16 de agosto 2012 - 00:00

Se prepara el Colón para comprimir a Richard Wagner

La norteamericana Linda Watson, soprano wagneriana que cantará mañana y también en la versión compacta de «El anillo del Nibelungo».
La norteamericana Linda Watson, soprano wagneriana que cantará mañana y también en la versión compacta de «El anillo del Nibelungo».
Con el título de «Wagner imperdible», y como anticipo de la Tetralogía comprimida de Cord Garben/Katharina Wagner que se hará en el Teatro Colón en noviembre, mañana a las 20.30 se ofrecerá en ese escenario un concierto con fragmentos del ciclo wagneriano, con la Orquesta Estable bajo la dirección de Julien Salemkour. Los protagonistas son la norteamericana Linda Watson, una de las cantantes wagnerianas más destacadas del momento, y el barítono Gerard Kim, en un elenco que completan Fabián Veloz, Fernando Chalabe, Marisú Pavón, Florencia Fabris y Guadalupe Barrientos. Dialogamos con Watson antes de su debut en el Teatro Colón.

Periodista: ¿Este concierto es una suerte de prueba para el Colón-Ring?

Linda Watson: No hablaría de «prueba», es un concierto con música de Wagner. El director quería preparar un poco a la orquesta antes de su llegada, y es realmente muy difícil preparar una Tetralogía. Vi ayer a muchos jóvenes en la orquesta que muy probablemente nunca hayan tocado el ciclo antes. El director me contó que el material que están usando es de 1947, cuando la dirigió Erich Kleiber, lo cual es fantástico porque tiene todas las indicaciones suyas. Para la versión que se va a dar próximamente hubo que cortar la música drásticamente, el trabajo duro es para el director más que para los cantantes.

P.: ¿Qué expectativas le genera esta versión comprimida que ofrecerá el Colón en noviembre?

L.W.: Es un gran desafío para mí, en el papel de Brünhilde, desarrollar esa historia en una versión comprimida y llevarla hacia el final. Aún no conozco el concepto escénico. Trabajé con Katharina Wagner en Bayreuth haciendo «Lohengrin», es una artista muy seria y muy innovadora.

P.: ¿Cuándo descubrió que tenía una voz wagneriana?

L.W.: No diría que yo lo descubrí, más bien fueron otros los que lo descubrieron. Empecé a cantar ópera como mezzo de coloratura, y rápidamente la voz empezó a cambiar, creció y se desarrolló con cada papel. Canté Santuzza, Giulietta («Cuentos de Hoffmann»), Cada uno era más agudo. El primer papel de Wagner que canté fue Sieglinde, que es una soprano, y tuve una transición muy paulatina de mezzo a soprano dramática. No digo fácil: digo paulatina, técnicamente siempre trabajé, y lo sigo haciendo, pero fue una progresión natural, y en cada papel la voz se estiró y afianzó, la técnica se fue fortaleciendo.

P.: ¿Qué recuerda de ese primer encuentro con la música de Wagner?

L.W.: Increíble. Lo sentí como un guante. Los papeles que había cantado antes de eso no encajaban bien con mi personalidad, mi alma, y había pensado en dejar de cantar ópera porque no me interesaban esos personajes. Después vinieron los papeles de Strauss, que le sientan perfectamente mi voz, pero nada de eso lo hubiera imaginado cuando tenía 36.

P.: ¿Hay algún papel de Wagner que prefiera o en el que se sienta más cómoda?

L.W.:
Cada uno es tan distinto y tan increíble. Isolde, Brünhilde, por supuesto, Kundry, me encanta «Parsifal» y creo que es el más cercano a mi corazón. Ahora disfruto mucho de cantar Isolde, porque es un personaje más profundo y de desarrollo más largo.

P.: ¿Cuál es el mayor desafío para un cantante wagneriano? ¿El desempeño vocal, la resistencia, la memoria?

L.W.: Wagner no repite todo el tiempo como Verdi o Rossini: la música está compuesta con fluidez, uno empieza al principio y cuenta una historia, y la historia nunca me aburre, y además los colegas y el director son siempre distintos, así que el desafío no es memorizar. Lo difícil es la disciplina: mantener la boca cerrada antes y después de las funciones, y eso me implica un desafío porque me gusta salir, hablar con mis amigos, y no puedo, porque conozco mis límites y sé que es lo que tengo que hacer para mantener mi «performance» en el mismo nivel. En segundo nivel viene mantenerse sano, dormir bien, tomar mucha agua, estar relajado y fuerte para cada actuación. Todas estas cosas son importantes en la vida de un cantante, pero probablemente la que lo es más es el deseo de hacer estos papeles tan largos.

P.: ¿Es ésta su primera colaboración con Salemkour?

L.W.: No, habíamos trabajado juntos en la Ópera de Leipzig, él era maestro interno y yo era parte del ensamble de cantantes en uno de mis primeros papeles wagnerianos. Es un placer volver a trabajar con él aquí, es un músico extremadamente talentoso.

P.: ¿Qué reflexiones le despierta la escena de la inmolación de Brünhilde, que cantará esta noche?

L.W.: Ella está junto a su amado muerto, Siegfried, y está por devolver el anillo a las Hijas del Rin, y se dirige a su padre para mostrarle el mal que ha hecho, y decirle que puede descansar, y a Siegfried para decir que es el verdadero héroe porque hizo lo correcto. La clave del conflicto es la misma que en «Harry Potter» o «El señor de los anillos» o en cualquiera de los cuentos populares: si se consigue algo como el anillo y se intenta usarlo para el propio provecho y poder, la vida de uno estará maldita. Si se entrega el anillo, como ella lo hace, la maldición desaparece, y ése es el mensaje de Wagner, y la razón principal de que el «Ring» aún permanezca vigente. El mensaje es que el amor conquista todo. La dificultad de cantar esta escena en concierto es que la orquesta no está en el foso sino detrás, y uno tiene todo este volumen sonando a las espaldas de uno, lo cual lo hace mucho más difícil para el director y el cantante, pero la música es una de las más bellas que jamás se hayan escrito.

Entrevista de Margarita Pollini

Dejá tu comentario