8 de diciembre 2011 - 00:00

Un desperdicio de talento al por mayor

Héctor Elizondo cumple una buena pero demasiado breve actuación en «Año nuevo», film coral sensiblero y falto de ingenio que desaprovecha un elenco envidiable.
Héctor Elizondo cumple una buena pero demasiado breve actuación en «Año nuevo», film coral sensiblero y falto de ingenio que desaprovecha un elenco envidiable.
«Año nuevo»(New Years Eve, EE.UU., 2011, habl. en inglés). Dir.: G. Marshall. Int.: M. Pfeiffer, H. Berry, R. De Niro, A. Kutcher, S.J. Parker, Z. Efron, J. Bon Jovi, J. Biel, C. Elwes, Seth Meyers, H. Elizondo, H. Swank, J. Belushi, Ludacris.

Según las estadísticas, el fin de año es la época de mayor índice de suicidios, y la verdad es que este tipo de comedia sensiblera tipo «te hará reír, te hará llorar, te emocionará» no debe ayudar mucho. «Año nuevo» es una especie de film coral a lo Robert Alt, pero sólo en estructura, ya que en la práctica es un compendio de lugares comunes y situaciones insulsas, raras veces realmente cómicas.

Tenemos una secretaria madura harta de su trabajo y deseosa de concretar viejos deseos frustrados (Michelle Pfeiffer); un moribundo que quizás apenas sobreviva a la noche de Año nuevo internado en la clínica más cercana a Times Square con la esperanza de que alguien lo suba a la terraza para ver los festejos (Robert De Niro, tal vez lo mejor de la película porque su personaje nunca intenta ningún paso de comedia); una madre que impidió que su nena de 13 años vaya a Times Square y ahora la busca desesperadamente (Sarah Jessica Parker); un único operario capaz de arreglar la famosa bola de luces que cae sobre el público que se agolpa en el centro de la ciudad de Nueva York (Héctor Elizondo, en un buen papel demasiado breve); y un superastro de rock (Jon Bon Jovi), capaz de dejar plantado a todo su público para reconquistar a una cocinera a la que abandonó un año atrás.

A estas historias hay que agregarles varias más, ninguna muy desarrollada dado que todas deben caber en la misma película. Para colmo la narración del director de «Mujer Bonita», Garry Marshall (quien ya hizo algo muy parecido a esto en «Día de los enamorados»), resulta especialmente torpe y lenta durante la primera mitad de la proyección, que se vuelve realmente eterna y sin gracia. Hacia la segunda mitad, el asunto mejora, ya que al menos no hay que seguir presentando personajes y situaciones obvias, pero al mismo tiempo todo este producto empieza a lucir sospechosamente como una especie de propaganda turística de Nueva York, lo que explica un fin de año sin borrachos revoltosos ni gente desagradable descontrolada por las calles.

El resultado es un desperdicio de talento al por mayor, sobre todo en lo que respecta a un elenco lleno de nombres famosos y brillantes.

D.C.

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