Uber ganó guerra a taxis en España: ayer volvió a operar

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 Uber, la polémica plataforma de vehículo compartido, retomó ayer su actividad en Madrid, 15 meses después de haber cerrado por orden judicial en España.

Para esta reapertura, la empresa estadounidense cambió el concepto: ahora ofrece el servicio con profesionales con licencia para el alquiler de vehículos con chofer, que denomina UberX. De esta forma, ya no todo conductor es competencia para los taxistas de Madrid, sino sólo los que cuentan con esa licencia especial, que hasta ayer solamente eran 30. "Hay espacio para todos", manifestó ayer una vocera de Uber. No parece ser así en la Argentina, donde la cantidad de conductores inscriptos en la plataforma ya supera los 10 mil.

El gremio de taxistas, no obstante, sigue en pie de guerra contra la plataforma (tanto en España como en la Argentina) y exige a las autoridades "que actúen para garantizar que se respete la ley y las reglas de la competencia leal y transparente".

Con el nuevo servicio de Uber, el cliente sigue solicitando un automóvil a través de su teléfono celular. Respecto de un taxi, se ahorra un 30% en cada desplazamiento, según la empresa, y hasta un 40% en los viajes al aeropuerto. Para comprobarlo, dos periodistas del diario El País decidieron hacer el mismo viaje, uno en taxi y otro en Uber, y medir así las ventajas y desventajas de cada servicio. Si bien los resultados son aleatorios, dado que dependen de la zona de traslado y el horario, pudieron obtener una interesante radiografía sobre ambos medios de transporte.

El recorrido se hizo desde la calle Moratín 52, a la altura del Museo del Prado, hasta la redacción del diario, en Miguel Yuste 40, en las afueras de Madrid, en el barrio San Blas-Canilleras.

El taxi fue solicitado vía telefónica, mientras que el servicio de Uber se pidió a través de la aplicación. A los dos minutos llegó el taxi, que fue abordado por uno de los redactores. Allí comenzó la "carrera". En tanto, el otro servicio tardó 8 minutos en llegar, con algunos inconvenientes de por medio dado que no había autos libres andando por la zona. Una vez en el Uber, el GPS marcó una ruta que no era exactamente la misma que la del taxi, que se guió por instinto.

El primero recorrió 10,7 kilómetros y tardó 22 minutos hasta su punto de llegada. El segundo hizo un trayecto de 9,1 km, pero tardó 24 minutos. No siempre más largo significa más lento. En cuanto al precio, el taxi costó 15,30 euros (2,40 de la bajada de bandera más 12,9 del trayecto), que fueron abonados en efectivo. Para Uber, el pasajero tuvo que desembolsar 13 euros, cuyo pago se hizo con tarjeta porque el servicio no maneja billetes.

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