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30 de agosto 2007 - 00:00

"Bourne: El ultimátum"

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Matt Damon vuelve a encarnar a Jason Bourne en esta tercera entrega de la saga, construida alrededor de tres imperdibles secuencias de acción y suspenso, y con Albert Finney como un villano inolvidable.
«Bourne, El ultimátum» (The Bourne Ultimatum, EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: P. Greengrass. Int.: M. Damon, J. Stiles, D. Strathairn, S. Glenn, J. Allen, P. Considine, A. Finney.

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Un caso raro el éxito de las películas de un antihéroe como Jason Bourne: un agente secreto amnésico, que pide perdón por sus crímenes pasados y sobrevive a todos los ataques de los jefes inescrupulosos que abusan de la licencia para matar.

En esta nueva película, el personaje es presentado herido y acorralado en Moscú, lo que no le impide perdonarle la vida al policía ruso que lo persigue (toda una declaración de principios teniendo en cuenta el género).

Esta introducción del personaje -sumada a flashbacks de sus disturbios psíquicos y recuerdos de los dos films previos- casi basta por sí sola para que el director Paul Greengrass no pierda tiempo en explicaciones de las nuevas variantes conspirativas. Finalmente, lo que queda claro es que cada movimiento del protagonista para conocer su pasado traerá una horda de asesinos dedicados a borrarlo del mapa, estrategia de exterminio que se aplica a cualquier persona que pueda tener alguna infomación (recurso imprescindible para que Bourne quede más expuesto).

Ese es el detalle del argumento que el director aprovecha de un modo sorprendente: toda la película está construida alrededor de tres secuencias de acción y suspenso imperdibles, especialmente una terriblemente tensa en medio de la muchedumbre de la estación de Waterloo de Londres (el tipo de escena que uno podría esperar de directores como Frankenheimer o Friedkin-O una angustiante pesadilla ultraviolenta en las calles laberínticas de Marruecos, momento antológico que justifica por sí mismo la visión de esta película.

También hay un villano de lujo como Albert Finney, frente a cuyas apariciones fantasmagóricas nadie se va a poner a discutir sobre detalles ingenuos de la trama, incluyendo los proyectos secretos con nombres clave casi al estilo de CIPOL.

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