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18 de mayo 2006 - 00:00

El espectáculo de luto por Jorge Porcel

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Jorge Porcel en sus últimos tiempos, ya enfermo y envejecido, y junto al recordado Alberto Olmedo, con quien formó una pareja inolvidable en comedias de cine y TV aún hoy regocijantes.
El mundo del espectáculo local recordó ayer con afecto y respeto en programas radiales y televisivos a Jorge Porcel, a la espera de que sus restos lleguen a Buenos Aires para ser inhumados en el Panteón de Actores de Chacarita. Es que, según informó la familia del querido actor fallecido el martes en Miami (donde había fijado residencia hace ya muchos años y donde batalló largamente con la enfermedad, la tristeza, el cansancio y quizás también el olvido al que él mismo se condenó), se decidió velarlo allí mismo durante el día de ayer, mientras se realizan los trámites para el traslado de los restos a la Argentina. «Si está con Dios, lo va a hacer reír», dijo un emocionado Jorge Luz, por ejemplo.

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Como se sabe, Porcel se había apartado del espectáculo hace ya varios años, volcándose primero a otros negocios, y luego a la religión, al punto de convertirse en predicador de una secta evangelista. En ese sentido, su destino se asemeja al de Lope de Vega, el Fénix de los Ingenios, que tras una vida entera felizmente disipada, al llegar a viejo hizo un balance y se metió en un convento.

Jorge Porcel (Buenos Aires, 7 de septiembre de 1936), un hombre que hizo de la picardía una virtud, empezó a hacerse notar imitando a Carlitos Balá en el programa radial «La revista dislocada», uno de los programas cómicos más populares de comienzos de los años '50 y '60 (el otro era «Telecómicos»). En 1964 debutó en cine con un papel protagónico, «El gordo Villanueva», adaptación de la historieta que Luis de la Plaza escribía en el «Patoruzú». Encarnaba ahí un porteño chanta que se lleva todo por delante pretextando ser «ssrptor. dedr. la Nación». Por supuesto, todos creen que se trata de un inspector, y lo dejan hacer. Hasta que, llevado a juicio por reiteradas estafas, lo obligan a hablar con claridad, y entonces descubren que es apenas «suscriptor del diario 'La Nación'». Pero no hay problema, porque también es novio de la hija del juez (papel a cargo de Luisina Brando).

Durante años no tuvo un protagónico semejante.Sólo apariciones en comedias de extensos elencos, como «Disloque en el presidio», « Coche cama alojamiento», y similares. Pero en televisión ya encabezaba ciclos propios, con libreto de los hermanos Sofovich, que en 1967 lo integraron a «Operación Ja Ja», donde también trabajaba gente de la talla de Alberto Olmedo (con quien hizo una pareja inolvidable en comedias aún regocijantes), Javier Portales, Fidel Pintos, Marcos Zucker, César Bertrand, Adolfo María Grau y Jorge Luz. Con éste hizo, en un programa dominical de 1968, la primera representación de dos chusmas de barrio, anticipo de lo que harían, casi 30 años después, como la Tota y la Porota. Y con Crespi, Carella, Altavista, Pintos e Irízar, dentro de «Operación...», los primeros esquicios de «Polémica en el bar», una mezcla de absurdo y realidad sin libretos: los cómicos tenían sus personajes definidos, los Sofovich les tiraban un tema, y al aire.

En su sexta temporada, «Operación Ja Ja» estuvo los doce meses seguidos en pantalla, alcanzando un promedio de 45 puntos de rating. Es que la televisión entonces era otra cosa. Por ejemplo, en 1969 «Canal 13» presentó un especial del «Otelo» de Shakespeare, con Rodolfo Bebán, su padre Miguel Bebán como Yago, y, en el papel de Desdémona, Ana Marzoa. Eso empezaba a las 21.30. Pero a las 22, «Canal 9», por iniciativa de Alejandro Romay, presentó un especial de «Los viernes de Pacheco», con la obra «El morocho de Venecia» de Petit y Cosentino, con Osvaldo Pacheco haciendo de Otelo, Alberto Olmedo como el intrigante, y, en el papel de Desdémona..., Jorge Porcel. Dicen que el rating fue matador.

