Mariana Rondón (derecha) y su productora Marité Ugas presentaron «Postales de Leningrado » en el Festival de Punta del Este.
Punta del Este - Presentado en el Festival de Cine esteño, el film venezolano «Postales de Leningrado» sorprendió al público por el tratamiento original y accesible de un tema riesgoso, relacionado con los niños hijos de guerrilleros. La propia autora del film, Mariana Rondón, vivió esa clase de infancia, y ahora la evoca a través de una niña que recibe misteriosas postales y juega a hacerse invisible. Dialogamos con ella y con su productora, Marité Ugas:
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Periodista: ¿Qué imagen le ha quedado de su padre, el guerrilero venezolano Pavel Rondón?
Mariana Rondón: La de alguien que se cambiaba el nombre muy seguido. También cambiaba de profesión y de domicilio. Yo, de esa época, lo que más recuerdo es el miedo. A los primos, a los vecinos, a mucha gente. Pero aclaro que ésta no es una película estrictamente autobiográfica. La mitad tiene que ver con mis recuerdos, la otra es fantasía, aunque, de algún modo, las fantasías también forman parte de la vida, dicen lo que uno es o quiere ser frente al mundo exterior.
P.: ¿Conoció otros chicos como usted?
M.R.: Por empezar, hubo pocos. Y a diferencia de lo ocurrido en el Cono Sur, cuando después de diez años de guerrilla se impuso la pacificación, lo que combatientes y familiares tuvimos fue el aprendizaje de no decir nada. «La libramos, así que mejor cállate». Además no había mucho de que enorgullecerse, porque aquello fue un fracaso. Reivindicar un fracaso no creo que tenga mucho sentido.
Marité Ugas: Sólo cuando iniciamos el rodaje de «Postales...» comenzaron a aparecer hijos de ex guerrilleros, inclusive gente que hacía años compartía el mismo trabajo.
M.R.: Es cierto, por ahí se decían «¿Y tú? ¡Y toda la vida conociéndote!» Yo hice un documental sobre eso, paralelo a la película.
M.U.: Una cosa muy chistosa, cuando empezamos a indagar, es que dos están en una revista de oposición, otro en un canal oficial y los demás en Miami, integrando las tribus del «tá barato». Lo mismo pasa con los propios ex guerrilleros. Uno, de apellido Petcoff, es líder de opinión de la oposición de izquierda, otros se pasaron a la derecha, y alguno que otro es funcionario público de menor rango.
P.: ¿Y cómo recibió la película el público común?
M.U.: Primero fueron los jóvenes, y volvieron, esta vez con sus padres, porque ese es un tema curioso que hoy nadie recuerda, ni la ven en la escuela, al punto que cuando la pasamos en Miami un grupo de venezolanos residentes en EE.UU. nos insultó diciendo que esa era toda una fantasía chavista, mientras que muchos en Venezuela consideran que la película es antichavista.
M.R.: La película fue polémica en extremo.
P.: Y el propio gobierno, ¿qué dijo?
M.R.: Por chismes, me han contado que hubo mucha discusión interna, si ese es el cine que se debe apoyar, o no.
M.U.: Es que el gobierno se montó su propia productora, que hace películas a su gusto y medida, y de pronto ésta, que costó siete veces menos, es un éxito con buena repercusión en taquilla, y buenos comentarios. Las de ellos no son tan eficaces.
P.: ¿Y Chávez la vio?
M.U.: Suponemos que todavía no, porque si no ya habría opinado. El opina sobre todo, y, en términos generales, si a Chávez no le gusta cómo está la cría de la anchoeta, pues, su personal se va a ver en problemas. Ya hemos visto cómo regaña a sus acólitos del gabinete por televisión, avergonzándolos en público. Pero nosotros somos una productora independiente.
P.: ¿Por qué hizo la película?
M.R.: Unos dicen que para espantar mis fantasmas, otros que como una forma terapéutica. ¿Terapéutica? ¿Habrá sido por eso? Yo misma no lo sé.
Dejá tu comentario