28 de junio 2009 - 23:40

«Código de familia»

Colin Farrell y Edward Norton cumplen muy buenas actuaciones como dos cuñados con muy diferente actitud hacia el trabajo policial en la fuerte película de Gavin O’Connor.
Colin Farrell y Edward Norton cumplen muy buenas actuaciones como dos cuñados con muy diferente actitud hacia el trabajo policial en la fuerte película de Gavin O’Connor.
«Código de familia» (Pride and Glory, EE.UU.-Alemania, 2008, habl. en inglés). Dir.: G. OConnor. Int.: C. Farrell, E. Norton, J. Voight, N. Emmerich, J. Ehle.

Sólido ejemplo de cine negro moderno

Este muy buen ejemplo de cine negro va directamente al tema de la corrupción policial, y como sucede en Hollywood, lo hace con detalles realmente fuertes entremezclados con ingenuidades que tal vez funcionen mejor para un público anglosajón, pero sirven para relajar la tensión de las partes más serias.

Varias generaciones de policías de una misma familia irlandesa interactúan de distintas maneras ante una masacre donde mueren varios agentes neoyorquinos. Edward Norton es un antiguo héroe, herido gravemente años atrás, que con este caso decide salir de su escritorio para volver a investigar en la calle. Jon Voight es su padre, un policia honesto, salvo cuando se trata de involucrar hombres de azul en asuntos sucios. Colin Farrell es su cuñado, maldito policía metido en todo tipo de negocios non sanctos, y hacia quien va apuntando inexorablemente la investigació de la masacre.

La película comienza casi como un drama policiaco-familiar, y el director va manejando lenta pero cuidadosamente un clima opresivo que le asegura al espectador que algo va a explotar muy seriamente. Sin embargo, el argumento es tan duro que ni el más avezado conocedor del género puede ver venir las tremendas escenas que se van sucediendo. A medida que las cosas se ponen más y más fuertes, las ingenuidades más visibles en la primera parte desaparecen y el tono va cambiando hasta terminar en un maremagnum social al mejor estilo Spike Lee.

Si bien Jon Voight tiene un papel importante, el verdadero duelo actoral es entre Edward Norton y Colin Farrell, y aunque Norton da una de sus exactas composiciones de siempre, es el policía corrupto de Farrell el que se roba la película con escenas de una crueldad realmente extrema.

Los cambios de estilo que imprime el director Gavin OConnor a lo largo de los 130 minutos pueden parecer, en principio, un defecto, y quizá lo sean, pero por otro lado ayudan a que la intensidad nunca deje de crecer hasta el contundente final, tan fuerte y difícil como el tema tratado.

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