8 de noviembre 2007 - 00:00

Fontanarrosa, entre Demare y el "spaghetti western"

Liliana Romero, Norman Ruiz (animadores) y Mauro Lazzaro(músico), junto a una de las maquetas utilizadas para laanimación de «Martín Fierro».
Liliana Romero, Norman Ruiz (animadores) y Mauro Lazzaro (músico), junto a una de las maquetas utilizadas para la animación de «Martín Fierro».
Una utopía de Fontanarrosa fue concretada por una pareja ninguneada por la industria. Hace un año, Liliana Romero y Norman Ruiz vieron cómo su primer largo, «El color de los sentidos» se quedaba sin salas de estreno, avasallado por «El Código Da Vinci». Pero Fontanarrosa supo de ese «color» (basado en Quinquela y otros pintores), y los convocó rápidamente para «Fierro», adaptación para el cine de animación del clásico de José Hernández. Dialogamos con ellos, y con el músico Mauro Lazzaro, socio de ambos.

Periodista: ¿Cómo se incorporan ustedes a este proyecto?

Norman Ruiz: Un día nos visitaron los productores de Aleph y Maiz, les interesó nuestra forma de trabajar, con bajo presupuesto, y nos ofrecieron hacer un «Martín Fierro» en dibujos. Era pasar de una obra con dos copias a otra con 89 de salida. Pero, la verdad, aceptamos recién al saber que Fontanarrosa estaba detrás de esto. Y se integró al equipo como uno más.

P.: ¿Cómo fue la metodología de trabajo?

Mauro Lazzaro: Primero le mostramos una pequeña escena de un malón hecha con dibujos en el estilo suyo. Ahí nos dijo «Sé que no son mis diseños porque no se los di, pero se parecen tanto que nadie se va a dar cuenta. ¿Podrán mantener esa calidad?». Claro, si para nosotros era apenas una muestra de trabajo, una porquería en comparación con lo que pensábamos hacer. Apenas firmado el acuerdo, empezamos con la escena más difícil, que es la pelea con la partida, hecha bajo inspiración suya, de Lucas Demare y Sergio Leone con sus «spaghetti western».

Liliana Romero: Adoro las gauchescas de Demare. Pero lo más importante era que a Fontanarrosa le gustaran. Mandaba los diseños por mail, le llevábamos lo nuestro a Rosario, nos hacía anotaciones cuadro por cuadro, y así sucesivamente. Nos pedía que le mejorásemos las mujeres, porque él veía lo de otros artistas como algo maravilloso, pero pensaba que lo suyo no era tan bueno, sobre todo el dibujo de chicos y mujeres. «La Eulogia no va a dar en esta historia», nos decía. Alguien lo había acomplejado. «Tranquilo, que con la animación, moviendo las caderas, va a parecer sexy», le contestábamos. Y la escena del beso le gustó mucho.

N.R.: No podemos escapar a la belleza de esa escena. La animó Natalio Cyrulnik, que tiene sus tiempos. Tardó un mes, pero nos sorprendió con algo hermoso, porque pensábamos en un beso tipo película de los '50, y hace esa escena donde el criollo empieza besándole las manos. «Es la que le hace la comida, ¿cómo no le va a besar las manos primero?», decía Cyrulnik.

P.: ¿No aparece también el propio Fontanarrosa dibujado?

L.R.: Un planito, como un cameo, y en las bombachas lleva los colores de Rosario Central, chiste que nos autorizó con una suerte de «consentimiento silencioso». Para entonces la enfermedad se había agravado.

N.R.: Cuando lo conocimos, todavía dibujaba sin problemas. Después ya no podía cerrar los dedos del todo, y le regalamos un fibrón envuelto en goma espuma, pero la última vez que lo vimos ya no podía mover la mano. Se murió el mismo día que terminamos el primer corte.

L.R.: «Para mí es un sueño cumplido», nos dijo, porque tenía muchas ganas de hacer una película, y pudo hacerla, poniendo en ella su estilo.

M. L.: La discutió mucho. El primer guión, como pensado para chicos, le pareció muy blando. «Nos van a quemar todo, al libro de José

Hernández hay que respetarlo». El quería un drama de acción, con algún chiste ácido cada tanto, de esos que solo provocan media sonrisa. El siguiente guión ya era más oscuro, doloroso, y «políticamente incorrecto». «Si Fierro caza un animal, no es para practicar caza deportiva». Al comienzo nomás, vemos a Fierro armando un cigarrillo.

L.R.: Y en la pulpería, las mujeres beben. Entonces bebían en público, peleaban como hombres, no vivían protegidas en una cápsula como aparecen en las películas. Llegamos a poner una que agarraba a un indio de los pelos, pero la escena era demasiado larga y la cortamos.

N.R.: Y está el asesinato del moreno. Cierto que Fierro estaba borracho, pero igual es un asesinato, y provoca un dilema moral en el espectador. L.R.: El héroe de Hernández no hace el recorrido tradicional de otros héroes. Ama a su familia, es valiente, generoso, pero variable, se contradice, no siempre se entiende su comportamiento. Es argentino.

P.: ¿Y los demás héroes de esta producción?

N. R.: Desde los dibujantes (empezando por un chico que venía de un taller mecánico y era mejor que varios de Patagonik) hasta los actores que pusieron las voces, conducidos por Claudio Gallardou (con Juan Carlos Gené como el juez de paz).

M. L.: Yo viajé a Bratislava, donde hay un estudio de grabación de música de películas, con una orquesta sinfónica de 67 miembros especializados en ese trabajo. Otras partes las hice con artistas locales. Por ejemplo, para la muerte de un indio en la pelea, justo di con un músico de ascendencia indígena, que me contó acerca del espíritu que iba a buscar a los muertos, e interpretó ese momento con un sonido particular de un aerófono. Un solo sonido, pero que conmueve.

Entrevista de P.S.

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