A ese programa le seguirían «El botón» (donde aparece Don Mateo, y Olmedo inventa el mago ucraniano), «Fresco y Batata», en dupla con Olmedo, y la mejor época de «Polémica en el bar», la de los '70.

Dignos de compilarse en un libro, si alguien tuviera memoria, los diálogos del Gordo y Minguito, rapidísimos juegos verbales donde uno trataba de enseñarle al otro la correcta pronunciación y definición de cada palabra, con los resultados previsibles (época en que, aparte de la censura, había ingenio y buen gusto).

Ya para entonces también encabezaba espectáculos revisteriles, y se dio el gusto de aparecer con cartel francés en películas de Isabel Sarli («Desnuda en la arena») y de la dupla Sandrini-Pastorino («Hoy le toca a mi mujer»). En 1973, con «Los caballeros de la cama redonda», Porcel y Olmedo empezaron la lista de sus grandes éxitos en el sello Aries. «Los doctores las prefieren desnudas», «Hay que romper la rutina», «Los hombres piensan sólo en eso», «Las turistas quieren guerra», «Expertos en pinchazos» «A los cirujanos se les va la mano», «Las mujeres son cosas de guapos» (estas dos últimas haciendo pareja con la dupla Susana Giménez-Moria Casán), fueron algunos de esos films, con títulos generalmente puestos por el productor Osvaldo Repetto, a veces parodiando -sólo en el título- a otras películas del momento (por ejemplo «Encuentros muy cercanos con señoras de cualquier tipo», «Los fierecillos indomables», «Rambito y Rambón, primera misión»).

Lo de ellos fue todo un subgénero. Así como los brasileños desarrollaron, con Oscarito y Grande Otelo, la pornochanchada (una mezcla de números musicales, parodias, y espíritu revisteril), Olmedo y Porcel fueron maestros de la pornochantada, un tipo de comedia picaresca muy porteña, con chistes del momento, mujeres impresionantes, y particular elogio de la viveza criolla. Eso sí, por consideración a la censura, los hombres casi nunca lograban llevar a la mujer deseada hasta la cama.

Al mismo tiempo, y cortadas más o menos por las mismas tijeras, cada uno protagonizaba sus propias películas. Porcel llegó a escribir los libretos de dos de las suyas: «El gordo de América» y «El gordo Catástrofe». Pero en este caso esos títulos fueron puestos debido a la censura: los originales eran «El macho de América» y «El gordo Catrasca».

Gerardo y Hugo Sofovich, Hugo Moser, Oscar Basurto, y Oscar Viale fueron sus mejores libretistas. Ethel y Gogó Rojo, Susana, Moria, Graciela Alfano, Karen Mails, Leonor Benedetto, Naanin Timoyko, Susana Traverso, Adriana Aguirre, Patricia Dal, Reina Reech, Noemí Alan, Luisa Albinoni, Alejandra Aquino, Judith Gabbani, Mónica Gonzaga, Silvia Peyrou, Adriana Salgueiro y Sandra Villarroel, algunas de las bellezas que aparecieron en sus películas (y en el teatro de revistas, y/o en el programa televisivo «Las gatitas y ratones de Porcel»). También aparece Diego Maradona, en una escena de «Te rompo el rating», que fue la primer película de Porcel apta para todo público en mucho tiempo.

El resto es historia más o menos reciente. Que incluye la decadencia de esas producciones, la inesperada muerte de Olmedo, la disgregación de equipos, y la instalación de Porcel en Miami, donde puso un restaurante, «A la pasta con Porcel», directa alusión a uno de sus más exitosos programas televisivos, «A la cama con Porcel». De la cama a la pasta, luego a la experiencia de una actuación dramática en «Carlito's Way», de Brian de Palma, y la despedida de las cámaras en 1994, con el buen recuerdo de la Tota y la Porota. Y al final las otras experiencias, las de la enfermedad, el cansancio, y la religión. Las había dejado para la vejez, y las vivió a pleno, ya sin picardía.

Paraná Sedrós

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