrá.

Las escenas de acción sobrenatural no son tantas, pero todas explotan sorpresivamente aportando la dosis de vértigo visual para equilibrar cualquier riesgo de que el asunto luzca demasiado hablado. En este sentido, los efectos especiales están utilizados con medida y sutileza, por ejemplo en los atractivos flashbacks donde los personajes acceden a ver recuerdos guardados en botellones mágicos.

No hace falta hablar de la calidad de las actuaciones, ya que a esta altura casi todo el mundo está familiarizado con el elenco, donde como siempre sobresale el tenebroso profesor Snape, y sólo hay que agregar la muy buena actuación de Broadbent como el profesor de pociones. La actuación de Daniel Radcliffe (más conocido como Harry Potter) está muy cuidada, pero igual que sus colegas teenagers, por momentos es un poco raro verlo tan crecido encarnando el mismo personaje que empezó a interpretar en 2001. La inmensa parte del público infantil que fue creciendo con él quiza se sienta especialmente identificada con los condimentos románticos del relato, y quizá también sean los más frustrados ante la insistencia de la autora en que las pasiones incipientes aún no lleguen a consumarse.

D.C.

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