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13 de febrero 2008 - 00:00

El público berlinés se reveló tanguero

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Miguel Kohan, director del documental producido por Gustavo Santaolalla, al que el público de Berlín le brindó inusuales «standig ovations».
Berlin - «Si cuando terminás de tocar un tango no sentís un estremecimiento imposible de explicar, mejor dedicate a otra cosa». La frase, tan categórica y excesiva como cualquiera otra de la mitología tanguera, la dice uno de los 18 músicos que participaron en el documental de Miguel Kohan «Café de los maestros», exhibido durante dos jornadas consecutivas en la Berlinale. Diferente, o no, esa misma sensación se derramó al final de ambas exhibiciones en el público alemán, que recibió la película con «standing ovations» no habituales en estas funciones.

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Desde luego, en cada una de ellas había una yapa que hizo subir el clima: con paso cansino, desde un lateral, tres de los maestros se llegaron hasta Berlín para tocarse unos tanguitos en vivo ante el público, que continuaba pidiendo bises hasta que ya no era posible por una cuestión de horario: Juan Carlos Godoy, el cantor; Aníbal Arias, a la guitarra, y Osvaldo «Marinero» Montes al bandoneón improvisaron un trío para un auditorio que, esta vez, no quería hacer preguntas y respuestas sino puro tango.

La película de Kohan, que tuvo su premiere mundial en Berlín con una primera copia recién editada, fue un proyecto de Gustavo Santaolalla (que se dio también el gusto de cantar a dúo uno de los tangos con Godoy), a partir de su producción de CDs con el mismo nombre que reunió, además de los citados, a Ernesto Baffa, Mariano Mores, Atilio Stampone, Horacio Salgán, Ubaldo De Lío, Virginia Luque, Luis Stazo y, entre otros, los ya desaparecidos Carlos García, José Libertella y la cantante uruguaya Lágrima Ríos.

Médico psicoanalista además de cineasta documental, Kohan dice a este diario que «mi especrimencialidad anterior, si en algo me ha ayudado, es a saber ' escuchar' de otra manera. Desde el comienzo de este proyecto, cuando me lo propuso hace cuatro años Santaolalla, entendíamos que la meta no era la realización de un show musical de tango, algo muy habitual, sino la posibilidad de extraer y reflejar en las imágenes, hasta donde se pudiera, eso que se conoce como la mística tanguera».

Kohan, que se formó cinematográficamente en Los Angeles, ciudad en la que residió durante muchos años, con profesores como Jorge Prelorán y el húngaro Gyula Gstaad, ya había encontrado antes en Rio de Janeiro su inclinación cinematográfica cuando, como psicoanalista residente, trabajó en el Instituto Pinel, donde existía un canal de televisión manejado por los internos («algo así como La Colifata, pero con lenguaje televisivo. Yo dirigí una investigación sobre la relación de la locura con los medios de comunicación»). Su amistad con el ganador del Oscar Santaolalla viene también de mucho tiempo atrás, cuando dirigió el videoclip sobre el tema «Perfume» para Bajo Fondo.

Inevitablemente, la crítica internacional no dejó de comparar «Café de los maestros» con «Buena Vista Social Club» de Wim Wenders, algo que no le gusta demasiado a Kohan. «Son películas de intenciones completamente distintas. Entiendo que por ser un film apoyado en la música, y que la edad de los maestros vaya de los 70 a los 90 años, lleve a esta comparación apresurada, pero sería lo mismo que decir que todos los films policiales son parecidos porque hay un y una investigación», se enoja un poco, y agrega: «El género musical es muy vasto, y sus producciones muy distintas entre sí. En todo caso, yo me siento mucho más cercano de una película como 'Latcho Drom', que cuenta la historia de los gitanos a través de la música».

Kohan relata algo no difícil de imaginar: la hora y media que dura el film no es otra cosa que el resultado de más de 300 horas de filmación, entrevistas y encuentros de toda naturaleza con sus protagonistas, hasta culminar en el concierto ofrecido por la Orquesta de los Maestros en 2006 en el Teatro Colón.

Ante una pregunta, dice que todos se avinieron con la mejor disposición a abrir sus casas y algunos de sus secretos ante su cámara. «Baffa terminó siendo uno de los más entusiastas», dice «aunque al principio me miraba con esa expresión típica de escepticismo porteño, como si me dijera '¿Pibe, qué es lo que querés hacer?'».

«Y para hacerlo bien», se entusiasma ahora Kohan «no quedaba otra posibilidad que compremeterse con la historia hasta el fondo. Vivirla.

Convivir con los maestros, familiarizarsecon sus sobreentendidos,sus gestos, sus silencios. Entender sus códigos. Si no, se corre el riesgo de lo que tal vez daba a entender Baffa: quedarse afuera. Antonioni era un director insospechable de tanguero, pero una frase suya se aplica exacta en este caso: 'hacer una película es vivir'. En este caso, para alguien que no es especialmente tanguero como yo (aunque después de esta película me estoy convirtiendo), tener la suficiente apertura como para saber escuchar, como decíamos antes. Y las sorpresas aparecen solas: recuerdo que una vez, viajando en taxi con una persona asociada al proyecto, hablábamos sobre la vigencia o no del tango en el futuro. Era una conversación puramente circunstancial, nada profunda. Cuando llegamos y yo pagaba el taxi para bajar, el conductor se dio vuelta y me dijo: 'Escúcheme, quiero que sepa algo. Mientras exista un tachero en este país, el tango seguirá vivo. Así que no se preocupe».

El film, cuyo lanzamiento será en mayo en Buenos Aires, tiene detrás fuertes capitales internacionales: están Pathe de Francia, Lita Stantic de la Argentina y el realizador brasileño Walter Salles como productor ejecutivo.

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