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13 de febrero 2008 - 00:00

Buena entrada al mundo detectivesco de Camilleri

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«El perro de terracota» de Andrea Camilleri. Salamandra. Madrid, España, 2007. 251 págs.

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Montalbano no duraría ni 48 horas dentro de una organización tan corrupta como la de la policía siciliana, pero gracias al ingenio de su creador, resulta muy creíble que este comisario honesto, erudito, amante de la buena mesa, fóbico a las conferencias de prensa y nunca indiferente al dolor humano, pueda moverse a sus anchas en esa sutil frontera que divide lo legal de lo ilegal. Sus aventuras abordan toda clase de temas y, también, se ocupan de radiografiar el alma del pueblo siciliano con notable agudeza e ironía. Esto ha hecho que sean devoradas por miles de lectores, entre los que figuran, créase o no, un buen número de policías italianos y varios investigadores de Ciencias de la Comunicación.

El fenómeno Montalbano explotó en 1998 y de la noche a la mañana catapultó a su autor al primer puesto de la lista de bestsellers. Hasta ese momento, Andrea Camilleri (nacido en la provincia de Agrigento) era un respetable intelectual de 73 años, profesor de Arte Dramático, guionista y director teatral y televisivo, con algunos logros importantes como la serie italiana dedicada a Maigret, el detective creado por Georges Simenon. Esa experiencia le sirvió a Camilleri para definir los métodos investigativos de su propio personaje; sin embargo, prefirió bautizarlo «Montalbano» en homenaje a otro gran autor del género, el español Manuel Vásquez Montalbán, bien conocido por su detective gourmet Pepe Carvalho.

Además de la obsesión por la comida, Montalbano y Carvalho comparten un bagaje cultu ral de muy alto nivel. Sólo que a diferencia de su colega español, el investigador siciliano no quema sus libros, sino que sigue leyéndolos con particular devoción, y, además, se esmera en no serle infiel a su novia Livia, lo cual le ha generado más de una discusión con sus lectores: «Hace poco unos sicilianos me pidieron que Montalbano no se case nunca con su novia... ¡porque es genovesa! ¡Una forastera! ¡Pretendían que le buscase una mujercita siciliana como Dios manda!», contó en una entrevista.

«El perro de terracota» -recientemente reeditado- es el segundo libro de la serie y el primero en describir con todo detalle la atrayente personalidad del comisario y su colorido entorno. Por él circulan policías medio payasescos, mujeres bellas e inteligentes (como la sueca Ingrid, amor platónico de Montalbano) y hasta un ridículo juez con ínfulas de historiador. Casi todas las investigaciones del comisario se desarrollan en Vigàta, un pueblo ficticio de la Sicilia profunda que funciona como un auténtico microcosmos. En este caso puntual, Montalbano empieza por encarcelar de manera muy insólita a un peligroso capo mafia, acto seguido investiga un robo de mercadería, aún más absurdo, para terminar enfrentado a un enigma con reminiscencias del Antiguo Egipto.

Es una buena puerta de ingreso a su universo detectivesco, para luego seguirle la pista a «Un mes con Montalbano», donde el comisario va resolviendo toda clase de delitos a razón de un caso por día.

Si la experiencia resulta satisfactoria, todavía quedan otros veinte títulos para disfrutar.

Patricia Espinosa

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