En su nuevo
espectáculo,
Cuatro
Vientos
demuestra
que el grupo
conserva la
solidez
musical y el
buen humor
que lo
caracterizó
desde sus
comienzos.
«Música en movimiento». Actuación de Cuatro Vientos. Con Diego Maurizzi (saxo alto), Leo Heras (saxo soprano, clarinete), Jorge Polanuer (saxo tenor) y Julio Martínez (saxo barítono). (Jazz Voyeur, todos los sábados.)
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Ya desde el comienzo, hace dos décadas y con una formación algo diferente a la actual, el grupo Cuatro Vientos se propuso mezclar la música con el humor. La orquestación para cuatro saxos -o, a veces, un clarinete- no es sencilla, porque inevitablemente, el timbre de estos instrumentos de lengüeta remite al jazz o a las fanfarrias, y se corre el riesgo de que todo suene demasiado parecido. Cuatro Vientos ha sabido romper con ese estigma. Y, desde el modo en el que se van hilvanando las piezas hasta la manera de presentarlas -siempre con un toque de ironía y apelando a los movimientos teatrales sobre el escenario y a juegos verbales- les ha permitido permanecer en el tiempo, sin reiterarse y conservando al mismo tiempo la solidez musical y el buen humor.
En este caso, el repertorio va de tangos como «A fuego lento», «Arrabal», «Kicho», a milongas («La puñalada»); de piezas folklóricas
(«Pa' que bailen», «Me llené de chamamé», «Metro veinte») a compilados de jazz («Summertime», «Sweet Georgia Brown»); de composiciones de Los Beatles («Peny Lane») a un popurrí de músicas de películas y series; de temas escritos por Jorge Polanuer a una audaz versión del primer movimiento de la Sinfonía Nº 40 de Mozart. En este caso, lo íntimo del espacio en el que están actuando cada sábado, les permite tocar sin amplificación; y ese sonido directo aporta un toque extra a las virtudes de este cuarteto.
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