23 de septiembre 2010 - 00:00

Un “Lula” discutible pero eficaz

Bueno en todos los rubros, «Lula, el hijo del Brasil» podría equipararse a «El joven Lincoln», de John Ford, salvo por el tono melodramático y por no haber esperado a que el personaje hubiera bajado al llano.
Bueno en todos los rubros, «Lula, el hijo del Brasil» podría equipararse a «El joven Lincoln», de John Ford, salvo por el tono melodramático y por no haber esperado a que el personaje hubiera bajado al llano.
«Lula, el hijo del Brasil» (Lula, o filho do Brasil, Brasil-Argentina, 2010, habl. en portugués). Dir.: F. Barreto. Guión: D. Paraná. F. Barreto, D.Tendler. Int.: R.R. Días, G. Pires, L. Santos, G. Tortolio, F. Falanga, C, Pires, J. Baroni.

El único pecado quizás imperdonable que sufre esta película, es el pecado original de su gestación. Financiada por empresas cercanas al gobierno de Lula, e inspirada en una biografía escrita por una de sus colaboradoras, su lanzamiento en un año electoral suena a obsecuencia. De haberse hecho más adelante, cuando el hombre ya hubiera bajado al llano, otro sería el cantar. En vez de obsecuencia, podría hablarse de agradecimiento y desinteresada admiración.

Por lo demás, es realmente admiración, y a veces también ternura, dolor, y emoción, lo que despierta esta historia, casi enteramente verídica, de un chico nacido en la pobreza nordestina, que emigró junto a los suyos, afrontó durezas, se esforzó en aprender, y logró avanzar en la vida, gracias ante todo a su madre y su maestra. Es una historia épica, la épica del inmigrante, del que en vez de mendigar se esfuerza para ser obrero calificado, del obrero que se planta para ser reconocido como ciudadano, y sacrifica su descanso y tranquilidad por los demás que también trabajan. Y es también la historia del niño que se planta frente a su padre en defensa de la madre, la historia de un hombre de pueblo. Hay muchos que se ven representados en él, por eso el título representativo, por eso también la singular transmisión de la palabra en un momento clave, transmisión que convierte la voz de uno en la de muchos.

El relato llega hasta un momento clave de su vida. Lo demás, supuestamente ya es conocido, ya es política reciente. Se ha querido contar la infancia y juventud de un líder. Cómo se forja un líder. En cierta forma, bien cabe poner esta obra cerca de «El joven Lincoln», de John Ford. Hoy se la registra con suspicacia, pero dentro de un tiempo empezará a verse de ese modo.

Además, la película tiene con qué defenderse, es una de las mejores de la factoría Barreto, palabra mayor en el cine brasileño. Hay mucho cuidado, hay calidad en toda su elaboración, y hay buenas actuaciones. Se dice que también hay algunas exageraciones impuestas por la dramaturgia. El propio Lula señaló que no recordaba a su padre tan malo como aparece en la película, y sus viejos compañeros dicen, por ejemplo, que donde los detuvieron había camastros, no tuvieron que dormir en el suelo. Sí, el cine siempre exagera un poco las cosas. Pero la anécdota de la transmisión es cierta. Y el sentido de la historia es muy noble. Conviene al respecto ver el documental de Eduardo Coutinho con entrevistas a los compañeros de Lula en esa época. En síntesis, vale la pena. Además, la entrada de cine sale un tercio de lo que cuesta el libro.

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