El problema es que toda la información proviene de un solo lado, la mayoría de las veces representado por tres altos funcionarios cubanos. Nunca oímos la otra campana, nunca podemos apreciar las fuentes enemigas mencionadas (por ejemplo, los memos del Departamento de Estado, o los programas desestabilizadores de origen miamense), no hay posibilidad de cotejo alguno, y para colmo
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