24 de diciembre 2020 - 00:00

Claude Brasseur fue un grande desde cientos de secundarios

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No todos los actores corren el París-Dakar. Claude Brasseur lo hizo seis veces. Una vez salió quinto y en 1983 lo ganó, junto al belga Jacky Ickx. Ni corren ladera abajo en un bobsleigh con tanta habilidad como para integrar la selección de los Juegos de Invierno de Innsbruck (ni se dan semejante tortazo contra un muro como el que lo llevó a rodar 600 metros y sufrir tres implantes metálicos, de los cuales salió sonriente postulándose para “Terminator”). Y no todos los actores pueden ganarse un César como el amigo homosexual en la comedia “Un elefante con una trompa enorme” y otro César como el duro comisario del drama “La guerre des pólices”. Solo él pudo hacerlo.

Hijo del arte –sus padres fueron Pierre Brasseur, actor de fama, y Odette Joyeux, actriz, novelista y dramaturga-, Claude Brasseur se inició en el cine en 1956 y se retiró recién hace dos años, tras haber hecho más de 116 películas y 36 series y telefilms, generalmente como actor de reparto. Lo solicitaron directores de peso, desde el maestro Jean Renoir y Marcel Carné hasta Truffaut, de Broca y sus herederos. Trabajó con casi todos los grandes, desde Jean Gabin, Belmondo, Delon y Brigitte Bardot hasta Isabelle Adjani y Valérie Kapriski cuando eran jóvenes; coincidió con su padre en “Los ojos sin rostro”, de Georges Franju, y se lució especialmente junto a Romy Schneider en “Una historia simple”, de Claude Sautet, y junto a Jean Rochefort en “Un elefante con una trompa enorme” y su continuación, “Todos iremos al paraíso”, ambas de otro maestro, Yves Robert. Título irónico, este último. Todos los varones de esa comedia ya fueron para ese lado. Solo faltaba Claude Brasseur, que se agregó el pasado martes. Tenía 84 años.

Paraná Sendrós

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