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“Quise romper el molde del espectáculo de tango”
Mora Godoy: «Hasta entonces, el formato era el de ‘Tango Argentino’, o sea, una sucesión de números cantados, bailados y tocados, pero sin argumento».
Periodista: ¿Usted comenzó a bailar el tango en las milongas o directamente sobre los escenarios?
Mora Godoy: Yo me formé en el baile clásico, en el Teatro Colón, y mi historia con el tango empezó sobre el escenario. Pero si la pregunta tiene que ver con la actitud que ha tenido el mundo tanguero con mi trabajo, le diría que a esta altura me siento muy valorada.
P: ¿En qué momento ese mundo tanguero le «perdonó» esa carencia de prosapia?
M.G.: No sabría ponerle fecha, pero sé que en un momento, entré en Sunderland de Villa Urquiza, que es una de las milongas más tradicionales, y me dieron una mesa en un buen lugar. Ahí noté que tantos años de trabajo habían dado su resultado.
P.: ¿Qué tiene que hacer una bailarina como usted que no viene del riñón del tango para hacer aceptada en ese mundo?
M.G.: No lo tengo del todo claro. A lo mejor habría que preguntarles a los bailarines de las milongas. Pero quizá sea el respeto por el trabajo, la constancia, el hacer una carrera con criterio y, sobre todo, con amor por el tango.
P.: ¿Qué diferencia a «Chantecler» de otros tantos espectáculos tangueros que regularmente se presentan en Buenos Aires?
M.G.: Me parece que la calidad y la novedad. Cuando hace 10 años presenté «Tanguera», de algún modo rompí el molde e inauguré un modelo de espectáculo. Hasta entonces, el formato era el de «Tango Argentino»; o sea, una sucesión de números cantados, bailados y tocados. «Tanguera» en su momento, como ahora «Chantecler», son musicales en los que hay una historia. Es una propuesta que tiene una base tanguera pero que tiene también una plataforma internacional. Existe un argumento. Es una historia de pasión y traiciones. Hay suspenso. Todo contado desde los personajes y desde la danza; un poco a la manera de lo que pasa en el ballet clásico.
P.: ¿Y cómo se gestó?
M.G.: Es un guión que escribimos con el director Stephen Rayne, con la colaboración en la parte de archivo musical de mi hermano Horacio, que tiene además un papel protagónico, y música original de Gerardo Gardelín, con una orquesta en vivo dirigida por Fernando Marzán, con la participación del cantor David Alejandro Rodríguez y con un cuerpo de bailarines que hacen todas las variantes del tango, desde el más tradicional de los 40 hasta el electrónico, desde el que tiene los pies en el piso al del revoleo de piernas.
P.: ¿Por qué eligió trabajar con un director inglés como Stephen Rayne?
M.G.: Porque en la Argentina no hay nadie que pueda traducir un guión de texto en baile como Rayne. Que sea inglés es una circunstancia secundaria.
P.: ¿Por qué decidió estrenarlo en un teatro oficial?
M.G.: Tenía la idea pero no sala. Presenté entonces un proyecto al ministerio de cultura y así es que me apoyarán con el lugar y con parte de los costos de producción. Estaremos allí en principio sólo por ocho semanas porque el Alvear ya tiene otros compromisos.
P.: ¿Sigue teniendo un significado especial estrenar una propuesta tanguera en Buenos Aires?
M.G.: Seguro. Porque acá la gente está mucho más informada, los críticos tienen mayor conocimiento del género y de su historia. No sé finalmente qué es pero yo, que no creo en nada, cuando tengo que debutar en Buenos Aires recurro a todas las cábalas, a la cintita roja, a entrar con el pie derecho. Estrenar acá tiene un sabor especial.
P.: ¿Ya hay planes para llevar «Chantecler» al exterior aprovechando el éxito y el reconocimiento de «Tanguera»?
M.G.: Por el momento no hay nada cerrado y tampoco quiero enloquecerme con eso. Después de estas ocho semanas me tomaré unos días de vacaciones porque vengo trabajando sin parar y hace mucho que no tengo un poco de descanso. Después veremos cómo sigue.
Entrevista de Ricardo Salton


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