21 de octubre 2009 - 00:00

Un fuerte perfil político caracterizó al FIBA 2009

Escena de «Neva», una de las tres obras que trajo el autor y director chileno Guillermo Calderón, el único que obtuvo la aprobación general en una edición del FIBA que tuvo tantos fans como detractores.
Escena de «Neva», una de las tres obras que trajo el autor y director chileno Guillermo Calderón, el único que obtuvo la aprobación general en una edición del FIBA que tuvo tantos fans como detractores.
La séptima edición del Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires, ahora con la dirección artística de Alberto Ligaluppi y Rubén Szchumacher, mostró un perfil mucho más político y reflexivo que en años anteriores.

La voluntad de confrontar ideas, revisar antiguas posturas ideológicas y alertar sobre los abusos e injusticias estuvo presente en casi todos los espectáculos provenientes del extranjero (21 obras). Así fueron apareciendo en escena: la deshumanización de la guerra, en el terrorífico campo de concentración de «Hotel Splendid» (Corea); la degradación de la mujer en países del Tercer Mundo, encarnada por la cautivadora actriz de «Mujer asfalto» (Mozambique); las siniestras artimañas de los gobiernos totalitarios y su habitual paranoia en relación a los artistas, evocadas con ironía en «Los expedientes» (Poznan, Polonia). Sin olvidar los desmanes y curiosidades del período franquista («Crónica sentimental de España» de Xavier Albertí) ni los excesos del mundo de hoy, condenado a repetir los mismos errores sin aprender la lección, tal como se vio en la comedia checa «El agujero negro», una absurda pesadilla pop ambientada en una estación de servicio del Medio Oeste norteamericano. Incluso en el espectáculo de danza «Are you really lost?» (México), luego de un sofisticado contrapunto de baile, música, iluminación y textos poéticos se proyectó en escena una larga serie de preguntas existenciales.

«El caso Danton» (Wrolaw, Polonia) fue uno de los exponentes de teatro político de mayor nivel. Estuvo a cargo de un elenco talentosísimo que explotó con humor y gran entrega física los ricos contenidos de esta pieza insoslayable. Pese a ello, algunos espectadores no comulgaron con el tono farsesco que le imprimió el director Jan Klata, ni con la inclusión de coreografías burlonas y objetos anacrónicos. Pero así son los Festivales, un hervidero de propuestas en pugna capaces de generar el mismo número de fans que de detractores. Tal como ocurrió con el espectáculo de danza «Stravinsky Evening» (Finlandia) que fascinó al gran público, pero no a los habitués de la danza que acusaron a Tero Saarinen de recurrir a «fuegos artificiales».

«El dúo de la africana» (España); «Mishelle di SantOliva» (Italia) y «El efecto de Sergio» (Francia) también dividieron las aguas. El único artista que obtuvo la aprobación general (casi un milagro) fue Guillermo Calderón. El prestigioso autor y director chileno llegó a Buenos Aires con tres obras: «Clase», «Diciembre» y «Neva», el gran éxito de este festival. Ingeniosas, bien actuadas y con agudas reflexiones sobre el teatro, la realidad y la neurosis de los actores.

Grilla local

Los 28 espectáculos que integraron la grilla nacional dieron muestra de una gran diversidad de géneros y líneas estéticas. No por nada, circuló la versión de que este año tuvieron cabida dentro del FIBA aquellos teatristas que en ediciones anteriores habían sido «ninguneados».

Según sus organizadores, el VII Festival Internacional de Buenos Aires convocó a unas 40 mil personas aproximadamente. Esto incluye a quienes participaron de las actividades gratuitas, entre ellas, el ciclo de cine Cámara Hamlet, la lectura de obras en sus idiomas originales Babel, La Biblioteca; los shows diarios de Pequeña Música Nocturna (a cargo de músicos relacionados con las artes escénicas), más talleres, coloquios y presentaciones de libros.

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