Julia Roberts y Clive Owen en la ingeniosa comedia de espías de Tony Gilroy «Duplicidad».
«Duplicidad» («Duplicity», EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir. y Guión: T. Gilroy. Int.: J. Roberts, C. Owen, P. Giamatti, T. Wilkinson, C. Preston, K. Chal- fant, Tom McCarthy, Denis O'Hare, Wayne Duvall.
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«Suelo olvidarme las caras. Lo que no se me olvida es con quién me he acostado», dice el tipo, reprochándole a ella que no lo recuerde, y ella bien podría contestarle como Edgardo Nieva al gordo Baza de Candia en la escena de la cantina de «Gatica el mono», porque el tipo no será gay pero es menos vivo de lo que se cree, por decirlo finamente. Aun más, lo único que no tiene duplicidad en esta película es su estupidez, al punto que él mismo se autodefine «confundido, lujurioso, torpe». Por eso ella lo maneja a gusto y piacere.
Oiremos la misma frase cuatro veces. Solo hacia el final nos caerá la ficha, pero no por ser igual de tontos, sino porque recién ahí el autor completa esa parte del puzzle que viene armando ante nuestros ojos. ¡Pero de inmediato aparecen otras piezas, muy poquitas, y la figura completa aparece ante nuestros ojos de una forma distinta a la esperada! Aclaremos, Tony Gilroy, el autor, no se ha burlado de su público. Simplemente, le fue dando alternativas, de esas que evitan el aburrimiento y obligan a seguir la trama sin descanso.
Puede que alguno se canse, porque hay un fárrago continuo de datos, vueltas, y paseos (callejuelas romanas, casinos, hoteles de seis estrellas, el mar visto en Miami y las Bahamas, hasta Nueva York parece linda), pero por ahí anda el chiste. Ésta es una comedia romántica de espías, donde más de uno tiene su doblez, o su doble, o algo está cambiado, pero todo para bien del espectáculo, salvo los labios de Julia Roberts, que cambiaron para mal (qué curioso, y coherente con el relato, los labios de Clive Owen parecen de mujer, viejo estilo).
Caben algunas aclaraciones: se trata de espías industriales, ex del Estado; la comedia es menos reidera de lo anunciado, pero entretenida; y de romántica tiene la elegancia de los trajes y lugares, pero no el amor en la forma habitualmente soñada. El amor acá es como en «El honor de los Prizzi» o «Mr. & Mrs. Smith»: atracción física y mental, interés mutuo por el juego del poder y del engaño, desconfianza mutua, asociación de profesionales, hay matrimonios parecidos.
Graciosa, la parte de Carrie Clinton como una tonta alegre, que se da el gusto con el marido de la otra y encima se lo cuenta sin darse cuenta (la Clinton se luce, pero hay que ver la cara de odio de la Roberts). Simpática, la viejita del departamento de espías, Kathleen Chalfant. En ascenso, el petiso Paul Giamatti. En ascenso también, los hermanos Tony (director, guionista) y John (editor) Gilroy. En descenso, irónica, la espuma del champán al compás de un acordeón, momento en que la Roberts dice su mejor y único chiste (el único, pero memorable).
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