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Western al personal estilo de los Coen
Hailee Steinfeld es una revelación como la adolescente vengativa que se une a un sheriff decadente (excelente Jeff Bridges), en la extraña y corrosiva versión de los Coen de «Temple de acero».
En manos de los Coen, la misma historia contada hace décadas por Henry Hathaway sobre una adolescente vengativa y un marshall en decadencia se vuelve más extraña, y bastante más oscura.
Claro, falta John Wayne -en realidad también falta un grupo de actores de reparto -como el que incluía nada menos que a Dennis Hopper y Robert Duvall- pero en principio, ése no es el único obstáculo que tienen que sortear los hermanos Coen para que el espectador fan de los westerns clásicos se crea esta nueva «Temple de acero». El principal obstáculo es justamente la personalidad de estos cineastas, que no siempre adecuan sus gustos excéntricos a una narración ortodoxa, mucho menos si se trata del western que le dio su unico Oscar a John Wayne.
Por eso, durante la primera media hora, donde la protagonista absoluta es la adolescente obsesionada por encontrar y liquidar al bandido que mató a su padre, la película por momentos más que un western parece una típica comedia negra al mejor estilo Coen (la escena de la chica observando un triple ahorcamiento marca el estilo dark tragicómico de esta primera parte). Todo este principio sería realmente más raro que realmente bueno, si no fuera por la increíble actuación de la teenager protagónica, Hailee Steinfeld, toda una revelación en la película. Luego, el impresionante nivel actoral de esta niña sigue presente todo el film, pero ya comparte la pantalla con un Jeff Bridges que cada vez logra actuaciones más contundentes. Actuación mejorada en este caso por la dirección de los Coen, que saben hacer brillar todo el talento de este actor con el que ya trabajaron en la formidable «El gran Lebowski».
Gloria épica
Ya con Bridges metido en la historia haciendo una versión más corrosiva y decadente, sin dejar de lado el heroísmo y la redención de aquel viejo mar-shall encarnado por John Wayne, el film se va volviendo paulatinamente un western hecho y derecho, con apuntes terroríficos realmente oscuros y violentos, pero también, con los momentos de gloria épica que requiere el género. En este sentido, la película culmina en un duelo de antología, que casi se podría decir que supera el del film de Hathaway.
Además de las excelentes actuaciones. sin olvidar a un raro Matt Damon como el Texas Ranger que ayuda en la búsqueda vengativa- hay un aporte esencial al que los Coen le sacaron el mayor de los provechos. Es la fotografía de Roger Deakins, que ilumina con su personal luz los rincones más dark de este extraño primer western de los autores de «De paseo a la muerte».


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