28 de octubre 2004 - 00:00

"El día más bello de nuestras vidas"

La todavía cautivante Virna Lisi se luce como la mater familias de «El día más bello de nuestras vidas», una historia bien contada donde cualquier espectador puede encontrar algo de sí mismo.
La todavía cautivante Virna Lisi se luce como la mater familias de «El día más bello de nuestras vidas», una historia bien contada donde cualquier espectador puede encontrar algo de sí mismo.
«El día más bello de nuestras vidas» (Il piú bel giorno della mia vita, Italia, 2002, habl. en italiano). Dir.: C. Comencini. Guión: C. Comencini, L. Schiaffino, G. Calenda. Int.: V. Lisi, M. Buy, S. Ceccarelli, F. Scianna, J.A. Anglade, R. Tognazzi.

Es fácil engancharse con un libro. «Solo tienes que encontrar un poquito de ti misma», le explica el chico de peinado rasta y lecturas clásicas a su amiga adolescente, incapaz de aprobar una materia. Es fácil también engancharse con esta película: Cristina Comencini y sus amigas han escrito una historia donde cualquier espectador puede encontrar algo de sí mismo, o de las personas que más le importan. Amén de ricos caracteres, buenas actuaciones, muy buenas observaciones, música inolvidable y un final emotivo.

La hija del viejo humanista Luigi Comencini (a quien ayudó en por lo menos tres guiones importantes) desarrolla aquí una comedia dramática sobre los vaivenes afectivos de una familia, desde la abuela hasta la nieta que va a tomar su primera comunión, pasando por los padres en crisis, la hermana mayor (que gracias al chico de pelo rasta no leerá mucho pero perderá, digamos, su malhumor), etc., etc., y hasta un tío solterón, que es solterón no precisamente por mujeriego, y que no se anima a decirle a la madre lo que ésta sospechaba, pero le «daba impresión siquiera pensarlo».

En su vieja casona del Lazio la mater familias insiste en remarcar el pensamiento clásico sobre el matrimonio y el cuerpo -de lo que se habla, de lo que no se habla-, pero mirando una porno en la tele confiesa cierta pena porque el marido nunca le hizo esas cosas. Igual cree que las hijas están mal «porque quieren demasiadas cosas». Una es viuda, solo conoció hombres pasajeros, y teme que su hijo tenga un accidente o le salga como el tío. Este, debe enfrentar a la madre, que en el fondo espera ese momento para aceptarlo. Y la otra hija, que aunque madre de dos chicas todavía arrastra la callada desazón de un aborto durante el noviazgo, reencuentra el amor fuera de casa. Y el marido no sabe cómo recuperarla.

Madres e hijas irán desnudando angustias, en charlas nocturnas, en una discoteca, o en el dormitorio, donde el antedicho marido no puede resistir la franqueza de un cuerpo que ya no es para él. También los hombres tienen sus pesares, sueñan, y se confiesan. La vieja casa guarda voces infantiles, tolera sobremesas cargadas de reproches, y se vuelve luminosa en la fiesta final. Allí todo se ve desde la mirada de la niña, que empieza a entender las penas de amor de sus mayores, y las palabras de Cristo en la catequesis, acerca de la búsqueda de la verdad, y está segura de cómo ha de querer y cuidar a su propia familia, cuando sea grande. «Es tan fácil», concluye. Quizá como leer un libro, o como encontrar un poco de uno mismo en los otros.

Una sola mentira evidencia la película. Por ahí la abuela habla de cosas comunes «que cuando las recuerdas de vieja parecen haber sido maravillosas», y justo vemos su imagen cuando joven... Ella no parece haber sido maravillosa. Lo era. Y hoy es una linda vieja, y muy buena actriz. Es Virna Lisi.

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